DestacadoMade in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 50: «¡¡Cuartos de final!! ¡Duelo en los cielos!»

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 50: «¡¡Cuartos de final!! ¡Duelo en los cielos!»

La noche inundaba el ambiente. Un joven, solo, caminaba a paso ligero, mirando a su alrededor, sin oír más que sus propios pasos. Estaba regresando al hotel, algo perturbado después de lo que vio en los campos de entrenamiento: hacía muchísimo tiempo que no veía un Pokémon que lo impresionara de aquella forma, tanto por su fuerza como su apariencia. Pero lo que más lo preocupaba era que tendría que enfrentarlo en su combate de cuartos de final.

Otros pasos se escucharon detrás de él, aún más rápidos que los suyos:

-Mierda… me siguen.

El entrenador dobló una esquina rápidamente, a pesar de que se desviaba de su camino. Apoyó la espalda contra la pared, escuchando atentamente, hasta que…

-Muy bien, mejor hablen, ¡¿Quiénes son y por qué me están siguiendo?! –gritó Touji saliendo de su escondite, Pokebola en mano, frente a un grupo de cuatro personas.

-No-nosotros…

-¿Eh? –Touji se dio cuenta de que todos eran niños que no pasaban de los diez años.

-Es que vimos tu pelea del otro día y bueno, queríamos…

-Un autógrafo… -finalizó otro con voz tímida, mientras enseñaba una libreta y un bolígrafo.

Touji se agarró la cara, sintiéndose una fina mezcla de ogro cruel e idiota redomado, ¡se había asustado de un grupo de niños! Realmente estaba empezando a volverse paranoico.

-Disculpen, es que estaba un poco nervioso –dijo rascándose la cabeza –y bien, ¿a nombre de quienes hago la dedicatoria? “¡Estoy firmando autógrafos!”

 

***

Al día siguiente, Touji enviaba a su ya recuperado Heracross con uno de los asistentes en el laboratorio del profesor Elm.

-Bien, Hiro se merece unas largas vacaciones ahora, y Geroh-Kun ya está completamente recuperado, así que podrá luchar hoy.

-¿Seguro que querés que él luche en una pelea con tanta desventaja?

-Aunque tenga desventaja, no puedo pelear sin él, no tengo quien lo remplace.

-No olvides lo que practicamos, ya sabes cuál es la mejor estrategia para ganar –le aconsejó Reiko, y ciertamente, al enterarse de la clase de monstruos que usaría su rival, Touji estuvo practicando varias formas de combatirlos con mayor facilidad.

La hora de la batalla había llegado finalmente. Touji estaba nervioso, estaba ya en cuartos de final… si ganaba, pasaría a la semifinal.

Había mucha gente en el estadio, aún más que en la anterior lucha. Ahí, parado en su lugar del campo, ante la mirada de miles de personas, esperaba la aparición de su oponente, que ya llevaba diez minutos de retraso. Para alivianar la espera, los locutores hablaban de batallas anteriores y especulaban sobre lo genial y espectacular que sería este duelo.

Para variar, la mayor parte del graderío estaba a favor del oponente de Touji, cosa a la que este ya se había acostumbrado.

-Después de hacer esperar muchísimo a sus admiradores y al público en general, ¡Lina Hibiki de ciudad Mosdeep entra al estadio! –la voz del locutor fue secundada por las ovaciones de una oleada de seguidores. Era una chica algo menor que Touji, aparentemente, de cabello rubio y ojos castaños enormes, que parecían desprender chispas. Vestía una camisa roja muy llamativa y falda azul por las rodillas. Una Pokebola pendía de un colgante de su cuello.

La chica se posicionó, mientras saludaba al público con la mano y sonreía nerviosamente. A pesar de tener tantos fans, parecía bastante simple. A Touji le pareció simpática a distancia, por la forma en la que pedía disculpas al réferi por su retraso.

Pero por alguna extraña razón, esa chica le recordó a Nabiki. Pensó que de ser una chica normal, se vería de una forma similar a ella, pero, ¿por qué le vino eso a la mente?

–“¿Qué carajo estoy pensando? ¿Por qué me tengo que acordar de ellos ahora? ¡Estoy en un duelo decisivo del torneo!” –se reprochó Touji, obligándose a sí mismo a concentrarse en el combate.

Tras la infaltable explicación de las reglas, la batalla dio inicio:

-¡Ve por él, Xatu!

-¡Volco, al ataque!

Tal y como Touji y el mismo Volco esperaban, la aparición de este último desencadenó toda clase de festejos y gritos del público.

El Pokémon de fuego fijó sus ojos en su peculiar enemigo; un ave de alas cortas y romas, aparentemente torpe en el vuelo, pero al mismo tiempo místico y noble, con un aire ciertamente inquietante en su mirada negra y serena.

-¡Touji ha dejado salir a su Magmar, un Pokémon sumamente popular entre el público, y con todo derecho a serlo!

-Por su parte, Lina envía a su Xatu. Ciertamente hemos visto muy poco de este Pokémon, pero las pocas veces que salió al combate, fue para arrasar a sus enemigos con sus grandes poderes.

-¡Empiezan! ¡Xatu extiende sus alas blancas y sus ojos se llenan de luz azul! ¡A Magmar no le gustan los prólogos y empieza con una contundente llamarada!

-¡Xatu la ha esquivado! ¡Contrario a su apariencia, su vuelo es muy ágil!

-¡Vamos Volco, como lo practicamos!

Magmar levantó la vista hacia su oponente, y tras un segundo de análisis, disparó un rapidísimo pilar de fuego, que se dirigió a su blanco girando sobre sí mismo.

-¡Qué cerca ha estado eso! ¡La predicción de Xatu lo salvó del lanzallamas, pero aun así logró quemarle unas cuantas plumas de la cola!

-¡Y ahí dispara otro! ¡No tiene pensado dejarlo descansar!

-Y el Pokémon de Lina no puede hacer más que esquivar, y le cuesta muchísimo, por cierto, ¡la puntería de Magmar tiene un margen de error cada vez menor!

-¡Siguen los lanzallamas! ¡Si Xatu no hace algo para defenderse, pronto tendremos pollo asado señoras y señores!

-¡Xatu, rayo confuso, ya!

-¡Usa tu rayo confuso también!

Ambos rayos de luz negri-púrpura se encontraron a mitad de camino, y tras un fuerte choque, se anularon entre sí.

-Jeh… -Lina sonrió –no está nada mal, pero…

Volco sintió la sombra de Xatu sobre él. Se volvió al instante, pero no fue lo suficientemente rápido, y vio los ojos iluminados intensamente de azul de su enemigo. Se cubrió, esperando el golpe, pero este no llegó.

Al volver a centrarse en su rival, Volco se enfureció al darse cuenta de que se había burlado de él: disparó una llamarada con todas sus fuerzas, que dio de lleno en el desprevenido pájaro psíquico, el cual se precipitó al suelo despidiendo humo de su cuerpo.

A pesar de esto se incorporó, muy débil. Volco caminaba con calma hacia él, con una sonrisa diabólica, listo para enviarlo al infierno, literalmente.

-¡Rápido Xatu, usa deseo!

La maltrecha ave miró un segundo al cielo, pero nada ocurrió.

-¿Eso es todo? –rio Touji –¡Volco, termina con esa cosa!

Volco iba a obedecer la orden, pero se detuvo, sintiendo una extraña vibración en el aire; una brisa anormal sacudió la hierba del campo y las candentes flamas del Pokémon.

-Ahí está –dijo Lina sonriente.

Una enorme bola de luz azul apareció en el medio del campo, como salida de la nada, comiéndole terreno a Volco a espantosa velocidad.

-¡Ahora, psíquico!

Xatu usó lo que le quedaba de energía para emitir de todo su ser un poderoso ataque psíquico, que se unió a la bola de energía un instante antes de que esta impactara sobre Volco. El Magmar abrió mucho los ojos al ver semejante cosa sobre él.

-¡¡Vaya explosión!! –exclamó el locutor pegando la cara al cristal que separaba su cabina de la acción.

-¡Magmar ha salido volando por los aires como si se tratase de un muñeco!

-¿Pero cómo…? ¿De dónde salió eso? –Touji no había entendido bien qué había ocurrido, pero retiró a Volco, quien estaba totalmente debilitado. Y para colmo de males, sus desagracias no acabaron ahí; vio como un rayo de luz blanca aterrizaba sobre el desgastado Xatu, y cuando esta se retiró parecía estar nuevamente lleno de energía.

-¡Qué excelente táctica la de Lina! ¡En el momento en que sorprendió a Magmar por la espalda, aparentemente no lo atacó, pero en realidad había usado su Vista al futuro!

-¡Recurrió a ese método porque predijo que necesitaría de ayuda al final, y lo combinó con un psíquico fulminante!

-¡Y no solo eso, además recupero buena parte de su fuerza con Deseo!

-Mierda, el pajarito sabe jugar… muy bien, le voy a dar algo para que se entretenga –masculló Touji irritado.

-¡Vuela la Pokebola del entrenador de New Bark!

-¡Raichu entra a la arena!

-Touji, ¿qué haces? –dijo Reiko disgustada desde las gradas –¡se suponía que ibas a guardar a Denkeshi para el final!

-¿Sabes? Creo que Touji sí sabe qué está haciendo –dijo Rika mientras una sonrisa se dibujaba en su cara.

-A ver si ese pajarraco desnutrido puede con esto. ¡Trueno, ahora!

-¡Xatu, regresa! –exclamó Lina asustada ante el rugido de las nubes –¡Ve Gligar!

El pilar de electricidad dio de lleno en el extraño escorpión terroso, sin provocarle ni el más ligero rasguño.

-Conque eso era… Gligar. -dijo Touji en voz baja.

-¡Usa terremoto!

Touji retiró a Denkeshi de inmediato y en su lugar envió a Dandy.

El lagarto recibió el poder del sismo, que si bien lo dañó, no fue nada de gravedad.

-“Maldición… solo me queda una oportunidad de substitución, debo guardarla para cuando sea estrictamente necesaria” –pensó Lina, viendo la abrumadora desventaja de su Pokémon.

-Feraligatr representa una barrera muy difícil de superar para Gligar, veamos si su entrenadora tiene algo en mente.

-¡Gligar, envenenalo con Toxico!

-¡Cargate a esa mierda con tu hidro bomba!

A pesar de la velocidad del disparo, el Gligar era tremendamente ágil, y no tardó en esquivarla. Sin embargo, su tóxico tampoco encontró su objetivo.

-¡No dejes de moverte!

-¡Carajo Dandy, apuntá bien!

El escorpión no se estaba quieto. Se movía con suma destreza alrededor de su enemigo, impidiendo que este pudiera hacer blanco. Las bombas acuáticas se perdían en el cielo, o impactando contra los anuncios, abollándolos.

-¡Gligar, solo tenemos una oportunidad, rápido, usa guillotina!

Como un rayo fue hacia el cocodrilo, con la tenaza abierta apuntando a su grueso y musculoso cuello.

-¡¡Guillotina!! ¡Si acierta el ataque, Feraligatr puede despedirse de esta batalla!

Dandy torció la mirada amarilla hacia el flanco por el que su enemigo venía a atacarlo, y en el instante en que este iba a apretar su garganta con su pinza, lo agarró por el cuello, manteniendo a solo centímetros de su hocico a su ahora aterrado rival.

Touji sonrió maliciosamente.

-Oh no, ¡Gligar, intenta escapar!

-¡Se han invertido los papeles, Feraligatr ha atrapado a Gligar! Esto se ve muy mal para el Pokémon de Lina…

-Je, lo dejo a tu gusto, Dandy.

Gligar comenzó a sudar petróleo al ver abrirse las mandíbulas de la bestia, primero sintió su aliento asqueroso, y después como la hidro bomba estalló sobre él con tanta fuerza, que hasta el mismo Dandy casi se vuela la mano con su propio ataque.

Cuando terminó de disparar, el Pokémon de agua simplemente soltó el cuerpo debilitado de su presa.

-¡Feraligatr se queda con esta ronda!

-Diablos… -Lina lo retiró, arrepintiéndose por no haberlo salvado a tiempo. Ahora parecía dudar sobre que Pokémon enviar.

-La entrenadora está algo dudosa, pero finalmente envía su Pokémon y es…

-¿Qué es esa cosa? –soltó Touji, viendo a la extraña criatura con apariencia de dinosaurio que dio un poderoso pisotón al suelo, y soltó un rugido.

-¡Vamos Tropius, a ganar!

-¡Cuidado Dandy, parece un Pokémon hierba!

El monstruo cargó contra su oponente, esperando asestarle una buena cuchillada, pero ante su incrédula mirada (y la de su entrenador) la enorme criatura desplegó dos pares de enormes hojas en su espalda, y levantó vuelo.

-Es un Pokémon volador…

-¡Hojas mágicas!

-¡Rayo hielo! -reaccionó Touji.

Antes de que Dandy pudiese hacer blanco con su rayo congelante, docenas de hojas de brillantes colores rasgaron y laceraron su gruesa piel, haciéndolo bramar de dolor, mientras la sangre manaba de sus heridas.

-¡Mierda, disparale!

Cuando por fin pudo disparar, el dinosaurio no tuvo problemas en esquivarlo al vuelo, y levantó la vista al cielo un instante, quedándose inmóvil.

-Es idea mía, ¿o las cosas se están calentando aquí?

-¡Es el ataque día soleado! ¡Tropius sí que sabe sacar provecho de sus características especiales!

-¿Eh? ¿Qué características? –dijo Touji confundido.

Ni bien la luz del sol bañó el cuerpo de Tropius, este dirigió una mirada maligna a su enemigo, muchos metros más abajo.

-Ay, mierda…

Con una velocidad descomunal para una bestia de su tamaño, el Pokémon bajó en picada hacia Dandy, quien ni siquiera tuvo tiempo de cargar su rayo hielo. Recibió un fortísimo golpe de cuerpo, y antes de que pudiese intentar cualquier clase de contraataque, ya había regresado a las alturas.

-¿Qué mierda pasa? ¡Antes no tenía esa velocidad!

-¡Es hora de terminarlo Tropius, Rayo solar!

-¡Por favor, rayo de hielo!

Sin ni siquiera un segundo de carga, ambos Pokémon dispararon sus ataques al unísono, con un estrepitoso grito de guerra, pero en lugar de chocar, los rayos se cruzaron, pasando a una velocidad increíble uno al lado del otro, dirigiéndose a sus respectivos blancos.

-¡¡Atinaron!! ¡¡Ambos atinaron!!

Dandy había sido arrastrado una decena de metros por el poder del rayo solar, y yacía en el suelo, con el estómago hundido. Mientras que Tropius se desplomó pesada y ruidosamente, con la mitad anterior de su cuerpo (incluida su cabeza) inmersa en un reluciente bloque de hielo.

-¡Es un empate! Todo parecía indicar que Tropius se llevaría la victoria, pero su doble debilidad al hielo marcó el fin de su actuación.

Los entrenadores recogieron a sus Pokémon, Touji se veía especialmente conforme, y una gran sonrisa se dibujó en su cara al inflar la siguiente Pokebola.

-¡Vamos Denkeshi, hora de barrer!

-¡Fearow, ataca!

El enorme pajarraco soltó un desagradable graznido, mientras tomaba altura rápidamente, agitando sus largas y elegantes alas.

-Lo sabía –dijo Touji satisfecho –¡sin Gligar y esa planta ya no tenés ninguna defensa contra la electricidad!

-Diablos… -masculló Lina –Fearow… hacé lo que puedas.

Una gotita de sudor apareció en la cabeza del ave al ver las chispas brotar de las mejillas del Raichu.

Un trueno espectacular cayó del cielo, cegando a la mayoría de los espectadores.

-¡¡Wooaaahhh!! ¡¡Lo ha tumbado de un solo golpe!! ¡No quedó suficiente de Fearow ni para llenar una caja de pollo frito!

Lina retiró a su carbonizado Pokémon con pesadumbre.
No tardó en enviar al siguiente:

-¡Xatu, debilitalo todo lo que puedas con tu ataque psíquico! –rogó su entrenadora, sabiendo bien que sus chances de ganar eran menos que escasas.

-¡Denkeshi, tenemos cuentas pendientes con ese pájaro, dale con todo!

El ratón salió a la carrera, tratando de electrocutar al Xatu, que se teletransportaba velozmente para esquivarlo, pero se veía completamente imposibilitado de contraatacar. Denkeshi se movía muy rápido, y en cuanto tuvo la oportunidad se adelantó a su huida, apareciendo justo en el lugar donde el Xatu creyó que era seguro. Cuando se dio cuenta, el Pokémon eléctrico lo sujeto de los dos largos penachos rojos que pendían de su cabeza, y lo estampó contra el suelo. Infinidad de plumas verdes y blancas salieron volando. El ave trató de escapar, pero antes de cualquier movimiento, Denkeshi lo fulminó con una poderosa descarga.

-¡Y ya son dos victorias fáciles para el Raichu de Touji! ¿Podrá algún Pokémon de Lina detener a este azote eléctrico?

-Confiaré en tu velocidad… ¡Ninjask, a la carga!

-¿Qué es ese escarabajo asqueroso?

 

Un insecto que Touji jamás había visto apareció en el campo. No muy grande ni llamativo, de un apagado color marrón, y un par de brillantes esferas rojas en lugar de ojos.

Sus alas no dejaban de batirse ni un solo instante, y lo hacían tan rápido que era imposible distinguir su movimiento.

-¡Denkeshi, sigue siendo un Pokémon volador, vamos a darle!

-¡Usa chillido!

La poderosa onda del sonido resultaba insoportable: en un intento de bloquear el ruido, Denkeshi corrió en línea recta hacia su oponente, cargando electricidad, pero al momento de disparar, el insecto ya no estaba en donde lo había visto, sino unos cuantos metros detrás de Denkeshi.

-¿Qué? ¿Cómo lo hizo?

Lina vio a su Pokémon arremeter contra el Raichu a la velocidad del rayo. Este se volvió y alcanzó a salir de su camino, aunque esto no evitó que el borde de una de sus alas le provoque un doloroso corte en un flanco.
Una expresión de dolor se dibujó en la cara del Pokémon eléctrico, mientras que un cordón de sangre brotaba de su herida.

-¡Ahora Ninjask, polvo de plata!

-¡Si es más rápido que vos, contrarrestalo, usa agilidad!

De las membranosas alas de la inexpresiva criatura salió despedido un nubarrón de brillante polvo plateado. Denkeshi concentró su velocidad y saltó por encima de este, apareciendo de improvisto sobre la abeja, pero cuando disparó un rayo que achicharró varios metros cuadrados de hierba, su oponente ya se había esfumado.

-Sigue siendo más rápido… ¿Por qué? ¡Mierda, Den, seguí usando agilidad!

Ambas criaturas se cruzaban una y otra vez, intentando asestarse sus respectivos ataques a tal velocidad que era casi imposible distinguir sus movimientos.

-¡Increíble! ¡Esto se ha convertido en un duelo de pura velocidad! ¡Tanto Raichu como Ninjask se mueven como almas que lleva el diablo! ¡Nos cuesta mucho ver con exactitud que está ocurriendo!

La rapidez de los monstruos había alcanzado tal límite, que solo podían verse sombras fugaces agitando la hierba del campo, como si fueran los mismísimos hijos del viento.
Por fin, algo cambió el ritmo del combate; una poderosa descarga vertical en una esquina del campo. Los espectadores se pusieron de pie cuando Denkeshi se hizo nuevamente visible, clavando las patas en el suelo, y derrapando con tanta brusquedad que levantó una nube de polvo al detenerse al fin.

El cuerpo completamente chamuscado de Ninjask pudo verse entre las matas de hierba, sus alas humeantes aún batiendo lentamente, como por reflejo.

-Una vez más, necesitamos de recurrir a nuestras cámaras especiales para poder definir con exactitud qué fue lo ocurrido.

Las pantallas alrededor de las gradas (aún más y mayores que las del estadio de eliminatorias) se encendieron, mostrando en cámara lenta los movimientos de los Pokémon; Ninjask perseguía a Raichu por el campo, pero este último giró repentinamente y saltó por encima de su rival, disparando al mismo tiempo su ataque, que para desgracia del insecto, fue certero. Después de eso se veía el aterrizaje de Denkeshi y los largos segundos que tardó en poder detenerse del todo.

-¡Así se hace, Denkeshi! –felicitó Touji a su muy agotado Pokémon, que parecía estar sufriendo las múltiples heridas y cortes que su oponente le había causado durante la escaramuza.

-¡Ninjask está fuera! ¡Lo que significa que a Lina solo le queda un Pokémon!

-¡Sí, pero todos sabemos muy bien que Pokémon es ese, y es muy capaz de voltear las cosas a favor de su dueña en un santiamén!

Touji tragó saliva. Sabía muy bien de qué Pokémon se trataba, y la verdad los comentarios de los locutores no le divertían para nada.

Lina tomó la Pokebola que llevaba al cuello, y la infló delante de su rostro.

-Este combate acaba de empezar –dijo con una sonrisa, mientras la arrojaba hacia arriba.

Todas las miradas estaban puestas en la esfera que giraba en el aire, y al abrirse…

Un rugido tan potente que hizo vibrar las lentes de las cámaras fue emitido del imponente monstruo. Batió sus magníficas alas cubiertas de escamas rojas, y sus intensos ojos del mismo color se clavaron con desprecio en el roedor eléctrico.

-¡Es un Salamence! -exclamó Hikari emocionada, levantándose de su asiento. Pocas cosas eran capaces de emocionarla, y una de ellas era la vista de un impresionante Pokémon dragón.

-¡El público ruge ante la esperadísima aparición del espectacular Salamence de Lina!

-Mierda… ¡Denkeshi, trueno!

A pesar de su gran tamaño, el cuerpo del dragón demostró ser sumamente aerodinámico, evadiendo el ataque con un giro completo mientras plegaba sus alas.
Denkeshi respiraba agitadamente, recuperándose del gran esfuerzo que le supuso emplear ese ataque.

Salamence decidió acabar rápido; aquello de seguro iba a serle sumamente aburrido y quería pasar a la verdadera acción, por lo que se lanzó como una bala hacia Raichu. Ante la vista de semejante bestia sobre él, este solo pudo intentar huir; no tenía buenos recuerdos de Pokémon dragones. Las muchas agilidades que había usado aún estaban en efecto, por lo que no le costó mucho apartarse de su camino, pero el monstruo interceptó su salto con un latigazo de su poderosa cola. Denkeshi comió tierra, pero Salamence no se conformó con eso; apresó al Pokémon con sus mandíbulas y lo sacudió violentamente.

-¡Este dragón es despiadado! ¡Está jugando con Raichu como lo hace un gato con un ratón antes de comérselo!

Finalmente, se cansó del juego y lo arrojó, para después rematarlo con un espectacular aliento de dragón.

Touji recogió lo que quedaba de su Pokémon, boquiabierto. El monstruo era mucho más poderoso de lo que le había parecido.

-Está bien… tranquilo… si derrotaste al Dragonite de Clair, sin duda vas a poder con este, solo porque no tenés un rayo de hielo, no significa que no se pueda… -pensó en voz alta mientras intentaba elegir el Pokémon correcto –Tal vez no tenga fuego…

-Touji parece bastante impactado por la fuerza de Salamence, pero ya eligió su siguiente Pokémon, y es…

-¡Moro, a pelear!

Lina rio para sus adentros, para después mirar a su dragón y señalarle al pájaro, indicándole lo que debía hacer.

-¡Tóxico!

-¡Lanzallamas!

La mucosidad violácea despedida del pico de Skarmory fue repelida de un aletazo de Salamence, quien vomitó un torrente de candentes llamas. Moro ganó altura para evitarlas, y agitó sus alas plateadas dos veces a gran velocidad.
El aire afilado ni siquiera rozó al dragón, quien fue en persecución del pájaro metálico.

-¡Moro, cuidado, aléjate y atacalo a distancia!

El pájaro de acero emprendió vuelo raudo en dirección opuesta a la de su perseguidor, quien tomaba aire con calma y escupía lanzallamas incesantemente. Parecía divertirse con el juego de “asar el pajarito”.

Skarmory notó lo cerca que le pasaban las flamas, y que su oponente era notablemente más veloz que ella, y decidió que la huida no la llevaría a nada.
Dio media vuelta bruscamente con sus alas envueltas en un fulgor metálico, y por inercia el dragón no pudo detenerse y se llevó un duro golpe.

-¡El ala de acero da en blanco!

Salamence se recuperó del daño enseguida y levanto la mirada hacia el ave, quien ahora hacía girar su pico como una taladradora.
Los pequeños y fríos ojos del monstruo de Lina se estrecharon, mientras sus garras delanteras se llenaban de luz azul, y cuando Moro lanzó su ataque, la agarró con ellas del cuello, quedando el pico giratorio a centímetros de su cara.

Skarmory intentó quitárselo desesperadamente al sentir como el calor de sus garras le destruía el metal del cuello en pedazos.

-¡Mierda! –gritó Touji al ver como Salamence sonreía con maldad, y simplemente dejó caer a su víctima.

Al desplomarse Skarmory, el dragón descendió tranquilamente y se posó a su lado.

Lo último que Moro distinguió fue el horripilante aliento azufroso de la bestia, y después fue tragada por las llamas.

-A pesar de no ser efectivo contra los tipo acero, la garra dragón de Salamence hizo estragos con su oponente, y el lanzallamas acabó el trabajo, ¡Salamence parece disfrutar de hacer sufrir a sus oponentes!

Touji la retiró, apenado, y a la vez enfurecido: solo le quedaban dos Pokémon.

-Es una locura pero… ¡Geroh, hacé lo que puedas!

Sceptile pisó el césped, con sus infaltables aires de superioridad. Se agazapó, y al levantar la vista hacia la bestia con la que se tenía que batir, su arrogancia continuó intacta: este Pokémon parecía desconocer el miedo.

-¡El entrenador del pueblo New Bark ha enviado a su Sceptile contra nada menos que un Pokémon dragón y volador! ¿Tendrá algún plan escondido?

-Por supuesto que no lo tiene –dijo Harry agarrándose la cara con pesadumbre.

Lina se partió de risa:

-Y tan seguro que estaba de su victoria, ahora envía a esa lagartija gigante… ¡Salamence! ¡La ensalada está servida!

El dragón despegó y se lanzó como un jet hacia su presa.

-¡Drenadoras!

Las semillas amenazaban con enredarse en el cuerpo de Salamence, pero este…

-¡Se las está comiendo! –exclamó estupefacto el locutor, y efectivamente, el dragón masticaba tranquilamente las semillas.

-Tienen muchos nutrientes –agregó Lina con una risita de burla.

-¡Mierda, nos está dejando en ridículo! ¡Geroh!

El reptil salió a la carrera, dejando atrás el aliento de dragón que encendió la hierba. En tan solo una fracción de segundo apareció detrás del monstruo. De un salto alcanzó su altura con facilidad y le dio un duro portazo en la cabeza con su espesa cola.

Salamence retrocedió, y cuando quiso contraatacar con un lanzallamas, Sceptile ya había aterrizado y corría por la arena como un relámpago verde.

-Es rápido… -murmuró Lina –pero… hay algo que no va a poder esquivar, sin importar que tan ágil sea, ¡Salamence, as aéreo!

-¡Carajo, usa detección!

Con un batir de alas, la bestia disparó una onda de viento muy similar al aire afilado de Moro, pero de una velocidad incomparablemente mayor, tanto así que cuando Geroh se protegió, el ataque ya había llegado a él.

-¡Bien, ahora contraataca! –ordenó Touji señalando al monstruo.

Pero antes de que el Pokémon hierba pudiese hacer el menor movimiento, las patas de Salamence lo aprisionaron contra el suelo con terrible fuerza.

-¡Lo atrapó! Sceptile está atrapado entre el suelo y las garras de Salamence, ¡sus minutos están contados!

-¡Mierda! –Touji sacó su Pokebola para rescatarlo, deseando que el locutor cerrara la boca.

Geroh-Kun miró a los ojos rojos de su enemigo a través del denso humo que salía de la nariz de este último. No tenía forma de escapar, pero estaba extrañamente sonriente.

Cuando el dragón abrió la boca para incinerarlo vivo, la mano del Pokémon de Touji aferró su garganta. Salamence enterró con furia las garras en el pecho del reptil, hiriéndolo, por lo que no tuvo más remedio que soltarlo, pero el daño ya estaba hecho; una semilla estaba firmemente incrustada en la rugosa piel del cuello del dragón, y de ella brotaron finas lianas, enredándose alrededor del pescuezo del monstruo, y posteriormente todo su cuerpo.

La sonrisa de Sceptile parecía querer decir: “¡Comete esto, hijo de puta!”

Enfurecido ante el truco de su rival, Salamence empleó un lanzallamas a toda potencia a un palmo de él. Cuando terminó, lo que quedaba de Geroh-Kun era imposible de describir. Mucha gente tuvo que apartar la mirada, impresionada por el espectáculo.

-Gracias Geroh-Kun, te sacrificaste con tal de plantarle la semilla… no va a ser en vano, solo me queda un Pokémon, ¡Pero vamos a ganar! –tras guardar a su lagarto, Touji infló su última Pokebola.

-¡Increíble! ¡Salamence está barriendo con el equipo de Touji, tal y como su Raichu lo hizo anteriormente con los de Lina!

-¡A Touji solo le queda un Pokémon, todos sabemos cuál es, y es uno de los pocos que pueden hacerle la competencia al magnífico dragón de Lina!

-¡Kosuke, a ganar!

-¡Tar!

-Un Pupitar… ¡Salamence, no te confíes, derrótalo enseguida!

Los fríos ojos de Kosuke seguían el vuelo lento y tranquilo de su oponente, hasta que de improviso este se lanzó sobre él, con las garras ardiendo. Antes de poder triturar su coraza con ellas, sin embargo, el Pupitar ya había desaparecido bajo tierra.

Cada vez que veía un movimiento en la superficie, Salamence disparaba su aliento de dragón, esperando darle cuando saliera, sin éxito.

-Mierda, Kosuke nunca va a poder atacar si no puede salir a la superficie…

-¡Salamence, seguí disparando!

El campo de batalla estaba completamente en llamas: ningún Pokémon sin resistencia al fuego podría haber combatido ahí sin achicharrarse.
Vomitando flamas verde-azuladas, el dragón seguía sin dar nunca en algo más que el césped ya carbonizado. Se detuvo un segundo para recobrar el aliento: estaba perdiendo energía lentamente.

-Son las Drenadoras… si esto sigue así… -murmuró preocupada su entrenadora.

-¡Ahora Kosuke, tormenta de arena!

Al ver asomar la parte superior de Kosuke de la tierra, Salamence disparó con furia hacia ahí. Pupitar soltó su tempestad y se enterró a tiempo, aunque se había llevado un fuerte ardor en la cabeza.

La tormenta atacaba con una fuerza terrible, no solo impidiendo la visión del Pokémon de Lina, sino también raspando y lastimándolo.
Trató de apartar la arena y la grava agitando con fuerza sus alas, pero era inútil, la tormenta lo superaba.

-¡Ja! Entre las Drenadoras y la tormenta de arena, ese dragón va a caer muy rápido –dijo Touji, satisfecho con su estrategia.

-Maldición, no hay oportunidad de ganar mientras Pupitar siga bajo tierra, ¡hay que sacarlo de ahí! ¡Salamence, Demoledor ahora! –ordenó Lina a su desgastada bestia.

Sin demora, esta se lanzó como un torpedo hacia el lugar donde había visto por última vez a Kosuke, girando sobre sí mismo a tremenda velocidad.

-¡Está loco, se va a estrellar contra el suelo!

Y exactamente así lo hizo, haciendo volar en pedazos más de diez metros cuadrados de tierra a su alrededor, y desapareciendo entre ella.

-¡Wow! ¡El demoledor de Salamence ha hecho estragos con nuestra arena de combate, ahora no podemos verlo ni a Pupitar! ¡Atención, todo puede pasar en esta batalla!

Touji trataba de divisar a los Pokémon, mientras se cubría de los trozos de tierra (con césped en llamas incluido) que salieron volando incluso hasta donde estaba él. Lina parecía estar en la misma situación.

De repente, todos los ojos se pusieron en una sombra rauda que salió disparada verticalmente de la tierra: era Salamence, y para horror de Touji, tenía a Pupitar sujeto entre sus garras.

Sus cuatro patas estaban siendo usadas para aprisionar y desgarrar la durísima capa protectora de Kosuke, pero el peso de este era excesivo; no iba a poder sostenerlo por mucho tiempo más, además de que la tormenta de arena seguía haciéndole daño.

Las garras del dragón quemaban a Kosuke peor que cualquier fuego que hubiera sentido, provocándole un dolor terrible. No sabía cuanto más podría soportar.

-¡Atención! ¡Este combate está a punto de terminar, ninguno de los dos Pokémon parece ser capaz de resistir mucho tiempo más!

-¡Kosuke, aguanta, ya casi ganamos!

-¡Vamos Salamence, no podemos perder!

El dragón apretó los dientes, aguantando el dolor con valor, Pupitar sufría, pero tampoco iba a rendirse.

-¡Vaya! ¡Esto es inaudito, los monstruos están muy dañados, pero se rehúsan a darse por vencidos!

Kosuke se dio cuenta de que a este paso Salamence iba a ganar. La garra de dragón estaba empezando a penetrar en los órganos sensibles de su cuerpo. Solo había una forma de terminar con este combate, y aunque no le gustara, debía hacerlo.

-Kosuke, ¿no pensarás…? -murmuró Touji, preocupado.

Una enorme roca cayó sobre la espalda de Salamence, haciéndolo rugir de dolor. A esta le siguieron muchas otras, que no solo golpearon al dragón, sino también a Kosuke, el derrumbe era impresionante.

-¡¡Ni hablar!! ¡Pupitar está usando su avalancha aún dañándose a si mismo! ¡Increíble determinación!

Muy pronto, ambas bestias se volvieron invisibles entre la cascada de rocas, que duró varios segundos más. Tanto Touji como Lina miraban la escena horrorizados; en el centro del campo de batalla se erguía una enorme montaña de piedras.

-¡Nin… ninguno de los contendientes es visible! ¡Si en treinta segundos no hay cambios, se declarará empate y la batalla tendrá que decidirse por muerte súbita!

Los segundos pasaban. La idea del empate no era del todo desagradable para Touji, pero aun así contemplaba fijamente el cúmulo de rocas, esperando que Kosuke saliera.

El réferi miró impacientemente el reloj, y cuando el silbato estaba a punto de sonar…

-¿Qué es eso? ¡Las rocas se están moviendo! Es… sí, es Pupitar, ¡¡Pupitar ha salido!!

A pesar de que la mayoría estaba del lado de Salamence, todos aplaudieron al valiente Pupitar, quién muy herido se sacudía la tierra del cuerpo.

-¡¡Salamence no puede continuar, Touji Watsuki acaba de pasar a la semifinal!! –gritaron ambos locutores al unísono, coreados por los gritos del público.

Touji sintió que podría saltar de alegría, pero como le había dicho su padre una vez; un entrenador tenía que mantener su dignidad, así que se contuvo.

Lina se acercó a la montaña de rocas, con semblante de preocupación, y comenzó a apartar los peñascos con las manos. Tras unos segundos, Touji sintió algo de pena y decidió ir a ayudarla. Después de mover las rocas más grandes, la cabeza del dragón fue visible, estaba desmayado.

Lina suspiró aliviada, acarició y agradeció a su Pokémon, y lo guardó en su Pokebola.

-Gracias –le dijo sonriente a Touji –fue un combate muy divertido, no pensé que sería tan difícil, pero fuiste un buen oponente y merecías ganar. Salamence y yo estamos muy conformes.

Touji rio nerviosamente.

-En realidad creo que vos tendrías que haber ganado, tu dragón es increíble.

Después de los clásicos: “espero que nos volvamos a enfrentar” cada uno se fue por su lado.

***

Mientras Touji caminaba hacia el centro Pokémon, sus compañeros lo felicitaron por su triunfo, así como el profesor Elm.

-Estoy sorprendido, llevaste muy bien esta batalla sin necesidad de pedirme consejo ninguna vez –dijo este último, mientras agarraba a Touji del hombro.

-Estás en las semifinales, ¡no puedo creer que ya hayas pasado! –exclamó Reiko.

-Rika también está en las semifinales… -murmuró Harry, pensativo.

-La verdad, yo tampoco puedo creer que haya pasado –comentó Hikari, en un tono que no podía ser más diferente al de Reiko.

Hablando acerca de la batalla, y de lo que le deparaban las siguientes, llegaron al centro Pokémon, y después de dejar a los monstruos recuperándose de su arduo combate, se dirigieron al edificio principal de la convención.

-¿Sí, en qué puedo ayudarlos? –preguntó la recepcionista con su siempre amable sonrisa.

-Quisiera saber con quién me voy a enfrentar en las semifinales.

-Ahá, ¿vos sos Touji Watsuki, no? Dejame ver… -dijo mientras tecleaba algo en su computadora y miraba el monitor.

Una voz fría hizo que todos se volvieran:

-No es necesario que preguntes, porque tu oponente en el próximo combate… seré yo.

Shin-Tao estaba ahí.

Sabrina

La gente anda diciendo...