DestacadoMade in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 61: Al borde del otro mundo. Un grito de coraje por el todo o nada.

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

Capítulo 61: Al borde del otro mundo. Un grito de coraje por el todo o nada.

El área era un campo de batalla triste y desolado. Gris y rojo a tono con la destrucción y soledad.

Ráfagas de viento ásperas y calientes barrían el polvo, y sin embargo parecía como si este nunca fuera a desaparecer del lugar. Pero, ¿realmente estaba abandonado?
No. Seis jóvenes, seis personas normales estaban ahí, enfrentándose solos a algo que los superaba como las olas de una tormenta a una pequeña balsa de madera.

El Pokémon (¿podía llamarse así?) que levitaba a una decena de metros de ellos se rodeó del mismo resplandor azulado que usó anteriormente para regenerar sus heridas, pero la luz era muy tenue, y palpitaba débilmente. Cuando acabó de recuperarse, su estado no parecía haber sufrido ningún cambio drástico; seguía teniendo la piel marcada con cortes y heridas de variadas gravedades. Pero claro, eso no le representaba impedimento alguno para acabar con un puñado de humanos, y ellos lo sabían muy bien.

Contempló las figuras de pie, opacas, magulladas y cansadas de los que fueron sus rivales. Eran completamente insignificantes, no eran nada, solo basura, y sin embargo… había algo… no podía definir exactamente qué, pero había algo en esas personas que lo inquietaba.

Apuntó la palma de su mano hacia el suelo, y este se levantó formando una ola que en segundos se alzó sobre el grupo. Se mantuvo así, como una bestia descomunal a punto de saltar sobre su presa, y se abalanzó sobre ellos, arrasándolos con toda la ira de la tierra.

Sin saber si habían pasado segundos, minutos, o incluso horas, Touji recobró el sentido con un violento estremecimiento; le faltaba el aire, apartó la tierra sobre él desesperadamente con sus manos, pero solo encontró más tierra. Continuó cavando hacia arriba, pero, ¿cómo podía estar seguro de que era así? ¿Qué tal si estaba tendido boca abajo y solo estaba sepultándose más? Ya al borde de un ataque de pánico, notó como su brazo atravesaba una última capa de tierra blanda y era acariciado por la brisa.
Consiguió desenterrase y se incorporó, luchando por liberar la pierna derecha de la tumba donde había estado a punto de perecer.

Una vez fuera, tosió y escupió tierra hasta creer que no terminaría nunca de hacerlo. Todavía sin recuperar el ritmo normal de su respiración, miró a su alrededor frenéticamente. Vio como Shin le tendía la mano a Rika, ayudándola a ponerse de pie, mientras que Hikari estaba acabando de desenterrase con ayuda de Harry y Reiko. Las piernas le flaquearon y se hincó sobre una rodilla.
Una vez que hubo recuperado el aliento, abrió la boca para decir algo, pero no tuvo la oportunidad; un viento ardiente les abrasó el rostro, seguido inmediatamente de una terrible descarga energética que los hizo volar por los aires. Touji solo sintió como aterrizaba sobre el lado izquierdo de su cuerpo, y un dolor terrible que acabó por generar un breve apagón en sus sentidos.

Se enderezó, solo para sentir como la superficie donde se encontraba se quebraba y hundía bajo su peso. La caída fue corta, pero aquello era más de lo que podía soportar. Tras un par de intentos fallidos se dio la vuelta, hasta tenderse de espaldas entre los trozos de madera carbonizada.

Miró lentamente hacia sus lados. Pudo ver a Harry a pocos metros, inerte, incluso distinguió el vapor de su respiración débil. Un poco más lejos divisó las figuras de Shin y Reiko, el primero protegiéndola con un brazo, parecía haberse llevado la peor parte del aterrizaje. Hikari se encontraba unos cinco metros más lejos, sin dar señales de vida.

¿Dónde estaba Rika? La buscó con la mirada, pero no la encontró. De cualquier manera no importaba: todos iban a morir.

Miró el cielo, turbio, oscuro, y sin embargo, las primeras señales de un amanecer extraño se dejaban ver.

Por algún motivo recordó el día en que salió del pueblo New Bark, y un asomo de sonrisa amarga se dibujó en su cara.

-“Quién diría que esto terminaría así…»

Pensó en varias etapas de su viaje, batallas contra los Gym leaders, contra el equipo Rocket, las capturas de cada uno de sus Pokémon… y también pensó en su hermano. ¿Dónde estaría ahora? ¿Qué estaría haciendo?

Recordó todos los problemas en los que se metió por diversos motivos; El incendio en el Parque Nacional, los Scyther que aterrorizaban Ecruteak, la tormenta en la ruta oceánica de las Whirl Islands, la escaramuza desesperada contra cientos y cientos de Sneasel en la Cueva de Hielo, la misión de rescate suicida en el faro de Bill, el entrenamiento en el Mt. Marfil…
Si había salido vivo de todas esas situaciones fue gracias a sus amigos, tanto humanos como Pokémon. Juntos habían logrado lo imposible, pero ahora era diferente, no había nada que pudieran hacer. Nada.

Por último, pensó en su padre, quien a pesar de ser tan poco demostrativo, sin lugar a dudas lo odiaría por haberse rendido tan fácilmente…

Se dispuso a esperar la muerte, pero entonces la escuchó:

-Touji…

Una voz débil, apenas un susurro, pero que el muchacho no tardó un segundo en reconocer; Rika lo estaba llamando.

Sacando fuerzas de quien sabe donde, se sentó de golpe, y vio una figura en la distancia. Enfocó la mirada con dificultad, y sus ojos se abrieron de par en par; Rika intentaba vanamente levantarse, mientras otra figura mucho mayor levitaba hacia ella como una peste mortal.

Una desesperación inmensa se apoderó de él, y en un instante, se sorprendió a sí mismo incorporándose. Estaba de pie. ¿Cómo era posible? Eso es lo que menos le importaba.

El primer paso fue el peor, sintió sus entrañas revueltas y sus huesos destrozados, creyó que iba a vomitar, pero no lo hizo. Dio otro paso, y la cabeza le daba vueltas. No importaba. Siguió avanzando hacia Rika, cojeando, tambaleándose, luchando por mantener el equilibrio. Con cada paso, escenas del pasado desfilaban frente a sus ojos.
Vio casi con claridad esa mañana, incluso oyó el canto de las aves. Esa misma mañana tranquila en el centro Pokémon de Cherrygrove, donde conoció a Rika, y un sinnúmero de momentos que pasaron juntos, momentos difíciles, momentos divertidos, combates… era como si las imágenes pasaran frente a él como diapositivas.

M11 extendió una mano hacia la chica, todavía a una considerable distancia de ella.

Touji se desesperó:

-“¡No voy a llegar!”

Tomó una piedra del suelo y se la arrojó al Pokémon psíquico con todas sus fuerzas, como era de esperar, esta rebotó inútilmente antes de tocarlo, pero la criatura bajó la mano.

Touji llegó con Rika y se inclinó a su lado.

-¡Rika! Aguantá, todo… todo estará bien -murmuró, obligándose a sonreír.

-Andate… te va a matar –dijo ella débilmente.  

-¡De ninguna manera!

-Por favor Touji, andate, no toleraría ver eso… no soportaría ver como…

-¡¡No!! ¡¡Voy a protegerte!!

-¡¡Por favor, andate!!

-¡¡NO!! –Gritó Touji, estrechándola con fuerza contra su pecho -¡¿NO TE DAS CUENTA DE QUE NO ME IMPORTA MORIR POR VOS?!

Rika se quedó helada, con los ojos azules muy abiertos. Entonces cayó en la cuenta… qué cruel había sido con Touji todo este tiempo. Se las había arreglado para ignorar sus sentimientos, había tratado de convencerse a sí misma de que solo era un capricho, de que esas tímidas demostraciones por parte de Touji no eran en serio. Lo había hecho sufrir mucho… pero… ¿Qué sentía por él en realidad?

El M11 comenzó a acercarse, despacio. Touji lo supo, pero no iba a soltar a Rika por ningún motivo.

Inesperadamente, algo se puso en el camino del Pokémon psíquico. Su entrenador reconoció su voz, a pesar de la distancia:

-Denkeshi…

El Raichu soltaba chispas amenazadoramente, aun cuando apenas conseguía mantenerse en pie. No entendía qué clase de Pokémon era ese que enfrentaba, con su mirada vacía y su poder sobrenatural, ni tampoco por qué quería dañar a Touji, pero no se lo permitiría.
Disparó una descarga eléctrica usando hasta la última gota de energía que le quedaba. Su objetivo la recibió con las manos, que si bien se le chamuscaron, parecieron aislar la electricidad del resto de su cuerpo.

Después simplemente dio un manotazo al aire, y Denkeshi salió despedido fuera de su camino, rodando por el suelo polvoriento. Touji apretó los dientes.

Antes de que la criatura psíquica pudiera seguir avanzando, una figura se alzó nuevamente frente a él, sucia y apagada, pero con débiles flamas aún agitándose en su cuerpo. Fijó sus pequeños ojos en M11, y sin ningún preámbulo, vomitó una espectacular llamarada, tan poderosa que era difícil de creer viniendo de un Pokémon en semejante estado. El ataque fue recibido de lleno, pero casi de inmediato perdió toda su fuerza, deshaciéndose hasta convertirse en finos listones escarlatas. Antes de que el Magmar pudiera atinar a lanzar otro ataque, el Pokémon psíquico fijó la mirada en él, y entumeció todo su cuerpo con su poder. Incapaz de moverse, Volco no pudo hacer nada para evitar la esfera de energía que se le vino encima.

-¡Volco! –gritó Touji angustiado, mientras veía a su monstruo comer tierra.   

Una sombra se cernió entonces sobre el M11, quien llegó a reaccionar a tiempo y se apartó hacia un lado justo cuando un ave de acero se arrojó sobre él. Moro pasó zumbando por su lado, se volvió y bombardeó a su blanco con una ráfaga de aire afilado. El Pokémon psíquico eludió cada uno de los ataques con destreza, y extendió ambas manos hacia la Skarmory. Esta fue expulsada hacia atrás por la fuerza mental, pero resistió y volvió al ataque, esta vez lista para asestarle su pico taladro. Una nueva onda de poder volvió a golpearla antes de llegar, con muchísima más fuerza. Moro no fue capaz de soportar aquello, y cayó como un peso muerto al suelo. Su entrenador cerró los ojos con fuerza.

-Estos Pokémon son muy insistentes…

Como invocado por esas palabras, Feraligatr emergió de entre una pila de escombros con un rugido atronador. Se sujetó un hombro y encaró al M11, escrutándolo con sus ojos amarillos. Tomó todo el aire que pudo y escupió una hidro bomba a toda potencia. El ataque de agua se detuvo en seco antes de llegar a la mano del monstruo psíquico, y salió disparado de regreso hacia Dandy, dándole en el pecho. El impacto impulsó al lagarto hacia atrás, pero este no tardó en recuperar la compostura y volver a atacar, ahora con un deslumbrante rayo de hielo. Para desgracia del monstruo acuático, el ataque fue repelido de la misma forma que el anterior, y el golpe no solo lo dañó, sino que lo congeló por completo. 

Pero la inesperada defensa de los humanos aún no se acababa: la figura esbelta de Sceptile se desplazó furtivamente a espaldas del Pokémon psíquico, con ánimo de darle un ataque sorpresa. Un último ataque sorpresa. No podía permitirse más, a su pesar. Sin embargo, abortó su estrategia al ver que la criatura estaba a punto de atacar a los entrenadores. Sacudió un brazo y una batería de hojas sable impactó sobre una esfera de energía violácea, provocando múltiples estallidos. Antes de que otro ataque fuera lanzado en dirección a Touji y Rika, Geroh-Kun se interpuso bruscamente, derrapando en la tierra.  

-Sal de mi camino –dijo el M11, casi con hartazgo.

Por supuesto que el reptil no tenía intención alguna de obedecer. Disparó media docena de drenadoras hacia su blanco, pero estas fueron fácilmente repelidas. Frustrado, el Pokémon hierba decidió atacar con artillería pesada; incontables dagas vegetales cortaron el aire en una sola dirección, pero a sabiendas de que no le quedaba mucha energía para usar un escudo, la criatura psíquica las eludió con maestría y en instantes estaba sobre Geroh-Kun, sacudiéndole un veloz puñetazo. El Pokémon hierba voló por los aires hasta aterrizar con contundencia.

Ya no había resistencia, o eso creyó Touji, pero, ¿cómo pudo olvidar a quien siempre lo sorprendía en los peores momentos?

Un pisotón en el suelo abrió una grieta que obligó al Pokémon psíquico a dar un salto hacia atrás y ponerse a levitar.

Kosuke dio un paso al frente, parándose entre su amo y el M11. Rugió con todas sus fuerzas, en una demostración de que aún le quedaba suficiente fuerza para pelear. Pero estaba en pésimas condiciones, su armadura estaba muy castigada, y en particular, el hombro que había sido sujetado por el Pokémon psíquico durante su último ataque estaba destrozado.

-Otra vez… ¿Nunca te rindes, cierto?

Como toda respuesta, el Tyranitar hizo rechinar los dientes y descargó una avalancha, demasiado lentamente. M11 surgió frente a él, fue a darle una patada en el flanco derecho. Sin embargo, Kosuke reaccionó y la bloqueó con el brazo. El choque provocó un ligero temblor.
Pero la defensa del titán de roca no fue suficiente para detener la ofensiva; el Pokémon psíquico fue a patearlo con la otra pierna en el lado desprotegido. Para su sorpresa, este ataque también fue bloqueado. 

Por un instante pareció leerse una expresión furibunda en el extraño rostro de la criatura, pero de inmediato le sacudió un terrible cabezazo. A pesar de la constitución rocosa de Kosuke, el golpe fue terrible. La bestia de Touji retrocedió, con la vista nublada.
Parpadeó un par de veces hasta volver su visión a la normalidad, pero en ese lapso le fue ametrallado el rostro a puñetazos, y la lluvia de golpes no paraba. No hasta que el dolor del monstruo psíquico lo obligó a hacerlo:

Las enormes mandíbulas de Kosuke se habían cerrado como una trampa mortal alrededor de su brazo. La fuerza con la que presionaban era abrumadora.

Kosuke subió sus pupilas hacia los ojos del M11, “Despedite de tu brazo” parecía querer decirle con la mirada.

La idea no le hizo gracia al agredido, porque alzó su mano libre frente a los ojos de Kosuke, y chispas negras bailaron entre sus tres dedos. Era una advertencia muy clara de que volvería a emplear ese devastador ataque desconocido. El Tyranitar soltó a su rival y se apartó antes de que su mano hiciera contacto con él.

Lento, muy lento.

El M11 lo tomó de un brazo y lo arrojó por sobre las cabezas de Touji y Rika. El aterrizaje fue estruendoso.

No pasaron muchos segundos para que su amo escuchara con claridad a su bestia incorporarse tras él. Su respiración forzada y húmeda también se oía a la perfección. No podía más.

-Está bien, Kosuke… descansá amigo –murmuró su maestro, conteniendo las lágrimas.

Como si esas palabras lo hubieran liberado, el Tyranitar se desplomó pesadamente de espaldas.

El juego había acabado.

El Pokémon psíquico se acercó hasta estar a tan solo diez metros de ambos entrenadores. El brazo mordido por Kosuke sangraba profusamente, pero no parecía importarle, ni siquiera se molestó en regenerar la herida. Tal vez ya no podía hacerlo.

-Esta vez… esta vez nadie va a…

-¡Te equivocas, basura!

El grito sobresaltó tanto a los humanos como al monstruo. Este volvió la cabeza hacia donde provenía la voz. En las alturas, la maltratada figura de Pidgeot se perfilaba en el cielo turbio. Sobre su lomo se encontraba Shin-Tao.

-Chino, qué locura… -empezó a decir Touji.

La mirada de Shin lucía una determinación extraña. Rika abrió mucho los ojos, con una sombra oprimiéndole el pecho.

El ave comenzó a adquirir un brillo rojizo, y sus plumas pardas parecieron encenderse con un fuego etéreo. Las deflagraciones se intensificaron, hasta que el Pidgeot parecía estar enteramente compuesto de llamas. Su brillo dañaba la vista.

-Y con esto… -Shin miró fugazmente a Touji, para después volver a fijar la vista en el M11 –Queda saldada nuestra deuda, pendejo. 

La misma sombra que hería a Rika se apoderó por completo de Touji, quien solo atinó a gritar;

-¡¡Chino pelotudo, ni siquiera lo pienses!!

Tanto el entrenador como su halcón profirieron un grito de batalla cargado de coraje mientras se arrojaban hacia el monstruo psíquico.
Una bola de fuego, un cometa, sus figuras no podían ser descritas de otra manera.

Todo lo que Touji pudo ver fue un intenso fogonazo de energía que se extendió como una esfera de luz alrededor de su ejecutor. Shin y su Pidgeot desaparecieron entre toda esa brillantez.

-¡¡¡NOOO!!! –Gritó el entrenador con todas sus fuerzas -¡¡¡HIJO DE PUTAAAA!!!

Todavía sosteniendo a Rika, Touji apretó los dientes, luchando por contener las lágrimas. No lo consiguió, y comenzaron a aflorar inexorablemente.

-Imbécil… por qué… por qué tenías que hacerlo… -masculló, furioso. Rika sollozaba débilmente. Aún en su estado de semiinconsciencia, sabía lo que acababa de ocurrir.

El M11 volvió la cabeza nuevamente hacia Touji, quien lucía en su mirada un odio inimaginable. El Pokémon lo observó unos instantes con extrañeza.

-¿No vas a perdonarme? ¿Me matarás?

Lejos de sorprenderse de que la criatura haya leído sus pensamientos, Touji volvió a la realidad. Vio a Rika, débil, con lágrimas en sus ojos.
Shin había muerto para salvarlos, para darles una última oportunidad. Él también debía hacer algo. Salvaría a Rika a toda costa. Entonces recordó algo, le habló, en voz baja:

-“Yo nunca voy a permitir que nada malo te pase” –dijo -¿Te acordás de esa noche, en el techo del centro Pokémon de Blackthorn?

Rika lo miró con asombro, y aquella noche estrellada pareció dibujarse lentamente frente a sus ojos, como un bello mosaico.

-Dije que te protegería, y ahora es tiempo de hacer valer esa promesa –Y sonrió.

-No… por favor… -nuevamente, lágrimas cristalinas comenzaron a rodar por su cara. No podía perder a Touji también, no a Touji.

-No llores, no puedo soportar verte llorar… -le sonrió nuevamente, y la dejó con cuidado en el suelo –Todo estará bien, no tenés que preocuparte por nada, te lo aseguro.

Se incorporó, encarándose al M11, quien observaba con aparente curiosidad, casi con interés.

-Ustedes son realmente extraños –comentó -¿Y qué piensas hacer ahora, humano? ¿Cuánto tiempo crees que podrás soportar?

-¡Soportaré todo lo que sea necesario! –gritó, esforzándose porque su voz no se quebrara. Tenía miedo, muchísimo miedo, jamás había tenido tanto en su vida, pero aun así nada haría que se moviera de su lugar.

¿De verdad? ¿Vas a soportarlo todo? Interesante… será interesante ver hasta donde puedes llegar.

El Pokémon señaló a Touji, y la punta de su dedo salió disparado un finísimo rayo negro, como un hilo de oscuridad, que perforó el hombro izquierdo de Touji como una aguja ardiente, provocándole un dolor que lo sacudió entero. El chico soltó un quejido, pero no gritó. Apretó los dientes y subió la mirada hacia M11, desafiante.

Este, inexpresivo, disparó nuevamente, esta vez el ataque rozó su cara, dejándole un tajo alargado. El entrenador no se movió.

Otro rayo sombrío le perforó una rodilla antes de que pudiera prepararse para recibirlo, su pierna se dobló, pero Touji no tardó en incorporarse, lágrimas de dolor eran contenidas en sus ojos. El monstruo se encargó de castigarlo con tres ataques consecutivos; el primero en el otro hombro, el segundo en una pierna, y el tercero en el estomago. Este último le provocó un dolor insoportable. No tardó en comenzar a ver borrosa la siniestra figura del M11. No podía seguir resistiendo. No podía salvar a Rika. ¿De qué servía lo que estaba haciendo? De cualquier manera, el desenlace era inevitable.

El mundo frente a él se volvía negro, ya no podía sostenerse en pie.

-“Perdon Rika… Chino, todos… lo siento, pero… ya no puedo más…”

Ya no vio la figura de esa despreciable criatura. Caía.

Pero la caída se interrumpió antes de lo previsto. Alguien sostuvo a Touji de los hombros. Este abrió los ojos débilmente.

-Peleaste bien, Touji… -dijo una voz serena a sus espaldas –peleaste bien. Ahora es mi turno.

-¿H-hermano…?

Pudo ver fugazmente como un dragón anaranjado se arrojaba sobre el M11, y una serie de otras bestias lo rodeaban y comenzaban a atacar con todo su arsenal.

Le pareció ver una extraña bestia metálica, de brillante armadura y rostro de pesadilla, era un Aggron, pero Touji no lo supo de inmediato. 

Vio también al Venusaur más imponente de cuantos había encontrado en su viaje: Sus docenas de cepas buscaban incansablemente sujetar a su objetivo. Después vio otra criatura como no había visto en su vida, bípeda y de color azul, pero de innegables habilidades de tierra, a juzgar por el increíble terremoto que desató con solo hundir un pie en el suelo. 

El monstruo que estaba ubicado detrás del Pokémon psíquico fue fácilmente reconocible; un enorme cruce entre un oso y un gato, de barriga redonda y osamenta pesada: Snorlax. El componente final del equipo no era otro que aquella criatura esbelta, de largos bigotes y mirada irradiante de poder. El Pokémon que tantos problemas le había causado a Touji; Alakazam.

El muchacho, aún en su deplorable estado, procesó los datos rápidamente en su cabeza;

-“Smaug es un demonio, y si los demás son igual de poderosos que ese Alakazam, esta batalla está decidida… ¡vamos a ganar!”

Y los hechos parecían corroborar sus pensamientos; aquellos Pokémon realmente estaban haciendo sudar al M11.

El anfibio azulado (que no era otra cosa que un Swampert) escupió un poderoso torrente de agua lodosa, que en conjunto con una ráfaga de hojas disparadas por Venusaur avanzaron hacia un cansado M11 arrasando con todo a su paso.

Demostrando estupenda coordinación como grupo, los Pokémon que no atacaron se apartaron del camino dejando el paso libre a los agresores. 

El M11 calculó cada detalle con perfección; desvió la corriente de hojas navaja hacia Swampert. Y justo cuando sentía en la nuca el aliento caliente de Charizard, lo aferró de la muñeca, lo inmovilizó con una llave y usó como escudo para bloquear el torrente de agua lodosa, que estalló de lleno sobre el cuerpo ardiente del dragón.

En el suelo, Alakazam no se había demorado en interponerse entre las hojas navaja y su compañero acuático, desplegando una efectiva pantalla de luz en torno a ambos. En el segundo de distracción que le había tomado al M11 notar esto, la cola de Smaug le azotó la espalda, forzándolo a soltarlo. Empapado y deseoso de venganza, el dragón no tuvo mejor idea que morder la cabeza de su agresor, y sin soltarlo, emanó desde lo más hondo de su garganta una llamarada devastadora. La fuerza del ataque impulsó al Pokémon psíquico lejos del Charizard. Su cabeza humeaba.

-Pero qué animal… -murmuró Touji. Tras la aparición de su hermano, de alguna manera se había visto obligado a reponerse, de pie sólo porque no soplaba el viento, pero de pie al fin. Kosuke estaba parado a su lado, y sin embargo, no se atrevía a hablarle, era una situación extraña.

El M11 se posó en el suelo, con el rostro ardiendo a causa de las quemaduras. Fue una pésima idea, porque ni bien estuvo a su altura, Aggron barrió su cola iluminada con un fulgor metálico. El Pokémon psíquico no tuvo dificultad en evadirlo; la bestia de acero y roca no destacaba por su velocidad, aunque la fuerza del ataque dejó un cráter en la tierra. Snorlax intentó un golpe de cuerpo, pero también falló. 

-Alakazam, poder oculto –ordenó Kosuke, por primera vez desde que comenzó la lucha.

El Pokémon cruzó sus cucharas, que emitieron un deslumbrante destello. El M11 se impulsó a gran altura para evitarlo, ya que sintió las propiedades tipo siniestro del ataque. Entonces ocurrió algo espectacular: Gruesas raíces emergieron de la tierra con un estruendo, se enrollaron como serpientes primero alrededor de sus piernas, y luego de todo su cuerpo, y antes de que el agredido pudiera intentar liberarse, espinas filosas como dagas surgieron de las raíces, clavándose sin piedad en su cuerpo.

Touji estaba boquiabierto. El ataque indudablemente había sido del Venusaur, pero nunca había visto un ataque de hierba como ese.

-Planta feroz –dijo Kosuke sin apartar la vista de la escena, respondiendo a la pregunta de Touji antes de que éste la formulara.

El resto de las bestias iniciaron su más encarnizada ofensiva; Smaug disparó su más poderosa llamarada, Snorlax y Aggron combinaron sus hiper rayos, Swampert una hidro bomba, y Alakazam nuevamente su poder oculto. Explosión, una inmensa explosión.

Touji se paró frente a Rika, quien estaba incorporada a medias, para protegerla de la onda expansiva. 

El humo se despejó, y vieron a M11 un instante antes de que cayera; estaba hecho polvo, riachuelos de sangre se escapaban de sus heridas, la criatura escupió más sangre, como si no fuera suficiente con la que manaba su cuerpo. Cayó, a pesar de todo, agachado, se resistía a dejarse vencer.

-Maldición… -dijo Kosuke, sin cambiar su mirada serena.

-¡No es posible! –gritó Touji.

-¿Es que acaso no hay una manera de vencerlo? –musitó Rika, ahora poniéndose totalmente de pie.

¿Cuántas veces tengo que decirles que no pueden derrotarme? –M11 se secó la sangre de la boca con el dorso de la mano. Las marcas de las espinas de Venusaur llamaban la atención, sobre todo en sus piernas –Los mataré… a todos.

Apuntó una mano hacia donde estaban Swampert y Alakazam y los estrujó por dentro hasta que desfallecieron. El siguiente blanco fue Snorlax, a quien comenzó a estampar contra el suelo una y otra vez, y luego lo arrojó sobre Venusaur. Este comenzó a quitárselo de encima con sus cepas, pero ni bien se liberó, recibió una descarga psíquica que lo tumbó panza arriba.

A pesar de estar cada vez más débil, los ataques del monstruo psíquico parecían volverse cada vez más brutales y poderosos, tanto que ni siquiera los Pokémon de Kosuke podían tolerarlos.

Aggron fue la siguiente víctima: su armadura fue bombardeada sin piedad hasta caer en pedazos, y después fue rematado con una última esfera de energía. 

Smaug era el siguiente y lo sabía. Aún así voló a toda velocidad hacia su enemigo. Sin dejar de vomitar flamas, eludió con rápidos giros cuantos ataques le fueron disparados, y tentó su suerte sumiéndose en una lucha cuerpo a cuerpo con el M11. La lucha fue muy corta: tras cansarse de arrearle puñetazos en el estómago, sujetó al Charizard por la cola y lo arrojó directamente sobre el mermado grupo de entrenadores. Kosuke saltó con agilidad hacia atrás, mientras que Touji se las arregló como pudo para sacar a Rika de ahí antes del impacto.

Al aclarárseles el panorama, vislumbraron al dragón de fuego sobre el suelo destrozado a unos pocos metros delante de ellos, inerte.

Kosuke, quien parecía haber sido el blanco principal del ataque, estaba ileso, pero no por mucho tiempo; furioso con su intromisión, el M11 se encargó de atacarlo directamente haciendo levitar un enorme trozo de lo que parecía ser un muro, y arrojarlo velozmente sobre él. No tuvo tiempo de reacción alguna, y fue golpeado de lleno, yendo a parar a una pila de escombros.

-¡Hermano! –gritó Touji volviéndose hacia la zona del impacto. A pesar de todo, a pesar de no entender los motivos de su hermano, a pesar de todo lo que los había hecho sufrir anteriormente, ahora los estaba ayudando, Touji se sentía muy confuso.

-Me cuesta creer esto… humanos patéticos sacrificándose para salvar a otros… pero eso no quita que sean basura. Basura inservible que me encargaré de erradicar de este mundo… -se detuvo, al parecer, para recuperar el aliento, señal inequívoca de que la criatura estaba rozando sus límites de resistencia –No importa cuánto se resistan… los voy a matar a todos, a ustedes, y a sus criaturas.

-No es cierto –dijo una voz cansada pero decidida. Touji y Rika volvieron la cabezas. Harry se unía a ellos, caminando lentamente –No sos capaz de matar un Pokémon. 

Una sombra imponente se cernió sobre sus cabezas, Aerodactyl, muy cansado, secundaba a su amo.

¿Qué?

-Si realmente quisieras hacerlo ya lo habrías hecho desde hace tiempo –continuó el chico.

Touji y Rika lo miraron con asombro.

-Tiene razón –dijo esta vez Hikari, a sus espaldas se alzaba la figura de un enorme dragón amarillo, que caminaba con ella irradiando decisión de su mirada –No podés matar a ningún Pokémon, porque gracias a ellos… estás vivo, ¿cierto?

El silencio y la expresión del M11 no parecían hacer más que confirmar la veracidad de las palabras de Hikari.

¡¿Como te atre… -comenzó a estrellar las palabras con violencia en sus mentes, pero fue interrumpido;

-Jeh… eso lo explica todo… ahora entiendo… -otra chica avanzó hacia el grupo, sujetándose el hombro. A su lado, con su semblante de dignidad y fortaleza, caminaba Harusame el Scizor.

-¡Reiko! –gritaron Touji y Rika al unísono, la chica sonrió y dirigió sus intensos ojos al M11.

-Las cosas tienen sentido ahora… ¿Fue por eso que intentaste razonar con Mirage en lugar de eliminarlo? ¿Fue por eso que no atacaste el laboratorio? Hay algo que te impide matar a un Pokémon… incluso cuando ibas a hacerlo con Cindy, te detuviste… explica eso, si es que podes.

El M11 apretó los dientes.


-No puede explicarlo –dijo una voz fría.

Esta vez todos se volvieron. Entre el polvo vieron la figura de alguien acercándose; caminaba de manera irregular, y a su lado se divisaba otra silueta, muy pequeña. En pocos segundos pudieron distinguirlas en su totalidad; alto, sombrío, larga trenza negra…

-¡¡Shin!! –gritó Rika con alegría. Los demás no cabían en su asombro, sobre todo Touji. Estaba seguro de que había muerto en aquel devastador estallido de luz, pero ahí estaba, como un fantasma… Reiko era la única que parecía no haberse sorprendido.

El muchacho se unió al grupo, aferrándose un costado con una mano, todos pudieron ver claramente como la sangre se escapaba por entre sus dedos y dejaba un rastro en el suelo. Su fiel Sneasel seguía junto a él, como siempre.

-Estás… -comenzó a decir Touji, en tono lúgubre.

-No voy a morir por algo como esto… -cortó él. Subió los ojos ambarinos hacia el monstruo psíquico –fueron los Pokémon los que te ayudaron a sobrellevar tu cautiverio, y de alguna manera su presencia te empujó a seguir viviendo… es por eso que estás en deuda con ellos, no podés matarlos…

Las fuerzas se le acababan junto con el oxigeno, estaba muriendo…

Pero ellos no lo dejaron, esos seres hechos de luces… esas criaturas… querían que sobreviviese…

-“No te rindas” le habían dicho…

El M11 se sujetó la cabeza con ambas manos y cerró los ojos, demostrando por primera vez que tenía párpados para proteger esos ojos blancos y vacíos.

¡¡Silencio!! –gritó en sus mentes, y los seis entrenadores tuvieron que sujetarse las cabezas también –Ustedes no tienen derecho alguno de cuestionarme, quienes van a desaparecer de esta tierra no pueden hacer alegato alguno… ¡¡Mueran!!

Disparó una enorme esfera energética que tomó a todos desprevenidos. El ataque parecía definitivo, pero dos sombras, una pequeña y una inmensa, se interpusieron.

-¡¡Charly!! –gritó Rika.

-¡¡Kosuke, aguanta!!

La esfera terminó por ser absorbida por las criaturas, gracias a las cualidades de sus tipos siniestro. Kosuke estaba de regreso. No importaba cuánto daño había recibido, no flaquearía ahora que debía afrontar el último combate junto a su amo. El Umbreon y el Tyranitar adoptaron una vez más, una última vez, postura de combate.

-Esto se pone interesante… -la voz serena del hermano de Touji alertó a todos, Shin se puso en guardia.

-¡No! –Intervino Touji –Aún no… no es el momento…

Smaug abrió los ojos al oír la voz de su maestro, se incorporó sin demora y fue a su lado.

-Ahora es momento de pelear todos juntos, si dudamos no vamos a poder hacerlo… -dijo Rika con su sabiduría usual.

El M11 parecía cada vez más furioso, mientras que esos despreciables humanos parecían cada vez más decididos a pelear y ganar. Cada uno acompañado de su más fiel monstruo, agotados, débiles, pero listos para la batalla final, todo o nada. Era vencer o morir.

Los miró a todos, uno a uno, con una expresión cada vez más alterada. La calma que había mostrado durante toda la lucha se había evaporado del todo.

¿Por qué lo hacen? ¡¿Por qué?! –Gritó –¡¿Por qué se levantan y resisten después de todo?! ¡¿Por qué no caen y mueren?! ¡¿Por qué siguen luchando y protegiéndose unos a otros?! ¡¿Por qué parece no importarles morir para salvar a alguien más?!

-No podés entenderlo… -dijo Rika -esos sentimientos te son desconocidos… porque lo único que conociste es el odio, el rencor, el miedo…  

-Pero… no es demasiado tarde –dijo Harry, con un intento de sonrisa –Todavía es posible, todavía podés…

¡¡Cállense!!

Juntó ambas manos, formando entre ellas aquella pequeñísima canica de energía palpitante que había intentado emplear al principio de la lucha, y que la oportuna intervención de Meganium interrumpió. Como esa vez, todo sonido se esfumó, quedando la zona en el más perfecto y abrumador silencio. El miedo llegó a continuación, un miedo que les oprimía el alma. Pero no los detendría, esta vez no.

-¡¡¡AL ATAQUE!!! –gritaron los seis jóvenes, y sus bestias rugieron como nunca, quebrando ese silencio antinatural. Kosuke se limitó a señalar al Pokémon psíquico, y su Charizard se unió a la lucha.

El M11 arrojó su diminuta esfera de energía.

Smaug la interceptó con un espectacular pilar de fuego, lo cual detuvo momentáneamente su avance, pero no era suficiente; el dragón comenzaba a retroceder, necesitaban mas poder. La ayuda llegó rápido; Dragonite y Tyranitar, hombro con hombro, dispararon sus más increíbles hiper rayos, con tal poder que su resplandor cegó a todos momentáneamente.

El ataque combinado deshizo la llamarada de Smaug en su camino, para después impactar con furia sobre el mortal ataque enemigo. La esfera diminuta vibró durante unos instantes ante la resistencia que ofrecía el doble hiper rayo, y finalmente se fundió entre toda esa energía.

Sneasel, Umbreon, Scizor, y Aerodactyl atacaron directamente al M11.

Estaba realmente hecho trizas, era impensable que ganara, impensable… pero entonces se llenó de energía, sacada de quien sabe donde, y creó un campo de fuerza que arrojó a las siete criaturas hacia atrás.  

-¡¿Qué?! –gritó Touji, atónito. Su Tyranitar dio un sonoro puñetazo a la barrera, pero solo consiguió ser repelido dolorosamente por ésta.

Siguen sin entenderlo… nunca voy a perder con un puñado de humanos miserables y sus bestias que los siguen ciegamente como esclavos… no voy a perdonarlos… los humanos creen que pueden decidir por sobre la vida de los demás seres, creen que tienen derecho a decidir quién vive y quién muere, quién vale la pena que continúe en este mundo y quién no… Creen que pueden ser dioses… ¡¡Pero no son más que insectos miserables!!

Touji lo miró a los ojos, a esos ojos blancos y siniestros que, por primera vez, no le provocaron miedo. Le habló, con una calma y seriedad que no eran propias de un momento tan desesperado como ese:

-¿Y acaso no es precisamente eso lo que has estado haciendo hasta ahora?

La bestia bajó un poco los brazos, sin debilitar su barrera. Perplejidad auténtica podía leerle en su rostro anguloso y magullado. 

-Nos acusas de juzgar a otras especies y jugar con la vida, pero te comportas de la misma manera que los humanos que desprecias. -dijo Reiko.

-Sos un verdadero hipócrita –remató Shin.

¡¡Mentira!! ¡Yo voy a limpiar este planeta de la especie humana que solo sabe hacer daño!

-¿Y quién sos vos para decidir qué es lo mejor para la tierra? ¿Crees que el mundo puede ser salvado con una matanza monstruosa como la que tenés pensada? –le cuestionó agresivamente Hikari.

-No tenés ningún derecho a decidir sobre las vidas de los demás… -dijo Harry.

-Es por eso que… vamos a derrotarte ahora –finalizó Touji.

Pero el M11 parecía haber perdido por completo su concentración. Se sujetaba la cabeza y temblaba con violencia. En las mentes de los entrenadores resonaban murmullos entrecortados.

Se… se equivocan… yo voy a liberar a todos los Pokémon de los malditos humanos… ellos se equivocan…

De pronto recuperó la compostura y alzó la cabeza hacia el grupo. Su mirada irradiaba luz fulgurante que dañaba la vista, de un rojo intenso. Su aura, usualmente violácea, se volvió roja también, y ardía con una nueva fuerza. El monstruo irradiaba poder de sus poros, y estaba dispuesto a usarlo todo para deshacerse de ellos.

Una vez más juntó ambas manos, pero esta vez las alzó sobre su cabeza, y la energía comenzó a reunirse en ellas, energía, para su sorpresa, completamente blanca y deslumbrante. Con solo verla lo supieron, iba a utilizar su máximo ataque, algo de lo que si no actuaban de inmediato, no tendrían oportunidad de sobrevivir.

-¡Kenji, Hiper rayo!

-¡Bola sombra Charly!

Ambos ataques colisionaron con estrépito, para sorpresa de ambos entrenadores, sobre el campo de fuerza creado con anterioridad, sin llegar a tocar a su objetivo. Era evidente que la barrera iba a protegerlo hasta que haya finalizado la carga de su ataque.

-Mierda, nuestra única oportunidad de atacar va a ser cuando él mismo nos ataque… -dijo Touji.

-¿Sugerís que tenemos que esperar a que nos revolee esa cosa para atacar? –preguntó Harry.

-¡Es una locura, nos va a matar antes de que podamos hacer algo! –saltó Hikari.

-¿Qué otra opción tenemos? –dijo Rika, y con la mirada señaló hacia las manos del M11, donde una cantidad monstruosa ya estaba reunida.

-Hay que atacar con todo en ese momento… es nuestra única oportunidad. -dijo Reiko.

Los siete se pusieron en guardia, con sus siete compañeros delante de ellos, formando una barrera lista para atacar hasta desfallecer.

Touji y Tyranitar, Rika y Umbreon, Harry y Aerodactyl, Reiko y Scizor, Hikari y Dragonite, Shin-Tao y Sneasel, y finalmente, Kosuke y su Charizard.

No se miraron entre ellos. Todos tenían la vista fija en la bola de energía blanca en las manos del M11, quien seguía con los ojos rojos. 

-Pase lo que pase… -dijo Touji, sin despegar la vista de aquella bola luminosa –Quiero que sepan que… va a ser un honor morir con ustedes.

-Cursi de mierda –soltó Harry.

Kosuke abrió la bocaza y cargó sin demora el mayor hiper rayo de su vida, Haku hizo lo propio, al igual que Kenji.

Oni y Charly prepararon sus mejores bolas sombras. Harusame iluminó ambas tenazas con un brillo verdoso, iba a usar su polvo de plata. Smaug simplemente inhaló y se preparó para derretir todo lo que tuviera enfrente.

El M11 bajó la mirada hacia ellos, la bola de luz en sus manos palpitaba con furia.

Ya no estaba seguro de que lo que hacía era lo correcto. Ya no estaba seguro de que todos los humanos eran basura despreciable. Pero ahora no importaba, nada importaba. La arrojó.

Una milésima de segundo más tarde, los siete Pokémon a la defensa dispararon, escupieron, y arrojaron sus ataques con hasta la última gota de fuerza que moraba en sus espíritus. 

Las técnicas combinadas generaron un poder que no era de este mundo, y chocaron con toda su fuerza contra la inmensa bola de luz.

El suelo temblaba y se agrietaba. Los entrenadores, a pesar del resplandor cegador, no podían quitar la vista de aquel pulso de poderes. Sus vidas dependían de que los ataques de sus monstruos fueran capaces de contener y repeler esa mortal correntada de luz. Por unos instantes la lucha se mantuvo pareja, pero pronto la ventaja del ataque del M11 fue notoria. Los Pokémon intentaban mantenerse al nivel, pero era demasiado poder para ser detenido, demasiado, y estaban tan cansados… sus ataques se volvían irregulares, mientras que la esfera blanca avanzaba con firmeza. Las flamas de Charizard desaparecieron, lo que provocó que el ataque de su enemigo avanzara otro trecho.

Esa bola de luz blanca ya estaba prácticamente sobre ellos. Touji se paró frente a Rika, Shin frente a Reiko, y Harry frente a Hikari. Pero no serviría de nada, iban a morir, todos ellos. 

La luz era demasiado brillante, ya no podían ver nada. Touji entrecerró los ojos, y lo vio, con completa claridad: Kosuke, a lomos de su Charizard, se interpuso entre él y la esfera que lo hacía parecer diminuto. Vio como el dragón expulsaba, en un último y desesperado intento, la totalidad de sus poderes de fuego.

Y entonces no vio nada más, solo oyó un agudo zumbido, y una explosión se desató, sin duda, la mayor que había presenciado en su corta vida. Luego lo golpeó la onda expansiva, y todo se volvió negro.

El zumbido se reiteró con fuerza, hiriendo su cabeza como una aguja. Pronto sintió unos leves golpes en la cara y abrió los ojos.

-¿Estás bien? –era Rika quien lo había despertado, cachetadas mediante. Se la veía tan débil, tan cansada…

Touji se sorprendió sentándose, la explosión no le había hecho tanto daño como supuso en un principio, pero el dolor de las costillas lo atenazó sin piedad.

-Qué… ¿Qué pasó? –Atinó a preguntar -¿y los demás? –agregó, esta vez, con un inconfundible tono de desesperación.

-Estamos acá –dijo Harry, sentándose sobre una saliente del suelo.

Touji miró hacia atrás, ahí estaban también Hikari y Reiko, y un poco más rezagado, Shin. Todos tenían un aspecto lamentable.

-¿Dónde está mi hermano? Y el M11, ¿Qué pasó con él? –gritó Touji, poniéndose a duras penas de pie.

-Sabemos lo mismo que vos… -dijo Rika en voz baja –la única razón por la que estamos vivos es porque tu hermano se interpuso en el camino de ese ataque… y después los Pokémon nos protegieron de la explosión…

-Los Pokémon, Kosuke… -Touji miró a su alrededor, y entre los escombros y la gruesa capa de polvo, fue divisando a cada uno de los monstruos, inertes, exceptuando a Charizard. Su monstruo tenía que estar bien, Kosuke no iba a morir por eso, de ninguna manera.

Fue entonces cuando lo vio, un poco más lejos: una figura pálida yacía en el suelo, tendida de espaldas. Lo bañaba su propia sangre y la misma capa de polvo que cubría a los demás. Sus ojos blancos e inexpresivos seguían abiertos, fijos en el firmamento. Estaba vivo, pues su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración débil.

Todos los demás se acercaron a Touji para verlo bien, era el M11.

Lentamente, subió una de sus manos huesudas hacia el cielo polvoriento. Un diminuto punto de luz roja apareció en éste, y pronto otros más lo siguieron. Comenzaron a bailar y moverse, intentando tomar la forma de algún Pokémon… tal vez de alguno de los Pokémon que vio hace mucho tiempo, cuando estaba a punto de morir. Tal vez aquella figura formada de luces pudiera salvarlo de nuevo…

-Yo… yo quería… -la voz sonaba tan débil que era casi imperceptible.

Algo similar a un Dratini comenzó a formarse lentamente, pero pronto perdió forma. El M11 se concentró más, pero no tenía caso, las luces desaparecían, una tras otra… se apagaban, al igual que su vida.

Touji tenía un nudo en la garganta sin entender la razón. Tal vez porque él junto a Rika fueron los únicos que habían visto la belleza del primer espectáculo de luces del M11.

A pesar de los esfuerzos del Pokémon, la última luciérnaga artificial cayó, carente de luz.

Quería entender… quería entenderlos, pero… no pude.

Su brazo cayó inerte al suelo. El M11 estaba muerto.

Todos estaban conmocionados por lo que acaban de ver, en un silencio sepulcral.

Después de todo, ese Pokémon no era más que una víctima de las circunstancias. Una víctima de los Rockets… había tomado muchas vidas, pero… ¿Realmente estaba equivocado? ¿Realmente ellos eran los buenos? Tal vez hubiera habido otra forma, una manera en que el final hubiera sido otro… Touji se enfureció, pero la idea de encontrar a su hermano reemplazó rápidamente todo lo demás.

Cuando al fin reaccionaron, el grupo echó una última mirada al cuerpo de su antiguo enemigo, y se separó para buscar a Kosuke. Movieron escombros y recorrieron los alrededores mientras iban regresando a cada Pokémon que encontraban, no sin antes asegurarse de que se encontraban bien. Pero no había rastros del hermano de Touji.

Un gruñido forzoso los alertó, seguido de un sonido de roca golpeando el suelo.

Touji se volvió y vio una figura anaranjada con una pila de escombros sobre ella. Trotó torpe pero desesperadamente hacia Charizard cuando lo vio incorporarse sobre sus cuatro patas, con una enorme losa en su espalda. La bestia acabó de incorporarse, sacudiéndose el resto de los trozos de roca. Estaba gravemente herido, pero lo que más llamaba la atención era un tajo que le cruzaba horizontalmente el brazo izquierdo, sangrando profusamente. Su mirada, sin embargo, parecía jamás perder su intensidad. La bajó hacia el suelo rápidamente.

Donde Smaug se había levantado, hundido entre las rocas, con la ropa hecha jirones y teñida de sangre, estaba Kosuke.

Touji se arrodilló junto a su hermano.

-¡Hermano! ¡Aguantá por favor! –gritó mientras le sujetaba una mano ensangrentada.

Kosuke entornó los ojos y dirigió a su hermano una mirada serena. Con su otra mano se sujetaba el estómago, pero la sangre no dejaba de salir, había tanta… Touji jamás había visto tal cantidad en su vida.

Dio un vistazo y notó que tenía un trozo de roca triangular clavado en la herida. Touji, horrorizado, lo sujetó por el extremo, pero cuando iba a dar un tirón su hermano lo detuvo, sujetándole la mano.

-Dejalo así…

-Te pondrás bien –aseguró Touji, con una leve sonrisa –te pondrás bien, todo estará bien, y volveremos a estar como antes –después miró a Harry, quien se había mantenido algo alejado de la escena junto a los demás –¡Harry, rápido! ¡Usá a tu Aerodactyl para buscar ayuda!

El chico asintió con la cabeza nerviosamente.

-Esperá –interrumpió la voz de Kosuke –eso no será… necesario…

-¡¿Pero que estás diciendo?! ¡¡Esa herida es muy grave, necesitas ayuda!! –gritó Touji.

-No tiene caso, Touji… -y las palabras que a continuación salieron de su boca fueron las más dolorosas que Touji pudo haber escuchado –Voy a morir.

El chico sintió como si le clavaran una estaca en el pecho.

-¡¡No digas estupideces!! ¡¡Vas a estar bien, por fin volviste a ser el de antes!! –gritó, a punto de estallar en llanto.

-Touji… ya es hora de… ya es hora de que lo sepas todo.

Sabrina

La gente anda diciendo...