Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 41: Los Origenes de una Estrella Extraviada

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 41: Los Orígenes de una Estrella Extraviada

La mano sudorosa de Harry apretaba el tubo con tanta fuerza que le dolía, pero no parecía darse cuenta.

-¿Qui-quien es usted?

-¡No hay tiempo para presentaciones! –la voz que se oía del otro lado parecía la de un anciano muy agitado.

-Oiga –dijo Harry empezando a molestarse –llama acá preguntando por un tal Harrison, el cual de seguro no soy yo, y dado que no lo conozco, no tenemos nada de que seguir hablando, buenas noches.

-¡Espere por favor! ¡Se lo suplico, no cuelgue, déjeme explicarle!

Harry se quedó en silencio unos segundos, el viejo realmente parecía desesperado, además, ¿qué podía perder?

-Ok, hable, tiene dos minutos.

-¡Ha ocurrido algo muy grave!

-¿Qué cosa?

La agitada respiración de la persona que estaba del otro lado pareció calmarse repentinamente:

-Escúcheme… quiere saber de su pasado, ¿verdad? ¿Quiere saber quién es en realidad?

Harry se quedó helado, apretando el tubo con aún mayor fuerza que antes, con una expresión muy extraña.

-¡¿Quién mierda es usted?! –gritó tras unos segundos.

Un fuerte golpe se escuchó del otro lado, como de muebles que eran violentamente arrojados al suelo.

Harry contuvo la respiración, aguzando el oído todo lo posible. Los segundos se le hicieron eternos. Por fin, la voz volvió a escucharse, esta vez parecía realmente desesperada:

-¡No puedo seguir hablando, me han encontrado! Debo escapar, por favor, si quiere averiguar la verdad venga a Ciudad Cerulean, ¡lo necesitamos!

-¡¿Cerulean?! –Harry le gritó en vano al teléfono, la comunicación se había cortado. “¿Qué carajo está pasando acá…?”

Touji asomó la cabeza desde la puerta de la cocina:

-Che, apurate que se te está enfriando la comida, ¿quién era?

Harry colgó el tuvo despacio, como si tuviera miedo de que explotara en su mano, y se dirigió a la cocina lentamente con los demás.

Una vez que se sentó, y al ver que todos los presentes lo miraban con gestos interrogantes, decidió contarles sobre la conversación.

-Esto es muy raro… -murmuró Touji tras oír la historia –si realmente es alguien de tu pasado, ¿por qué no se comunicó antes con vos?

-Tal vez no pudo hacerlo… -aludió Rika.

-¿Entonces cómo averiguó el teléfono de mi casa? Todo esto se me hace muy sospechoso.

-Estoy de acuerdo Harry, debe ser una trampa, no vayas –dijo Reiko.

-La pelirroja histérica tiene razón, mocoso, esto tiene todo el olor de ser del equipo Rocket –dijo Shin-Tao.

-Mejor escucha lo que te dice el chino ridículo, después de todo, él sabe lo que es caer en una trampa de los Rockets… -comentó Touji con una mueca sarcástica.

-¡¿Qué fue lo que dijiste?! –gritó Shin mientras se paraba.

-¿Qué, querés pelear? –gritó Touji mientras hacía lo mismo.

-Ey, tranquilos –el padre de Touji levantó una mano, pidiendo paz –no quiero que se agarren a golpes como pelotudos acá adentro, si se quieren pelear vayan afuera.

-¡Ya basta! –Dijo Rika, molesta –esta situación es algo serio, déjense de estupideces y siéntense –automáticamente Touji y Shin apoyaron sus traseros en sus sillas.

-Los dos son unos idiotas –soltó resueltamente Hikari.

Harry permanecía en completo silencio, con la mirada perdida en algún lugar.

-Harry –le dijo Reiko en tono comprensivo –vos sos el que tiene la última palabra, pero decidas lo que decidas, no vayas a hacer nada sin avisarnos antes, ¿ok?

-Sí –respondió este saliendo de su ensimismamiento.

La noche ya había caído hacía rato, y todos dormían… todos, menos Harry.

El chico tenía la vista fija en el techo, estaba tendido sobre un viejo colchón en el suelo, con las manos detrás de la nuca. No podía sacar de su cabeza la misteriosa llamada, ¿quién sería ese viejo? ¿Sabía realmente algo de su pasado y sus orígenes? ¿Era una broma de mal gusto? No, eso no tenía sentido, las piezas encajaban demasiado bien como para ser una broma, entonces, de seguro era una trampa del equipo Rocket, no se le ocurría otra cosa, pero… ¿Y si no lo era? ¿Y si realmente había encontrado una pista sólida y la estaba ignorando? ¿Qué tal si realmente lo necesitaban en Cerulean?

Pasaron las horas… y Harry no había podido pegar un ojo en toda la noche. Miró su reloj, eran ya las siete de la mañana. Se puso de pie con determinación, ya estaba decidido.

-“No puedo dejar pasar esto, tengo que ir” –pensaba mientras se colgaba la mochila del hombro y revisaba que sus Pokebolas estuvieran en orden. “Pero… si es una trampa del equipo Rocket… no puedo poner a los demás en peligro, ¡esto lo tengo que resolver yo solo!”

El chico salió en silencio, echándole una última mirada a sus compañeros, que aún dormían (bueno, a Touji y a Shin, ya que las chicas estaban en otros cuartos de la casa).

-Espero que me perdonen… -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí, haciendo el menor ruido posible.

Ni bien escucharon el sonido de la puerta al cerrarse, Touji y Shin se sentaron.

-En que carajo está pensando este pelotudo al ir solo ahí… -dijo Touji con seriedad.

-Que haga lo que quiera, ya tiene edad para cuidarse solo –dijo Shin sin prestarle mucha atención.

-Me preocupa… se va a meter en quilombos…

En ese momento Reiko apareció en la sala, con el cabello suelto y despeinado, y una cara de zombie bastante notoria, que pareció borrársele al ver a Touji y a Shin.

-¿Qué pasa? –preguntó mientras miraba a los dos alternativamente, mientras que Rika y Hikari también se hacían presentes.

-Nada, ¿qué puede estar pasando? –respondió Touji sin mucha convicción.

-No me tomes por boluda, si los dos están despiertos y no están peleando significa que algo pasa –dijo ella mientras se ataba el cabello.

-¿Se trata de Harry? –preguntó Rika seriamente.

Ambos muchachos guardaron silencio unos segundos.

-Sí –dijo Touji.

El sol de la mañana entibiaba el cuerpo de roca de Aerodactyl, mientras el viento sacudía el corto cabello rubio de Harry.

-Veamos… -el chico se subió los lentes con una mano y comenzó a mirar el paisaje a su alrededor –Hmm… no estoy del todo seguro de que Cerulean esté por este camino…  Aún no veo rastros del mar, y para llegar a Kanto se supone que tenemos que cruzarlo… -soltó un suspiro, con aire de pesadumbre –los demás van a enojarse mucho cuando se den cuenta de que me fui solo… pero, no hay otra manera, no puedo ponerlos en peligro por mis boludeces… Kenji, volá un poco más alto, quiero una vista más amplia.

El Pokémon asintió y con un batir de alas se elevó unos cuantos metros más.

En ese instante, algo duro golpeó la cabeza de Harry.

-¡Mierda! –se quejó este mientras una piedra caía sobre su mano –¡¿quién fue el pelot…?!

-¡Ey! ¡Pedazo de idiota! ¡Si querías ir a Cerulean, por lo menos hubieras conseguido un mapa!

-¿Eh? –Harry volvió la cabeza, y ahí vio a Skarmory, con Touji y Rika en su espalda, el primero arrojando al aire y atrapando una piedrita repetidamente, la segunda saludándolo sonriente con la mano.

-Pero que… -Harry volvió a fijar la vista al frente, y ordenó a Kenji que acelere, pero frente a él surgió un enorme halcón. Pidgeot estaba ahí.

-Mocoso estúpido, ¿qué ganas con ir solo a la boca del lobo? –preguntó Shin-Tao con su amabilidad habitual.

-Harry, te dije que nos avisaras antes de hacer algo, somos tus amigos, sabes que podés confiar en nosotros –dijo Reiko que estaba detrás de él, mientras que levantaba un pulgar en señal de apoyo.

El chico se quedó en silencio unos segundos.

El enorme Dragonair de Hikari apareció al lado del Aerodactyl repentinamente, con su dueña sobre él, por supuesto.

-¿Y vos que estás haciendo acá? –preguntó Harry sorprendido.

Ella se encogió de hombros:

-No tengo nada mejor que hacer, y si los Rockets te van a matar, quiero estar para verlo, será divertido.

Harry bajó la mirada, y se secó las lágrimas que comenzaban a aflorar, no podía creer que tuviera tan buenos amigos.

-Gracias a todos… -dijo mientras levantaba los ojos húmedos.

-¡Vamos, vamos! –dijo Touji burlonamente –no te pongas a llorar como una nena ahora, ¡tenemos mucho que hacer por culpa de tu inutilidad!

-¡Nadie te pidió nada, vago de mierda! –repuso Harry recuperando su habitual comportamiento.

-¡Ja! ¡Así me gusta! Y ahora vamos, ¡Kanto nos espera! –gritó Touji señalando el cielo con el dedo, acompañado de un graznido de Moro.

-Ehm… Kanto queda para el otro lado… -dijo Hikari entornando los ojos.

Touji casi se cae de Skarmory.

-Bu-bueno, da lo mismo, la cosa es que tenemos que ir –dijo con una gota de nerviosismo surcando su cabeza.

-Imbécil –soltaron Shin y Hikari al unísono.

Muy pronto las cuatro bestias voladoras doblaron hacia Cerulean a toda velocidad. Afortunadamente, Rika conocía el camino.

-¿Dónde mierda se metieron estos pendejos? –gruñó el padre de Touji mientras se rascaba el abultado vientre y apartaba una silla de su camino. Ya iba a salir a buscarlos cuando encontró una hoja de papel adherida a la puerta de la heladera con un imán, la despegó y leyó con el entrecejo fruncido:

”Nos fuimos a Cerulean, ya sé que no te importa, pero no va a pasar nada. No sé cuanto tardemos, tal vez un día, tal vez una semana, como sea tené la heladera llena de cerveza para cuando volvamos. Touji”.

-Pendejo pelotudo… no puede dejar de meter la nariz donde no lo llaman –dijo molesto mientras arrugaba la nota –será mejor que le avise al profesor…

-Mierda, ¿cuándo vamos a llegar? –se quejó Touji mientras sentía el trasero entumecido de estar tantas horas sobre Skarmory.

-Bueno, Kanto queda muy lejos, pero ya falta poco –respondió Rika mientras miraba a su alrededor, para asegurarse de que iban por el camino correcto.

-Para la próxima me voy a conseguir un pájaro como el que tiene el chino, esta cosa de acero me está dejando el culo como una tabla.

Shin habría acotado algo sobre la queja de Touji, pero prefirió quedarse callado.

-Parece que el señor “no-me-importa-nada” se está ablandando –le dijo Reiko –¿o como explicarías el por qué estás acá?

-No te confundas –replicó secamente el chino –solo vine para asegurarme de que no le pasara nada malo a Sakurai, no me interesan las estupideces de ese mocoso.

Hacía ya tres horas que volaban, y habían visto paisajes de todo tipo, lagos inmensos y cristalinos, tupidos bosques de coníferas interminables, cerros largos y regulares, y de vez en cuando alguna que otra montaña.

Se detuvieron a descansar y comer una hora y reanudaron el trayecto.

Después de un rato llegaron al océano, donde la vista se volvió bastante repetitiva. Tras unas dos horas sin ver nada más que algún que otro Pokémon de agua, decidieron hacer una pequeña carrera, en la cual Touji y Moro por supuesto quedaron en último lugar, siendo el ganador Shin y su veloz Pidgeot.

Gracias a esta pequeña competencia, llegaron más pronto de lo que esperaban:

Cerulean era una ciudad de mediano tamaño, parecía tranquila, la mayoría de las construcciones eran casas, con algún que otro edificio pequeño, un centro Pokémon, y el gimnasio de la ciudad por supuesto. A lo lejos se podía ver el largo puente rodeado de árboles que salía de las afueras de la ciudad y llevaba a la ruta que conducía al enorme faro.

-Acá es… -dijo Rika mientras miraba a su alrededor con algo de nostalgia. Hacía ya mucho tiempo que no visitaba Kanto.

Harry solo observaba en silencio.

-Los Pokémon han de estar cansados después de un viaje tan largo, será mejor que vayamos al centro Pokémon –recomendó Reiko, a lo que los demás accedieron.

Los cuatro monstruos aterrizaron en plena calle principal, frente al edificio con la P en el techo. De más está decir el efecto que causó semejante grupo de bestias en los ciudadanos que casualmente pasaban por ahí.

Muy pronto una multitud se reunió alrededor de ellos, murmurando y señalando.

-Ey, ¿por qué nos miran así? ¿Qué, tengo algo raro en la cara? -soltó Touji.

-No me obligues a responder a eso –replicó Shin mientras bajaba de un salto de Pidgeot, seguido de Reiko.

-Se acabó el espectáculo –dijo Hikari mientras guardaba a su Dragonair, los demás también guardaron a sus Pokémon e ingresaron al centro, mientras a sus espaldas la gente se retiraba preguntándose quienes eran esos extraños forasteros que llegaban montados en enormes bestias.

Después de dejar sus Pokémon con la enfermera, se sentaron a discutir que era lo que iban a hacer:

-Bueno Harry, ¿dónde dijo ese tipo que tenías que ir? –preguntó Reiko.

-En realidad… solo dijo que tenía que ir a Cerulean…

-¿Nada más?

-Nada más.

-Mierda, ¿Y cómo carajo vamos a saber donde buscar a ese tipo? –saltó Touji –¡Podría estar en cualquier parte de la ciudad!

-Bien hecho, idiota –se quejó Hikari señalando a Harry.

-¡Ey! ¡Si te molesta tanto andate, nadie te pidió que vinieras! –se defendió este.

-No es momento de discutir –dijo Rika –tenemos que encontrar a esa persona, Harry, ¿en la conversación no escuchaste nada que pudiera indicarnos desde dónde hablaba?

-No… lo único que escuché además de su voz fue un ruido como de mesas que eran arrastradas…

-Hmm… ¿dónde puede haber mesas…? –preguntó Touji pensando en voz alta.

Todos lo miraron con cara de “no puede ser TAN idiota”.

-¡Bien, entonces haremos esto! –anunció Reiko mientras se ponía de pie y apoyaba con un golpe en la mesa un mapa de la ciudad –nos dividiremos en grupos y buscaremos en todos los bares y restaurantes de la ciudad, yo voy con Touji.

-¿Quién murió y te nombró líder? –le espetó Hikari.

-¡Vos callate!

-Me parece bien –dijo Shin tranquilamente mientras se paraba, ante la sorpresa de todos –yo voy con Sakurai.

Touji lo miró de reojo, claramente molesto.

-¿Entonces yo tengo que ir con este? –preguntó Hikari señalando a Harry con desdén.

-Así es –dijo Rika sonriente.

-¡De ninguna manera! –gritaron los dos a coro.

-Vamos, no sean infantiles, Harry, demostrá que sos más maduro, ¿querés averiguar la verdad o no?

-Es cierto, voy a ir aunque tenga que aguantar a esta estirada de mierda.

-Bah, ok, pero si te me acercas más de un metro te va a doler.

-Como si quisiera…

-Bueno, bueno, mejor nos vamos, nos encontramos acá dentro de una hora, ¿ok? –dijo Rika.

-Bien –accedieron los demás.

Así, después de recoger a sus Pokémon, los seis se separaron por diferentes caminos de la ciudad. Entraron a todos los bares, tabernas y restaurantes que pudieron encontrar, preguntando a los encargados si habían visto algo sospechoso.

Al cabo de la hora acordada, el grupo se reunió nuevamente en el centro Pokémon.

-¿Encontraron algo? –preguntó Touji.

-Nada –dijo Shin inexpresivamente.

-Nada –dijo Harry mientras se dejaba caer con aire de pesadumbre en una silla.

-Nada… -dijo Rika en voz baja.

-Mierda… esto no nos está llevando a ningún lado… ¿qué hacemos ahora?

Justo en ese instante la enfermera se acercó a ellos:

-Disculpen, ¿quién de ustedes es Touji Watsuki?

-Yo soy –dijo Touji mientras se incorporaba.

-Tenés una llamada.

Touji fue hacia el teléfono, y se sorprendió bastante al ver el rostro delgado del Profesor Elm.

-“Mierda” –pensó al ver que la expresión de su tutor no era para nada amigable.

-¡¿En qué estabas pensando Touji?! –gritó pegando la cara a la pantalla –¡¿En qué pensabas cuando decidiste irte a Kanto sin dejar ningún aviso más que una nota?!

-Disculpe… ¡pero es que era muy importante! –se excusó él.

-Está bien, está bien, después hablaremos de eso –dijo mientras hacía señas de impaciencia con la mano –al menos decime para qué se fueron todos allá.

-Bueno, es que…

-Bah, después me contás –interrumpió hablando rápidamente –la cuestión es que tu llegada a la ciudad es más que oportuna.

-¿Por qué?

-Ha ocurrido algo terrible… Bill del faro… ha sido secuestrado.

-¡¿Qué?! –gritaron todos los demás a coro, que estaban detrás de Touji.

-Así como lo escucharon, al parecer una enorme cantidad de Rockets están ocupando el faro de Cerulean, no sabemos su número, pero seguramente son más de doscientos.

-¡¿Doscientos?! –gritó Touji atónito, mientras que la expresión de Shin se transformaba radicalmente al escuchar la palabra “Rockets”.

-Sí, han copado el faro y lo peor, tienen a Bill de rehén, y una cantidad enorme de Pokémon de toda clase custodiando el lugar –dijo con seriedad.

-¿Qué piden para liberarlo? –preguntó Rika.

-Un camión lleno de Master balls, cosa completamente imposible de cumplir.

-¡Mierda! ¿Y qué es lo que van a hacer?

-La Elite Four está muy ocupada con otros asuntos, y los líderes no pueden dejar sus gimnasios.

-¿Entonces…?

-Touji, Rika, Shin, Reiko, Harry y Hikari –dijo en tono solemne el profesor –¡Ustedes van a rescatar a Bill!

-¡¿Queeé?!

-Eso mismo, ustedes son excelentes entrenadores, tienen experiencia en lidiar con oponentes numerosos, y ya están en la zona de los hechos, ¡estoy seguro de que van a lograrlo!

-P-pero… espere un momento, nosotros estamos acá por…

-Los llamaré más tarde y les daré más información sobre lo que tienen que hacer, ¡no se separen y tengan mucho cuidado! –dijo el Profesor, y colgó el teléfono.

-¡Es una locura! –dijo Touji irritado mientras se volvía a sentar alrededor de la mesa con sus compañeros.

-Estoy de acuerdo, demasiado riesgo para mi gusto –dijo Reiko -¿Por qué arriesgar nuestras vidas por un tipo que ni siquiera conocemos?

Shin permanecía en silencio, con la mirada más gélida que de costumbre.

-A mí no me interesa meterme en algo tan peligroso si no voy a sacar ningún provecho… -dijo Hikari cruzándose de brazos.

-Vamos, no sean así, si podemos hacer algo para ayudar, creo que deberíamos intentarlo… -dijo Rika tratando de animar a los demás.

Harry apoyó la cabeza sobre la mesa, con los ánimos por el suelo. Sentía que nuevamente sus problemas pasaban a un segundo plano, siempre había sido así.

En ese instante oyeron el sonido de las puertas automáticas del centro, un hombre entró dando tumbos, y sin siquiera mirar al grupo se dirigió al mostrador a hablar con la enfermera. Era un anciano de mediana estatura, con muy poco cabello gris y vestido con un sobretodo de cuero, cuyas solapas estaban levantadas hasta las orejas, dejándole el rostro casi totalmente cubierto.

La enfermera no estaba en su puesto, por lo que el viejo comenzó a repiquetear en el mostrador nerviosamente con los dedos, mirando a su alrededor, y en una de esas miradas, encontró lo que tanto había estado buscando. Se quedó inmóvil unos instantes, como asegurándose de que no había ningún error, y finalmente exclamó:

-¡¡Señor!!

El viejo prácticamente corrió hacia la mesa donde estaba Harry –¡¡realmente es usted!! ¡¡No tiene idea de cuanto me alegra ver que está a salvo!!

-¿Ehhh? ¿Y usted quien es? –dijo Harry mientras arrastraba su silla lejos del viejo.

-Oiga viejo, cuando tome al menos tenga la decencia de irse a algún lugar donde no moleste a nadie –terció Touji -a la gente no le gusta lidiar con ebrios.

El anciano miró a Touji como quien mira una cucaracha:

-Guarda silencio, niño, no te involucres en lo que no es de tu incumbencia.

-¡¿Qué?! ¡No voy a tolerar que un viejo borracho me hable así! –saltó el entrenador.

-Cálmense los dos. Discúlpelo señor, es que estamos un poco alterados –dijo Rika sonriendo nerviosamente –¿Por qué no nos dice quién es y de dónde conoce a Harry?

-¿Harry? Ah, se refieren al señor Harrison.

-¡¿Señor Harrison?! –repitieron todos a la vez.

-¡¡Entonces usted es el de la llamada!! –gritó Harry señalándolo.

Los seis entrenadores se pusieron de pie con brusquedad, tirando algunas sillas al suelo. Cada uno tenía una mano tocando una de sus Pokebolas.

-¡¿Quién lo manda, viejo?! –interrogó Touji agresivamente.

-Esperen por favor, no me hagan daño –gritó el anciano mientras levantaba las manos desesperadamente –no estoy armado, por favor, ¡tienen que escucharme!

Se hizo un prolongado silencio. El viejo se sintió escudriñado por los seis pares de ojos.

-De acuerdo… pero no intente nada raro –dijo Reiko finalmente, mientras le indicaba que se sentase, cosa que el anciano hizo, seguido de los demás.

-Bueno, lo escuchamos –dijo Hikari mientras se cruzaba de brazos.

-Está bien… mi nombre es Arthur, trabajaba como mayordomo en el faro del señor Bill, pero desde que ha ocurrido esta terrible catástrofe…

-¿Y eso que tiene que ver con Harry? –preguntó impacientemente Touji.

-¡A eso iba, dejame terminar! Como decía, hemos estado buscando al señor Harrison desde hace meses. Desde que el señor Bill lo envió a buscar ese paquete…

-¡¿Qué mierda tiene que ver el tal Bill en todo esto?! –preguntó Touji con hartazgo.

-¡¡Todo!! –respondió el anciano -Usted es… usted es…

-¿Qué? ¡¿Qué soy?! –preguntó Harry sintiendo que se le iba a salir el corazón.

-Usted es el hermano menor del señor Bill.

Hubo un instante de silencio, todos se quedaron mirando al viejo estupefacto, hasta que…

-¡Wajajajaja! –comenzó a reír Harry ruidosamente –¡El hermano de Bill! ¡Jajajaja!

Arthur lo miraba con perplejidad.

-No sé que tiene de…

-Ok, ahora cuénteme una de vaqueros –dijo Harry cuando pudo parar de reír.

-No es un chiste –dijo muy serio el hombre –usted es el hermano de Bill, ¡Y esta es la prueba! –con un rápido movimiento tomó una Pokebola del cinturón de Harry, que tenía una extraña marca dorada en la parte superior.

-¡Es-espere! ¡¡No abra eso acá!! –gritó Harry alarmado, pero demasiado tarde, la luz de la Pokebola se materializó mostrando la gigantesca figura de Gyarados, que soltó brillantes chispas rojas.

-¡Kyo, agacha la cabeza o vas a hacer mierda el techo!

Afortunadamente, el monstruo acató la orden a tiempo e inclinó su enorme cabeza para evitar destruir el techo del centro.

-¡Oiga viejo! ¡¿Está mal de la cabeza?! ¡¿Cómo se le ocurre hacer algo así?! –le gritó Touji.

-¡Vaya! ¡Veo que no ha perdido el tiempo con el Pokémon especial que su hermano le regaló! –dijo Arthur mirando al Gyarados asombrado.

-Déjese de joder con eso de “mi hermano” ¡Yo no puedo ser el hermano de Bill!

-Estoy de acuerdo –dijo Hikari –este novato sin clase no puede ser familiar de tan respetada autoridad.

-¡Vos callate!

-¿Y por qué no puede? –preguntó el anciano mirando fijamente a Harry.

Algo se encendió en la cabeza de Touji; recordó que desde que conoció a Harry, siempre le había parecido muy inteligente y sabía muchísimas cosas sobre los Pokémon, cosas que para cualquier niño de su edad eran imposibles de saber. ¿Cómo era posible que supiera todo eso? La única explicación era…

-Porque… ¡simplemente porque es imposible! –respondió Harry.

-No lo es –dijo Touji de pronto.

-¡¿Qué?! –gritaron Harry y Hikari al unísono.

-Es cierto –dijo Rika –Harry, ¿cómo podés estar seguro de que no está diciendo la verdad? Después de todo, las piezas encajan. ¿O de otra forma como pudiste conseguir un Magikarp brillante y un huevo de Aerodactyl? Las personas comunes no tienen acceso a ese tipo de cosas, además, siempre mostraste conocimientos superiores en materia de Pokémon, conocimientos que no cualquiera tendría…

-Pe-pero… yo… yo no puedo ser hermano de Bill…

-¡Claro que puede, y lo es! –dijo Arthur regresando a Kyo a su Pokebola y devolviéndosela –el señor Bill le había regalado este Pokémon cuando cumplió los doce años, no hay posibilidad de error.

-Pero entonces… como fue que terminé… ¡Mierda, no recuerdo nada! –gritó muy confuso, sujetándose la cabeza.

-Harry, cuando nos conocimos dijiste que no podías recordar nada de tu pasado, entonces, algo ocurrió que hizo que perdieras la memoria… -dijo Rika, y después se dirigió al viejo –¿usted lo sabe, cierto? Continúe por favor –pidió amablemente.

-Muy bien, gracias jovencita –el anciano se aclaró la garganta y continuó:

-Todo comenzó cuando el señor Bill lo envió a Johto a buscar una entrega especial que se había retrasado, más precisamente a la ciudad de Goldenrod. Podría haberlo enviado en un Pidgeot, pero usted se rehusó, diciendo que quería aprender a viajar solo, para algún día salir en su propio viaje. Así que se tomó un barco que lo llevó a Goldenrod, y desde ahí tenía que recoger el paquete y tomarse un avión de regreso. Antes de ir al aeropuerto llamó por teléfono para avisar, recuerdo que era de noche, muy tarde.

-¿Y qué fue lo que le pasó entonces? –preguntó Reiko.

-Pues… pasaron los días, y comenzamos a preocuparnos mucho por su retraso, pensamos que algo debió pasarle, así que fui enviado a buscarlo, pero no lo encontré por ninguna parte, había desaparecido. Así que decidimos enviar a una excelente detective para averiguar qué le había ocurrido. El señor Bill estaba destrozado, temía mucho que los Rockets lo hubieran atrapado… el paquete era valioso, por lo que pensó que podría estar en peligro.

Harry escuchaba con mucha atención.

-Le costó mucho reunir todos los datos, pero gracias a esa detective averiguamos todo lo que realmente ocurrió; usted ya tenía el paquete y se estaba dirigiendo al aeropuerto después de hacer la llamada, cruzó una calle oscura y vacía, y… ahí fue donde ocurrió la desgracia.

-¿Qué, que pasó? –preguntó Touji.

Un auto se acercó a toda velocidad… el conductor al parecer venía con mucha prisa o estaba ebrio, y lo atropelló.

Harry abrió los ojos de par en par.

-¿Me… atropelló?

-Así es, y el muy miserable escapó dejándolo solo. Pero alguien lo encontró, un anciano muy generoso, que cuidó de usted en su cabaña en las afueras de la ciudad hasta que se recuperó. Pero al parecer, el golpe que recibió había sido muy fuerte, por lo que su memoria quedó afectada.

Pero antes de descubrir todo eso… todo lo que la detective pudo averiguar fue que usted dejó la ciudad acompañado, acompañado de ellos –dijo el viejo señalando a Touji y a Rika –al señor Bill le pareció muy extraño todo aquello, ya que usted no tenía planeado encontrarse con nadie, y no tenía sentido que no tratara de contactarse con el Faro, así que contrató a la detective para que lo siguiera, prometiendo una excelente paga y buena publicidad, y así comenzó a seguirlo.

Y hace tan solo una semana, los Rockets tomaron el Faro, secuestrando al señor Bill. Llegaron muchísimos, no pudimos hacer nada, y la policía local tampoco, pero… yo logré escapar. Y cuando estaba saliendo de la ciudad, vi un Pidgey que iba camino al Faro, pero cayó antes de llegar. Fui a buscarlo con mucho cuidado de no ser descubierto, el Pidgey había sido derribado por uno de los Pokémon que vigilaban el faro, y tenía una nota atada a su pata. La nota era de la detective: decía que había alcanzado a su grupo en Blackthorn, aunque los había perdido, pero de cualquier manera tenía información sobre su ubicación y el teléfono de donde podía encontrarlos.

Así fue como los llamé desde un pequeño bar que está en las afueras, pero antes de poder explicar correctamente las cosas, los Rockets entraron buscándome, así que tuve que escapar.

Harry estaba atónito, había escuchado toda la historia, pero todavía no la asimilaba del todo, entonces… ¿Realmente era el hermano de Bill? ¿Todo lo que le había dicho era cierto? Y si era así, ¿Por qué todavía no recordaba nada?

-Soy… soy el hermano de Bill… -dijo en voz baja.

-Así es señor, ¡usted es un futuro investigador Pokémon famoso!

-¡Mierda! ¡Yo sabía que de algo tenías que servir! –dijo Touji alegremente mientras le revolvía el pelo a su compañero.

-¡Es increíble Harry! –le dijo Rika emocionada –¡y ahora que te veo bien si te pareces a Bill!

-Ni hablar –dijo Hikari incrédula –este fracasado… ¿Pariente de sangre de Bill?

Reiko también felicitó a Harry, tratando de tapar los comentarios de Hikari. Shin solo observaba en silencio.

-Soy el hermano de Bill… -repitió, como si no acabara de creérselo.

-Si señor, y ahora su hermano está en grave peligro, ¡lo necesita!

-¡Tenemos que salvarlo! –gritó el chico poniéndose de pie –¡ahora que encontré a mi familia, no permitiré que los Rockets me la arrebaten!

-¡Así se habla Harry! –dijo Rika sonriente mientras se incorporaba.

-Supongo que no tenemos opción… -dijo Touji con resignación, también parándose –si es familiar de Harry, hay que ayudarlo.

-No puedo dejarlos solos… –dijo Reiko imitándolos.

-Bah, no tengo nada más interesante que hacer, y además, hasta que no lo oiga del propio Bill, no me voy a convencer de que este perdedor es su hermano –agregó Hikari.

-Muchas gracias –dijo Arthur con lágrimas de gratitud en sus ojos –señor Harrison, no hay duda de que usted tiene la sangre generosa del señor Bill en sus venas.

-No agradezca viejo, en realidad nosotros deberíamos disculparnos por haberlo tratado mal, después de todo, pasó por muchos peligros para comunicarse con nosotros. Y otra cosa, deje de llamarme “Señor Harrison” me llamo Harry, ¿ok?

El anciano solo asintió con la cabeza.

-Bueno, ¿y qué esperamos? –dijo Touji mientras daba el primer paso hacia la puerta.

-Idiota, no podemos ir a atacarlos así como así, están muy bien organizados y son muchísimos más que nosotros, necesitamos un plan –dijo Shin desagradablemente.

-Además, el profesor Elm dijo que iba a llam… -comenzó a decir Rika, siendo interrumpida por la voz de la enfermera Joy:

-¡Tienen una llamada del Profesor Elm!

Los siete prácticamente se abalanzaron sobre el videoteléfono, Touji agarró el tubo como desesperado.

-¡Profesor! ¡No sabe de lo que nos acabamos de enterar!

Y así le contaron toda la historia.

-Increíble –dijo con una expresión parecida a la que pusieron ellos al enterarse de la verdad –¡muchacho, sabía que tenías madera de investigador! –el Profesor se aclaró la garganta:

-Pero hablaremos de eso más tarde, ¡ahora tienen que rescatar a Bill! Escuchen, esto es lo que tienen que hacer: crucen el puente y sigan por la ruta que lleva al faro, antes de llegar verán un pequeño campamento de la policía, ahí la oficial Jenny les dará todos los detalles que necesiten, dense prisa, ¡y por favor tengan mucho cuidado!

-Lo tendremos, hasta luego.

El grupo salió del centro, y montando en sus Pokémon, no tardaron en llegar a su destino.

-Ustedes deben ser los entrenadores que envió el profesor Elm de Johto –dijo una muy tensa oficial Jenny –vengan conmigo por favor.

La oficial los guio al interior de una tienda improvisada donde había otros policías, y una mesa repleta de papeles desparramados.

-Escuchen, los Rockets tienen a Bill en la cima del faro, o eso es lo que creemos, vigilado por los agentes más competentes y sus Pokémon, pero para llegar hasta él tienen que pasar por trece pisos muy custodiados, si lo hacen a lo bruto todos los guardias se les van a echar encima, y además de ustedes, corremos el riesgo de que maten a Bill, así que tienen que ser muy discretos. Se dividirán en equipos, y cada uno entrará por un área diferente para ir despejando el camino a sus compañeros, ¿alguna pregunta?

Touji levantó la mano.

-¿Si?

-Bueno… si tienen a Bill arriba, ¿no sería más fácil si entramos directamente con nuestros Pokémon voladores?

-Lo hemos intentado, enviamos a agentes con Pidgeots a hacer el trabajo, pero fueron derribados por electricidad muy poderosa, creemos que tienen Jolteon de alto nivel vigilando todas las ventanas, y eso no es todo, uno de los agentes llegó a ver más de una docena de Cloyster dentro de esa sala, o sea que pueden explotar en cualquier momento y son sumamente peligrosos.

-Cloyster… eso quita la posibilidad de entrar con Flygon –dijo Hikari malhumorada.

-Parece que están muy bien organizados… esto será difícil… -dijo Rika pensativa.

Jenny continuó explicándole todos los detalles necesarios. Cada uno tenía un walkie talkie para comunicarse entre sí.

Touji estaba agazapado, oculto entre unos arbustos junto con Denkeshi, desde donde vigilaba a una pareja de Rockets que hacían guardia en la puerta junto con dos robustos Poliwrath de apariencia muy agresiva.

-Acá Sonic, estoy en posición y listo para empezar –dijo Touji en voz baja al comunicador.

-Acá Knuckles, estoy en la entrada oeste, los demás ya están preparados, cambio y fuera –dijo la voz de Harry.

-Muy bien Denkeshi, ¿estás listo? Ya sabes que hacer –le dijo a su Raichu en un murmullo.

La batalla para rescatar a Bill estaba a punto de comenzar.

Sabrina

La gente anda diciendo...