Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 53: Memorias del pasado y el presente

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 53: Memorias del pasado y el presente

-Esto… ¡Esto es indescriptible! ¡La explosión ha envuelto tanto a Pupitar como a Sneasel!

-¡Sería impensable que soporten semejante cosa!

No existía nada para los ojos de Shin tanto como los de Touji fuera del humeante campo de batalla. Ambos sabían bien que el resultado del encuentro se decidiría ahora.

-El humo empieza a disiparse y nos permite ver que ocurrió con los Pokémon…

-Se pueden ver dos figuras… si, efectivamente son ellos y… ¡¿Qué?! ¡Ambos están de pie!

Ahí estaban Kosuke y Oni, frente a frente, la mirada de uno se clavaba como espinas en la del otro, sus espíritus ardían como nunca, pero sus cuerpos estaban destrozados; Su estado era tan lamentable que las cámaras ni siquiera querían enfocarlos.

-¡Los Pokémon se rehúsan a rendirse!

-Pero no podrán seguir peleando, en treinta segundos se declarará empate técnico si no hay un ganador establecido.

Los segundos corrían rápido, demasiado rápido para lo que Touji y Shin hubieran querido. No querían un empate, y mucho menos un empate técnico, querían ganar.

-¡Oni, ataca!

-¡¡Kosuke, no te rindas!!

Las bestias tensaron los músculos, como si estuvieran a punto de saltar una sobre otra, y así se quedaron, inmóviles. Apenas y podían oír el conteo que llevaban los espectadores.

-¡¡Veinticinco!!

Querían seguir peleando, más que cualquier otra cosa, pero ya no podían, y lo sabían muy bien. Había sido una gran batalla, ambos estaban conformes con ella, y la recordarían siempre. La hostilidad desapareció de sus miradas.

-¡¡Veintinueve!!

Oni bajó los brazos, dio un último suspiro, y cayó de bruces.

Los ojos de Shin se abrieron como platos.

-¡¡El tiempo se terminó, Sneasel ha caído!!

Todos guardaron silencio sepulcral, esperando el resultado oficial del combate.

-¡Es un empate técnico!

-Se decidirá quien pasa a la final mediante un duelo de muerte súbita, que se realizará dentro de tres días.

Las reacciones que generó esto fueron de las más variadas: festejos de parte de los seguidores de Shin, y un inmenso repertorio de insultos y abucheos del lado de los de Touji.

-¡¿Empate?! –gritó Harry, histérico –¡Hijos de puta! ¡¿No ven que Sneasel está en el suelo?!

El griterío de protesta era tal que tuvieron que interrumpir la transmisión por TV.

-¡¡Jueces de mierda, me cago en sus madres!!

-¡¡Es una injusticia!!

Pero Touji no escuchaba, estaba inmóvil, con la mirada inexpresiva.

-“¿Empate? Después de todo el esfuerzo y la sangre derramada… ¿empatamos?”

No pudo evitar caer de rodillas al suelo, y arrancar con furia un puñado de hierba.

-Touji… -murmuró Rika.

Los insultos de toda calaña hacia los responsables de la decisión no cesaban.
Shin estaba muy silencioso, no se había movido desde que escuchó el veredicto de los jueces.

Entonces empezó a caminar con calma, se dirigía hacia el réferi. Al ver esto, los abucheos se detuvieron. No pudieron escuchar las palabras que cruzaron, pero la expresión de Shin se veía aún menos amigable que de costumbre.

Todos lo siguieron con la mirada cuando se alejó de ahí y empezó a subir por las gradas, sus ojos gélidos impedían que alguien se atreviera a acercársele o hablarle. El profesor Oak le gritaba desde abajo, en vano.

Touji se puso de pie y observó con perplejidad como se dirigía con las manos en los bolsillos hacia la cabina que estaba al lado de la de los pobres locutores.
La gente que estaba sentada cerca pudo oír algún: “¡Hey, no podés entrar acá!” acallado por un golpe. Shin entró a la cabina de los jueces.

Hubo un completo silencio, al cabo de dos minutos, el entrenador salió, como si nada hubiera pasado, y regresó a su lugar.

Un murmullo generalizado creció entre el público, hasta que finalmente la voz de uno de los locutores se hizo oír:

-¡Ehem! La organización pide disculpas al público y a ambos competidores por este malentendido, el resultado del encuentro ha sido re establecido.

-Se llegó a la conclusión de que Sneasel cayó antes de finalizar el conteo, y eso significa…

-Que el ganador de este combate y quien pasa a la final del torneo de la Convención Plateada es… ¡¡Touji Watsuki!!

Los gritos, los festejos, el escándalo ensordecedor, todo fue ignorado. Touji y Shin caminaron hacia el centro del campo.
El entrenador de ciudad Viridian tomó a su Sneasel en brazos, y las palabras que salieron de su boca no parecieron ser suyas:

-Oni, nunca dejarás de enorgullecerme.

Touji se encontraba ahora reanimando a Kosuke, quien había caído durante todo lo anterior.

-Gracias… muchas gracias –le dijo al abrir este los ojos. Los entrenadores guardaron a sus Pokémon y se pararon frente a frente, mirándose fijamente.

Y en aquel momento, ocurrió algo que nadie, ni en un millón de años, hubiera esperado:

Touji y Shin estrecharon manos, un apretón fuerte y seguro, lleno de honor y respeto.

Las palabras no fueron necesarias; cada uno sabía lo que el otro sentía. Dieron media vuelta, y se alejaron, con miles de personas clamando sus nombres a gritos.

***

-¡Salud!

Seis copas chocaron entre ellas con un alegre tintineo.

-¡Sabía que lo lograrías! –festejó el Profesor Elm tras dar un largo sorbo a su copa de champagne.

-¡Esa fue la mejor batalla que he visto en mi vida! No puedo creer que semejante vago inútil haya podido pelear así… -comentó Harry.

Touji, Rika, Harry, Reiko, Hikari y el profesor Elm estaban celebrando la victoria del primero en el restaurante del hotel.

-La verdad a mí también me sorprendió, nunca lo creí capaz… -soltó Hikari.

-Gracias por la confianza, chicos, gracias –replicó Touji fastidiado.

El profesor Elm dio a Touji toda clase de felicitaciones, y este se sintió muy avergonzado al ser señalado por absolutamente todo el mundo en el restaurante. La fama no le molestaba, pero en algunos casos podía tornarse muy embarazosa.

Pero había dos personas en la mesa que no festejaban.

Touji se fue a sentar al lado de Rika, con una copa en la mano;

-¿Qué pasa? Te noté muy callada hoy… -le dijo en tono preocupado a la chica, quien en ese momento carecía de su siempre presente sonrisa.

-No es nada, no te preocupes.

-¿Segura?

-Claro, todo está bien –y sonrió.

Touji soltó un suspiro de alivio, y siguió comiendo. Del otro lado de la mesa, Reiko estaba muy pensativa; se alegraba de que Touji hubiera ganado el combate, nadie lo merecía más que él, pero había otra cosa en su cabeza que no le permitía estar del todo feliz.

Pasaron tal vez dos horas, la mayoría de los clientes se había retirado a descansar, pero en la mesa de Touji y compañía había más y más botellas vacías.

Los Pokémon de Touji ya habían sido completamente restaurados por las eficientes enfermeras, y descansaban en el centro Pokémon.

El entrenador había bebido en demasía, y se estaba asando ahí dentro.

-Voy a dar una vuelta –dijo a los demás mientras se ponía de pie con esfuerzo y se dirigía con paso vacilante hacia la puerta.

El profesor Elm se alegró de que no hubiera nadie para verlo, esa no era la imagen que quería que su prometedor alumno mostrara en público.

El fresco aire nocturno le sentó bastante bien. Levantó la mirada hacia las estrellas, y comenzó a caminar sin rumbo fijo.

No había un alma en las calles. “Todo se puede ver con más claridad así” pensó.

Y sin proponérselo, terminó llegando a la sagrada fuente del Meganium, Typhlosion y Feraligatr. Se asomó para ver su reflejo en las calmas aguas, y al no encontrarlo, sumergió su cabeza en ella, sin importarle los Magikarps que salieron nadando espantados. Se sacudió el cabello y se sentó en el borde, con el agua resbalando por su cara. Aquel era un lugar muy tranquilo para estar solo y pensar…

-Hermosa noche, ¿no? –dijo, volviendo a ver el firmamento.

-Lo último que quiero es tu compasión, así que desaparecé –dijo la fría voz de Shin. El muchacho estaba sentado en lo alto de la cabeza del Meganium, como una figura alimentada por las sombras de la noche.

-Dale Chino, no seas antisocial y bajá.

Silencio.

-Bueno, ya que estamos tan conversadores –dijo Touji, irónico –te voy a confesar algo.

-Lo siento, hay otra persona –repuso Shin con sorna.

Touji se cayó al agua.

-¡Idiota! –gritó cuando salió, empapado.

Ambos se quedaron en silencio, y después soltaron una carcajada, el primero se reía de lo borracho que estaba, el segundo de su propia broma.

-Sabés… hoy, cuando saliste de la cabina de los jueces, y declararon mi victoria, te tuve… envidia –declaró Touji, no sin cierta vergüenza.

Shin se mostró indiferente:

-¿Y por qué sería? Perdí.

-No boludo… lo digo por lo que hiciste, querías ganar tanto como yo, y teniendo la posibilidad de derrotarme en muerte súbita, fuiste a reclamar el resultado… yo no me habría atrevido a hacer tal cosa…

-No pareces entender que es lo que me motiva.

-¿Qué?

-Yo no peleo por un estúpido trofeo, ni por el título de campeón, esas trivialidades me tienen sin cuidado. Yo peleo…

-Para ser más fuerte –finalizó Touji.

Hubo una pausa, una ráfaga de viento frío sopló con fuerza, barriendo algunas hojas secas del suelo.

-Ella te lo contó, ¿cierto? –soltó Shin con amargura.

-Si hablas de Rika…

-Ya veo.

-Pero no te enojes con ella, realmente estaba muy preocupada por vos, y le insistí mucho para que me lo dijera.

-Eso no cambia nada.

-¡Sí cambia! –gritó Touji –Yo…  yo también perdí un ser querido… a mi madre, y ahora a mi hermano…

Nuevamente silencio.

-Lo que quiero decir es… no dejes que tu pasado te consuma, a pesar de todas las cosas terribles que nos pasen, dejarnos tragar por el deseo de venganza no va a hacer que los muertos regresen.

-Esa noche que llegué a mi casa… ¿sabés lo que encontré cuando entré? –dijo inexpresivamente, y continuó sin esperar respuesta –Una mano.

-¿Una… mano?

-Si, una mano, la mano de mi madre, retorcida y desesperada, a mis pies, sobre un charco de sangre.

Touji ahogó una exclamación de horror.

-Pero eso no fue nada… -continuó Shin, sin denotar ningún sentimiento –Mi padre, mi hermana mayor, mi hermana menor, y mi abuelo, estaban… clavados en la pared… había sangre regada por todas partes, en el techo, en las paredes, en el suelo…

-Chino…

-¿Y me pedís que deje a un lado mi deseo de venganza? ¿Cómo deshacerme de lo único que me mantiene con vida? ¿Acaso no harías lo mismo que yo si supieras quien asesinó a tu madre?

Touji no pudo replicar, realmente no podía.

Shin se bajó de la estatua de un salto, y sacó la pokebola de su Pidgeot.

-¿Ya te vas?

-Ya no tengo nada que hacer acá.

-Solo… no hagas locuras, si algo te llega a pasar, sé de algunas personas que van a lamentarlo.

-No sos la persona indicada para enseñarme como vivir.

-Esperá un poco, ¿ok? Alguien querrá hablar con vos antes de que te vayas…

-Tsk…

-Suerte –dijo Touji, antes de levantarse de la fuente y alejarse.

-¡No la necesito! –le gritó Shin antes de verlo desaparecer.

Las calles seguían igualmente oscuras y silenciosas. Touji sonrió al cruzarse con una chica en el camino.

Pidgeot rasgó el suelo con sus garras, su mirada tranquila contrastaba con unas ganas enormes de levantar vuelo.
Shin le ató sus fardos en la espalda y le dio unas palmadas en el pico. Se acomodó para subirse a él, pero…

-¡Esperá! –Reiko se detuvo frente a él.

Shin se volvió, sorprendido.

-No… no lo hagas –dijo la chica, recuperando el aire, se notaba que había corrido un buen rato.

-No molestes.

-¡No te hagas el desentendido! Te conozco, sé muy bien lo que planeas hacer, es un suicidio, ¡no vayas!

-Sé muy bien lo que hago, no interfieras.

-No, ¡no sabes! ¡Dejándote matar por ellos no vas a solucionar nada!

-¡No entendés! ¡No hay forma de que ustedes entiendan! ¡Fuera del camino! –gritó Shin casi escupiendo las palabras.

-¡Vos no entendés! No te das cuenta de que… si murieras… ¡¡Sos un idiota!! –Reiko dio media vuelta, con una mezcla de ira y dolor, pero Shin la agarró del brazo, y la atrajo hacia sí mismo. Tan cerca estaban, que los ojos pardos de una se reflejaban en los ambarinos del otro.

-No voy a morir… -le dijo en voz baja, casi un susurro apacible, muy diferente a su gélido tono habitual. 

-Pero… -empezó a decir Reiko, enrojecida.

Y en ese momento, él se inclinó hacia ella y la besó.

El tiempo dejó de correr, el viento se detuvo, aquello no parecía real.
Cuando el beso terminó, Shin simplemente subió de un salto a su Pidgeot.

-Nos volveremos a ver –dijo antes de despegar con majestuosidad y perderse en el cielo nocturno.

Reiko fue incapaz de pronunciar palabra hasta verlo desaparecer. Estaba todavía demasiado sorprendida.

-Sos un idiota… -Dijo finalmente. Sonrió, y emprendió el regreso al hotel.

***

Transcurrieron los días, y un temor rondaba constantemente la cabeza de Touji. En aquel momento, lo más probable era que Rika estuviese combatiendo arduamente (o tal vez no) en la semifinal. Había decidido de antemano no ir a verla: el pensar que lo más seguro era que iba a competir con ella en la final le ponía la carne de gallina.

“Rika va a ganar, siempre gana” pensaba. No quería tenerla de oponente, de ninguna manera. Miles de ideas se le habían pasado por la mente; fingir enfermedad, retirarse, o simplemente escapar, pero después se avergonzaba enormemente de haber llegado a pensar en soluciones tan patéticas.

Shin se había ido a quien sabe donde, y Reiko y Hikari estaban viendo la batalla de Rika. Harry fue el único que accedió a quedarse con él “Solo porque me das pena” arguyó.

Decidió que estar pensando en eso no lo iba a ayudar en nada, así que fueron a dar una vuelta por la calle principal.

-Y che… ¿Qué vas a hacer si ganas? –le preguntó el chico mientras caminaban, mirando algún que otro aparador. Los entrenadores que aún quedaban eran pocos, pero seguía estando plagado de turistas, aunque la gran mayoría estaba viendo el titánico encuentro de semifinal.  

Touji no respondió, estaba mirando a un chico de pelo castaño con un insecto rojo en su hombro, que a su vez miraba en todas las direcciones, como buscando a alguien.

-¡Tim! –lo llamó Touji. El muchacho se volvió, y una enorme sonrisa se dibujó en su cara.

-¡Touji! ¡Harry! ¡Por fin los encuentro! –gritó mientras se acercaba a la carrera, llevándose de largo a una rechoncha mujer. Touji y Harry ahogaron una carcajada al verlo inclinarse repetidamente, pidiendo disculpas.

-No puedo creerlo, ¡estás en la final! –exclamó emocionado, sin darse cuenta que su helado de chocolate se estaba derritiendo. El clima estaba bastante pesado, así que una parada en una heladería no fue rechazada por nadie.

El Pokémon en su hombro era diferente al pequeño Ledyba, era un poco más grande, y mucho más esbelto y elegante: un Ledian.

-Aún recuerdo el día que nos conocimos… ¡Nunca imaginé que un tipo tan torpe que no sabía lo que era un cambio Pokémon llegaría a estas instancias!

-¿A qué viniste? –dijo Touji, molesto, mientras Harry soltaba una risita.

-Bueno, el otro día, cuando paré en un hotel de camino para acá, estaba viendo por televisión tu batalla contra Shin-Tao. ¡Fue increíble! y cuando declararon el empate, la transmisión fue interrumpida. Me pareció muy raro, así que pensé que era mejor averiguar qué había pasado. Ni bien llegué me enteré de que habías ganado vos, y aunque desde hace tres días que te busco, no podía encontrarte. Dije que nos veríamos acá, ¿Te acordás?

-Me acuerdo, me acuerdo…

-Voy a apoyarte en la final, ¡Vas a necesitar toda la ayuda que se pueda conseguir!

-Gracias… -respondió Touji mientras se contenía para no golpearlo.

Apoyó la cabeza en las manos, con un suspiro.

-¿Qué pasa? –preguntó Harry -¿Ya te cagaste?

-¡No es eso! Es que… pensé que mi viejo iba a venir… -dijo tímidamente, le avergonzaba admitir que quería ver a su padre.

Harry le dio una dolorosa palmada en la espalda.

-Vamos, vas a ver que tu papá va a venir, ¿se perdería la oportunidad de cagarte a pedo personalmente?

-No creo que venga…

Una voz ruda y firme les llamó la atención:

-¡¿Esa es la confianza que tenés en tu padre?!

Touji se cayó hacia atrás, con todo y silla, y vio los pies de su padre.

-¡Dejá de perder el tiempo y levantate!

-¡Papá! –el muchacho se quedó unos instantes en esa extraña posición, hasta que se dio cuenta de que todos en la heladería lo estaban viendo y se puso de pie de un salto.

-Vi-viniste…

-Por supuesto que sí, llegaste a la final, tal y como yo predije.

-Pero si siempre dijo que era un inútil… -murmuró Harry a Tim.

Touji sonrió. Todos estaban ahí para desearle suerte, para apoyarlo. Se sintió reconfortado y a la vez avergonzado, avergonzado de haber pensado en la posibilidad de renunciar y defraudarlos.

Se quedaron charlando (o mejor dicho, Touji se quedó escuchando los gritos de su padre) durante alrededor de una hora más, hasta que el padre de Touji fue a buscar hotel, y Tim se fue a “atender unos asuntos” por lo que Harry y Touji continuaron su caminata. Ya conocían casi todo el lugar como la palma de su mano, pero aun así no tenían nada mejor que hacer. Ya estaba atardeciendo.

-Bueno, voy a volver, Rika ya debe haber terminado de pelear, y quiero saber como le fue –dijo Harry -¿venís?

-No –respondió, un edificio de techo semicircular a lo lejos le había llamado la atención –más tarde te alcanzo.

Harry se encogió de hombros, y se marchó.

Touji se dirigió hacia aquel lugar, intrigado. La fachada del edificio parecía algo más antigua que el resto del complejo. Un sendero de mármol bordeado por estatuas que representaban diversos Pokémon conducía a la plataforma (bastante elevada) donde estaba emplazada la construcción.  

Al llegar a las enormes puertas del edificio, Touji pasó la mano por una espectacular pokebola tallada sobre ella.

-“Debe estar cerrada” –pensó de inmediato, pero instintivamente empujó hacia adentro con fuerza, y para su sorpresa, las puertas cedieron.

Touji entró, algo dudoso. Aquello era muy extraño, si ese lugar estaba permitido para el público ¿Por qué nunca lo había visto en los folletos? ¿Y por qué no había un alma más que él ahí?

Se sintió intranquilo, la luz del lugar era muy pobre, así que buscó a tientas alguna llave o interruptor, sin éxito.

A pesar de que la visibilidad era mala, podía distinguir el brillo de varias vitrinas de cristal, se acercó a una de ellas, cuando las luces se encendieron repentinamente.

Touji miró a su alrededor, nervioso, pero la curiosidad fue más fuerte, y se puso a ver las fotografías detrás de los cristales.

-Ese debe ser… ese tipo que salió campeón siete años consecutivos… Ash Ketchum… -dijo Touji mientras veía la foto de un chico de tal vez diecisiete años, de cabello y ojos oscuros, y una gorra roja y negra, se veía sumamente feliz, haciéndole la señal de la victoria a la cámara. Un Pikachu estaba sentado sobre sus hombros. Detrás de él se podían ver otros Pokémon; un Charizard de intensa mirada, un Blastoise, y un Bulbasaur. Todos parecían sumamente poderosos.

Touji recorrió la sala lentamente, hasta llegar a ver otra foto; era grupal, pero pudo reconocer en el centro al mismo chico de la gorra, con unos cuantos años menos.

-Sabía que tarde o temprano vendrías a este lugar –dijo una voz.

Touji se volvió, sorprendido, para ver a un tipo con un largo sobretodo marrón, y la mirada oculta bajo un sombrero.

-Uff, esta cosa ya me estaba dando mucho calor –dijo el extraño mientras se bajaba las solapas y se quitaba el sombrero.

-¡Us-usted es!

-Si, así es… yo soy…

-¡Es ese tipo raro que me atacó con su Blastoise en mi primer día de viaje!

El extraño tropezó.

-¡¿Aún no me reconoces?! ¡Idiota, yo soy Ash Ketchum!

Touji tardó un poco en reaccionar:

-Un momento… si es verdad eso, ¿dónde está tu Pikachu?

Tras estas palabras, el amarillo Pokémon salió desde atrás de las piernas de su dueño. Era un tanto más pequeño que Denkeshi cuando era un Pikachu, pero en su mirada se podía ver que no era un Pokémon normal.

-Ok… me la creo, vos sos Ash, la leyenda viviente… -dijo Touji mientras hacía rodar sus pupilas.

Ash soltó una carcajada, su voz era joven y alegre.

-¿Por qué es tan difícil de creer?

-Para empezar… no creo que alguien tan importante se vista… así –le espetó Touji señalando con desprecio el particular atuendo de su interlocutor.

-Verás, me gusta venir a los torneos de la Convención Plateada, me traen bellos recuerdos. Pero no me gusta ser reconocido.

-¿Y por qué no participas?

-He participado mucho ya… y tuve muchas satisfacciones en el estadio Plateado, pero estoy de descanso de grandes competencias por algunos años –y sonrió.

A Touji le pareció un tipo muy sencillo a pesar de su inmensa fama, siempre había imaginado que sería alguien completamente diferente.

-Está bien, pero entonces, ¿Qué sabes de mí? ¿Por qué apareces acá así como así?

-En realidad, estaba esperando el momento apropiado para hablar con vos, y este Salón de la Fama es un buen lugar, ¿no crees?

-Si, pero…

-¿Cómo está Kosuke?

Touji se quedó helado:

-¡¿Qué sabes de mi hermano?!

Ash se rascó la cabeza.

-¿Tu hermano? Lo siento, creo que me malentendiste, yo me refería a tu Pokémon.

-Ah… pues, está bien, ¿por qué?

-Me alegra, me alegra mucho… ese Kosuke… es un Pokémon muy especial, ¿lo sabías? –dijo mientras su Pikachu trepaba por su brazo hasta ubicarse en su hombro.

-Ya son varias las personas que me dicen eso, pero…

-Soy un buen amigo del profesor Oak y el profesor Elm –dijo, cambiando abruptamente de tema, cosa que empezaba a confundir a Touji.

-¿Y qué con eso?

-Me gusta capturar Pokémon raros para ayudarlos en sus investigaciones –hizo una pausa, miró la foto grupal que estaba viendo Touji unos segundos, y continuó –además suelen pedirme que consiga Pokémon principiantes para entrenadores que se inician.

Touji empezó a entender hacia donde iba la conversación.

-Entonces, ¿vos atrapaste a…?

-Estuve entrenando durante mucho tiempo solo, en lo más profundo del Mt. Silver, lugar donde solo unos pocos privilegiados pueden entrar. Ahí encontré muchísimos Pokémon interesantes, muy poderosos. Cierto día hallé una particular roca encogida, pero al acercarme, noté que no era una roca, sino un Larvitar.

Touji escuchaba con suma atención.

-El Mt. Silver es el único lugar del mundo donde se pueden capturar estos Pokémon, y aún a pesar de que llevaba ahí varios meses, solo había podido ver unos pocos. Ese Larvitar era muy pequeño, sin duda acababa de nacer, pero no se veía asustado, por el contrario, en cuanto me vio trató de atacarme, pero lo capturé sin problemas. Como hago cada vez que atrapo un Pokémon interesante, lo llevé para que lo examinaran, y como el Profesor Elm justamente estaba en la zona, se lo encargué a él.

-¿Podrías avanzar un poco?

-Seguí con mis asuntos normalmente, cuando recibí una llamada urgente del Profesor; había estado estudiando al Larvitar y…

-¿Y qué?

-Touji, el Larvitar que recibiste para empezar tu viaje Pokémon, no es normal.

-¿Cómo que no?

-No, verás, tu Pokémon es… genéticamente perfecto.

-¿Qué significa eso? –preguntó el chico, confundido.

-Significa que sus genes están al máximo de lo que su especie puede desarrollar.

-No… no entiendo…

-Te lo haré más simple. Si analizáramos todos los Pupitar de exactamente el mismo nivel que el tuyo, ninguno sería capaz de superarlo, porque Kosuke es genéticamente perfecto.

-Entonces…

-Pero aún no ha dado el paso más grande para alcanzar su máximo potencial…

-¿De qué estás hablando?

-Bueno, Touji –Ash dio media vuelta, se acomodó el sombrero y subió las solapas de su sobretodo hasta las orejas –estaré viendo el combate final, te deseo mucha suerte.

-¡Espera!

-Y Touji… me alegra que un Pokémon tan especial haya caído en tus manos, no lo desperdicies –y tras esas palabras, se retiró.

El entrenador se quedó muy confuso, tratando de digerir la información que había recibido. Se quedó unos segundos en silencio, hasta que miró su reloj y se percató de lo tarde que era. Se dirigió a la puerta, pero algo le llamó poderosamente la atención; una fotografía en la pared. Touji se acercó, había tres personas, abrazadas de los hombros; la del centro era muy parecida a él, aunque algo mayor, tenía un pañuelo amarrado alrededor de su frente, y a sus pies descansaba un enorme y espectacular trofeo. 

“Hermano…”

Las otras dos personas eran una chica y un chico, de más o menos la misma edad, a Touji se le hicieron extrañamente familiares. Los tres tenían las caras manchadas de barro y una expresión de alegría incomparable.

Touji estuvo contemplando la foto durante tal vez cinco minutos, sin poder quitarle la vista de encima. Ese era su hermano, su hermano de verdad, como era antes, antes de convertirse en…

-Mierda, es tardísimo, todos me van a cagar a puteadas –el muchacho corrió hacia la puerta, obligándose a no detenerse a volver a ver la imagen.

***

-¡Llegas tarde! –le gritó su padre en el oído, el Profesor Elm también estaba ahí.

-Touji, vení conmigo por favor, vamos a revisar la condición general de todos tus Pokémon.

-Está bien –dijo mientras lo seguía al pequeño laboratorio destinado para los investigadores más importantes.

Cuando llegaron a la puerta, se toparon con el Profesor Oak, seguido de Rika. Los profesores cruzaron miradas de rivalidad, mientras que Touji sintió que algo no estaba bien al ver la seria mirada que Rika le dedicó.

Una vez estuvieron dentro, Elm analizó exhaustivamente el estado de los seis monstruos de Touji. Este se sorprendió bastante al descubrir lo fuertes que se habían vuelto en tan poco tiempo. Kosuke estaba a nivel 74, Denkeshi al 71, Moro al 72, Geroh-Kun al 71, Dandy al 73, y Volco al 73.

Pero Touji tenía grabada en la mente la forma en que Rika lo miró cuando se cruzaron, y no había dejado de pensar en eso en todo momento.

Al salir del laboratorio, comió y se dirigió al estadio.

Tenía el presentimiento de que la encontraría ahí, y no se había equivocado.

Se sentó en las gradas, al lado de la chica. Tal vez pasaron dos minutos sin que ninguno emitiera sonido alguno.

-Pasaste a la final ¿no?

-Sí.

-Y… ¿fue difícil?

-Un poco…

Touji miró sus pies, incómodo.

-Nunca me dijiste… por qué te volviste entrenadora… -dijo finalmente.

-Eso no es importante…

-Me gustaría saberlo, si es que no te molesta contarme, claro.

-Bueno… para empezar, los Pokémon siempre me han gustado –dijo mientras pasaba la mano por la espalda de Charly –Gary me enseñó todo de ellos, allá, en ciudad Viridian. Cuando su Umbreon tuvo un hijo, él me lo regaló.

-Ya veo…

-Tenía muchos otros alumnos como yo, y generalmente nos hacía competir entre nosotros, pero… yo siempre perdía, y Charly terminaba muy dañado… porque a mí no me gustaba pelear y lastimar a otros Pokémon… todos se burlaban de nosotros.

A Touji le resultó muy difícil imaginarse a Rika perdiendo.

-No importaba cuanto nos esforzáramos, siempre nos derrotaban. Así que un día, decidí que ya no quería perder, no quería perder nunca más. Y entrené duro, entrené muy duro, tanto que pasé noches enteras sin dormir. Habíamos mejorado, pero no era suficiente, para mí no lo era.

Así que le pedí a Gary que me enseñara su estilo de combate. Él se negó, dijo que yo era demasiado gentil como para dominarlo.

Pero le insistí, le prometí que si me lo enseñaba lo dominaría a cualquier costo, y finalmente accedió. Fue muy, muy difícil, y me tomó mucho tiempo, pero después de casi un año de durísimo entrenamiento, lo conseguí. Ya no había nada que nos asustara, me sentía invencible. Pero claro, no lo era, y salí de viaje para perfeccionar mi técnica, primero por Kanto, y ahora…

-Ya veo…

-Es por eso que muchos dicen que tengo el mismo estilo de combate contundente y agresivo que tiene Gary.

-Lo he visto por mi mismo…

-Touji, te quiero mucho –Lo miró con sus enormes ojos azules, Touji se sonrojó de inmediato –Pero… no quiero que te limites o te controles en nuestro combate, porque yo no lo haré –le dijo con un tono de voz que no solía emplear nunca con él. Se puso de pie, y se marchó.

Y Touji se quedó solo, llevó las manos a su cabeza, que empezaba a dolerle, y se preguntó qué diablos iba a hacer.

Sabrina

La gente anda diciendo...