Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 40: De Vuelta en Casa

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 40: De Vuelta en Casa

El sol se alzaba imponente sobre las altas montañas. Algo surcaba el cielo teñido de naranja, muy velozmente, algo oscuro, que contrastaba claramente con el paisaje del crepúsculo matutino; un moderno y pequeño helicóptero negro.

-Lo supuse, al final estaba en lo cierto… Kosuke ha cambiado, se ha… ablandado –dijo una chica cuyo rostro estaba parcialmente cubierto por unos mechones de pelo rubio.

-¿Y qué esperabas? ¿Que deje morir a su discípula? –respondió su compañero mientras echaba una rápida mirada por la ventanilla de cristales polarizados.

-No estamos seguros de que el jefe iba…

-Vamos, Nabiki –cortó el joven –bien sabemos lo que Giovanni iba a hacer con la niña si Kosuke no se deshacía de ella.

-No tenía razones…

-No las necesita, el hecho de que sepa algo de nosotros es suficiente motivo para hacerla desaparecer.

-¿Y qué tenés para decirme del pendejo? Kosuke ha ignorado completamente las órdenes que tiene de liquidarlo.

Tatewaki calló unos instantes, pensativo.

-¿Crees que pueda asesinar a su propio hermano…?

-¿No ha hecho ya cosas peores?

Silencio de nuevo.

-Él no es como nosotros… nunca se dejó controlar completamente por la organización… -comenzó a decir Nabiki.

-Nosotros no tenemos opción… no tuvimos…

-Y es por eso que actualmente no goza de la plena confianza del jefe.

-¿Eso pensás? Tal vez… tal vez podríamos…

La expresión de Tatewaki se endureció.

-De ninguna manera, nuestra fidelidad es indiscutible, al menos la mía lo es, yo no olvidaré lo que hizo por mí en esos momentos difíciles…

-Pero Kosuke…

-¡Al carajo con Kosuke! -gritó, perdiendo su calma habitual -Si quiere arruinarse la vida que lo haga, yo no lo imitaré.

Nabiki soltó un suspiro.

-Nuestras vidas ya están arruinadas… desde el día en que…

-No sigas… no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Ambos callaron largos minutos.

-¿Qué crees que haya pasado en la base? Esa explosión fue muy fuerte –dijo Tatewaki.

-Lo vamos a averiguar en cuanto terminemos con lo que se nos ordenó.

 

Unas cuantas horas más tarde, un particular grupo continuaba su viaje…

-¡Las pelotas! ¡Pendeja engreída, te digo que esa mierda cae con un Rayo de Hielo!

-¡Callate enano idiota! El Rayo de Hielo será efectivo, pero ¿y qué si no puede dar en el blanco?

-¡Si tuvieras algo en esa cabeza además de ese horrible pelo celeste te darías cuenta de por más ágil que sea no puede esquivar para siempre!

-¡Pero puede atacar mientras esquiva, retardado! Y además… ninguno de tus Pokémon tiene el rayo de hielo… creo que no te alcanzaron tus moneditas para comprarte la TM.

-¡Un entrenador no se mide por la cantidad de maquinitas que pueda comprar!

Harry y Hikari discutían acaloradamente.

-Por el amor de dios, con Touji y el chino ya teníamos suficiente –se quejó Reiko dando un bufido de exasperación.

-Y apenas son las diez de la mañana…  estuvieron así desde que nos levantamos -dijo Rika mientras bostezaba.

-¡Idiota mugriento!

-¡Capitalista mal teñida!

-¡Callate mantenido de cuarta!

-¡Al menos yo no tengo nombre de tren!

Touji y Shin los miraban de reojo mientras caminaban.

-“Bah, principiantes” –pensaron al unísono.

Hacía un día excelente, caluroso pero no insoportable, una fresca brisa recorría los pasajes montañosos.

Los ahora seis entrenadores seguían el curso de un pequeño riachuelo, que se escurría velozmente por entre las rocas, con un sonido muy agradable, que acompañado por el trino de las aves le daba un ambiente muy alegre al paisaje.

El trayecto continuó sin contratiempos, viajaron hasta que anocheció, acamparon y siguieron viajando. Fueron días tranquilos, Touji sostuvo varios combates contra entrenadores bastante hábiles, incluyendo uno que llevaba consigo un Venusaur muy poderoso y a muy alto nivel, así que decidió que era un buen combate para que Volco se estirara un poco y no perdiera práctica.

Muchos entrenadores que pasaban por ahí tenían Pokémon fuertes, como Rhydon, Machamp, Magneton, Vileplume, y varios más.

Touji se las arregló para ganar la mayoría de sus combates, por lo que estaba muy conforme con los resultados. Pero cada vez que iba a elegir a Moro, recordaba lo ocurrido hacía un par de noches. A pesar de que le había dado una Hiper poción y muchos cuidados, aún no consentiría que combatiese sin antes ser vista por una enfermera en un centro Pokémon, y no habían visto uno en largas millas.

-Mierda, ¿cómo es que en una ruta tan concurrida como esta no hay un jodido centro Pokémon?

-Estamos cerca -dijo Rika –Touji, pasando esas montañas de ahí hay un trecho de ruta llana que termina en el Pueblo New Bark, ¡ya casi llegamos! ¿Estás contento?

-Un poco… -Touji se sintió algo emocionado. Varias preguntas se formaban en su cabeza: –“¿Alguien me dará la bienvenida? ¿Alguien se alegrará de verme?” –y la más importante de todas: -“¡¿Dónde mierda voy a meter a toda esta gente?!”

Tras una hora, las enormes montañas se apartaban dando paso a un camino fácil de seguir, que no tardaron mucho en recorrer.

Touji, Rika, Harry, Reiko, Shin y Hikari estaban parados en la punta de un peñasco algo elevado, desde el cual pudieron distinguir a la perfección el tranquilo pueblo New Bark, con sus pequeñas y cómodas casas de madera, su plaza en cuyo centro se alzaba una gran fuente con la forma de un Golduck, sus enormes jardines repletos de flores y hierbas de todo tipo, su escuela, bastante grande y moderna (con sus correspondientes estudiantes que salían hablando y riendo), y lo más llamativo y famoso del pueblo: el enorme laboratorio Pokémon del Profesor Elm, sin duda el edificio más tecnológico e impresionante de todo el lugar, el brillo de sus cristales se distinguía aún desde esa distancia.

-Finalmente estoy en casa… -dijo Touji sin poder ocultar su entusiasmo.

En pocos minutos bajaron y estaban en la entrada del pueblo, Touji iba al frente, seguido de todos los demás, que miraban a su alrededor con curiosidad.

La gente se los quedaba mirando algo extrañada, no eran un grupo precisamente común de ver… además de que estaban bastante sucios y con las ropas algo maltratadas por el viaje. Reiko se pasó las manos por el cabello, tratando de acomodarlo.

-¿A dónde vamos? –preguntó impacientemente Hikari.

-A mi casa, mocosa –replicó Touji mientras caminaba.

Alguien pareció reconocerlo:

-¡Eeeyyy! ¡Miren, es Touji! ¡Touji regresó! –gritó un muchacho que salía del colegio.

Enseguida un pequeño grupo se le unió.

-¡Toujiii!

Alguien agarró al muchacho de la mochila, impidiendo que siguiera caminando, y comenzó a revolverle el pelo.

-Ey, pelotudo, nos tenías preocupados que no llegabas –dijo uno de los chicos, de pelo castaño y mirada risueña.

-¡Hola Takashi, pedazo de hijo de puta! –saludó Touji

-Te ves diferente, mirate, ¡estás más alto guacho, eh!

-¿Qué tal el viaje? –preguntó uno.

-Che, Touji –le dijo uno en voz baja –no seas egoísta, preséntanos a tus amigas.

-Soy Takashi Niwa, amigo de este idiota, mucho gusto –dijo el muchacho haciendo una reverencia hacia Reiko y los demás.

-¿Quién es la pelirroja? –preguntó otro mientras miraba emocionado a Reiko.

-¡No me digas que te conseguiste novia!

-¡La morocha esa está buenísima!

El recién llegado no tenía tiempo de responder nada, solo saludaba y cuando intentaba contestar era interrumpido por otra pregunta.

Rika y los demás miraban algo perplejos la situación, desde un poco más lejos.

Pronto un grupo bastante más numeroso de gente se unió a los que ya estaban, incluyendo a muchas chicas, chicas que jamás habían pensado en saludar a Touji en todos los años que fueron juntos al colegio.

-¡Guau! ¡Touji, estás re-lindooo! –exclamó una.

-L… ¿Lindo?

-¡Estás hecho todo un entrenador Pokémon, a ver mostranos alguno!

Touji se rascaba la cabeza, muy nervioso y avergonzado, nunca se habría imaginado que por ser entrenador iba a resultar más popular con las chicas.

-Y está más tostado, ¿estuviste tomando sol?

-¡Queremos ver alguna de tus técnicas de combate!

-Bu-bueno… -comenzó a balbucear el pobre chico.

-Touji, ¿quién es el chico de la trenza? –Le preguntó una –¡es muy atractivo!

-Ehh… ese es un pelotudo.

Shin miraba de reojo.

El tumulto de gente casi no lo dejaba respirar, pero se sentía muy feliz de tener semejante recibimiento, nunca habría esperado algo así. Esto de ser entrenador Pokémon realmente tenía sus puntos positivos.

Después de un rato las cosas se calmaron un poco, y a pedido del público Touji les mostró algunos de sus Pokémon y sus habilidades.

Volco arrancó exclamaciones de asombro a todos los presentes al disparar un enorme lanzallamas al cielo, ganándose muchos aplausos.

Pero repentinamente un fuerte grito detuvo todo el espectáculo:

-¡¿Qué mierda está pasando acá?! –gritó un hombre bastante robusto mientras se abría paso entre el gentío a los empujones.

-¿Papá?

-¡Touji! Pendejo de mierda, ¡¿Por qué carajo tardaste tanto?!

-Gracias por la bienvenida –respondió el chico con aire de pesadumbre, entornando los ojos.

El padre se acercó y lo agarró de los hombros, mirándolo de arriba abajo unos segundos.

-Mirada decidida, piel tostada, cicatrices, estás más alto… -le agarró una mano con brusquedad (la que no tenía el guante) y le miró la palma –¡Y tenés callos en las manos de las Pokebolas! ¡Estás hecho todo un entrenador Pokémon!

-¿Ah-ahh si? –dijo Touji con una risa nerviosa y una gruesa gota de sudor en su cabeza.

-Me alegra verte pibe –le dijo mientras le daba unas palmadas en la espalda algo pasadas de fuerza -Ya no te ves como ese patético debilucho que salió de acá hace… ¿un año?

-Solo pasaron cinco meses…

-¡Lo que sea! Vení, vamos a casa –dijo mientras comenzó a caminar.

-¡Espera!

-Ah, ya veo… trajiste a tus amigos.

-Mucho gusto señor, soy Rika Sakurai –dijo la chica sonriente, con una pequeña reverencia.

-Así que vos sos Rika… -el hombre le echó una mirada de complicidad a Touji, la cual este trató de ignorar.

-Ese enano de ahí es Harry, como supondrás, ella es Reiko Massaki, el chino antipático de mierda es Shin-Tao y la pendeja es Hikari… em… ¿Hukari?

-¡Hokari! –corrigió la chica a voz de grito, irritada.

-Sí, lo que sea.

-Ja, te conseguiste compañeros algo… inusuales –dijo el padre mientras le echaba una rápida mirada a los fríos ojos amarillos de Shin y al bokuto en la espalda de Reiko.

-¿Te parece? –dijo Touji con nerviosismo.

Tras unos segundos, alguien más se hizo un lugar entre la multitud, llegando a donde estaba el grupo:

-¡Touji! Escuché los rumores y… -un hombre alto y delgado, con una expresión alegre pero algo preocupada en los ojos enmarcados por unos grandes lentes se unió a ellos.

-¡Profesor Elm!

-¡Bienvenido muchacho! ¿Y como está Volco? –dijo el Prof. mientras miraba al Pokémon de fuego, que estaba rodeado de gente y parecía algo inquieto.

-Estamos muy bien –respondió al tiempo que guardaba al monstruo en su Pokebola.

-Me alegra oír eso, me alegra mucho.

-¡Hola Profesor! –saludó Rika.

-Hola niña, y hola Harry y Reiko… ¿quiénes son los demás?

Después de todas las correspondientes presentaciones, decidieron ir todos a la casa de Touji, dado que ya estaba atardeciendo, Takashi los acompañó.

Acordaron que irían al laboratorio del profesor mañana temprano.

Las visitas no pudieron ignorar el monumental desorden de la casa, pero no comentaron nada al respecto.

Touji comía como si fuera la última vez que iba a hacerlo.

-Seguís siendo un pésimo cocinero, papá –dijo Touji con la boca llena, mientras se servía un trago de cerveza.

-Y vos seguís siendo un muerto de hambre –dijo Takashi sonriente.

-Primero traga y después habla –dijo Shin, irritado ante tal falta de modales.

Touji lo señaló con una mazorca de maíz:

-Vos callate chino que estás comiendo gratis.

-¿Hasta acá los tenemos que aguantar peleando? Por favor, queremos comer en paz –dijo Reiko.

-Si vos lo único que querés es tomar… no dejaste esa botella de cerveza desde que llegamos -le soltó Hikari.

-¡Nadie te pidió tu opinión, mocosa!

-Lo mismo digo –agregó Harry.

-¿Podemos cenar en paz? –pidió Rika con su tono acostumbrado.

Más allá de las clásicas discusiones, la comida fue bastante amena, Touji y los demás contaron muchas historias y anécdotas de su viaje, batallas contra líderes de gimnasio y otros entrenadores, y también las cosas que vieron en las muchas ciudades que visitaron.

-Y entonces –continuó Touji mientras le seguía dando a la cerveza –cuando el Dragonite bajó para atacarlo y darle el golpe de gracia, Dandy le dio con su Rayo de hielo y…

-¿Y por qué mejor no le contás de la vez que el Gengar de Morty agarró a Volco y… -interrumpió Harry.

-Este, creo que ya es algo tarde…

-Pienso lo mismo, deberían darse un baño y acostarse, no tenemos muchas camas, así que Touji, imagino que no te importará que alguna de las chicas use la tuya.

-Claro, puedo dormir en el sofá.

-Mmm… no, mala suerte, pero los invitados están primero, y sacando cuentas parece que vas a tener que dormir en el suelo.

-¿Por qué yo? -se quejó el chico.

Shin-Tao se puso de pie:

-No hagan escándalo, yo duermo afuera –dijo mientras se dirigía a la puerta con las manos en los bolsillos.

-Eh chino, no seas boludo, era joda lo de antes –dijo Touji.

-Dejalo, a él le gusta dormir a la intemperie –dijo Rika en tono despreocupado.

-Se va a resfriar… -dijo Reiko mientras veía la puerta cerrarse de un golpe.

Tras un corto rato más de charla, Takashi se despidió y todos finalmente se fueron a bañar y a tener su merecido descanso.

La noche pasó más rápido de lo que hubieran querido, y Touji despertó cuando sintió un tirón y un fuerte golpe, estaba en el suelo al pie del sofá en una posición bastante incómoda. Al lado suyo vio los pies de Harry.

-¡Pero pendejo pelotudo! ¿No me podías despertar con más sutileza?

-No te quejes, me mandó tu viejo a llamarte, ya estamos todos levantados menos vos, vago del orto.

-¿Eh?

-Y nos está contando unas historias muy interesantes… -agregó Harry con una sonrisa de maldad.

-¡¿Queeé?! –gritó Touji mientras se puso de pie como un resorte –“Por favor, que no me esté avergonzando delante de todos, por favor” –suplicó mentalmente.

Al llegar a la sala, vio con horror a todos sentados alrededor de la vieja mesa ratona de la sala, señalando lo que parecía ser un álbum de fotos, y riendo y comentando sobre lo “lindo” que se veía.

-Qué están…

Harry reía por lo bajo mientras Touji enrojecía al ver que estaban señalando una foto en la que aparecía él muy tierno en pañales…

-¡Me parece que es algo tarde! –dijo repentinamente mientras agarraba la mochila del suelo y se la colgaba rápidamente del hombro –el profesor Elm nos debe estar esperando.

-No te preocupes, el profesor dijo que iba a venir él -dijo su padre con una sonrisa en la cara.

-Además no hay apuro, nos estamos divirtiendo mucho –agregó Shin echándole a Touji una mirada maligna.

Touji se dejó caer en una silla con pesadumbre.

Hikari señaló una foto en la que se veía a un muy pequeño Touji junto a otro chico mayor pero muy parecido a él, que hacía la señal de la victoria a la cámara:

-¡Ah! Se parece mucho a mi maes…

-¿Qué dijiste? –gritó el padre de Touji mientras se ponía de pie.

Todos guardaron un largo e incómodo silencio, hasta que fue roto por unos golpes en la puerta.

-¡Buenos días! –saludó jovialmente el Profesor Elm del otro lado.

Touji evitó la mirada de su padre cuando este se levantó a abrirle la puerta.
Enseguida todos (incluido al padre de Touji) marcharon hacia el laboratorio.
Al entrar, el Profesor Elm quedó muy satisfecho con las expresiones de asombro que se dibujaron en las jóvenes caras del grupo (exceptuando la de Touji, quien conocía de sobra el laboratorio y sus instalaciones). El lugar era muy amplio, y tan reluciente y limpio que podrían haber practicado una cirugía en el suelo.

-Bienvenidos –dijo con una amplia sonrisa –Sus Pokémon deben estar algo cansados del viaje, imagino, si desean curarlos metan sus Pokebolas en esta máquina por favor, el proceso es muy rápido.

Los entrenadores accedieron de inmediato y colocaron sus Pokebolas en los agujeros hechos especialmente para ello. En unos segundos estas desaparecieron tras una cortina de metal, para reaparecer luego de un par de minutos.

-Bueno, supongo que querrán información de la Convención Plateada, ¿o no?

-Sí, lo que quiero saber ahora es como estamos de tiempo, ¿cuánto falta para que empiece? –preguntó Touji mientras acomodaba sus Pokémon en su cinturón.

-En realidad… -el Profesor Elm se interrumpió –Por favor, siéntense, que falta de educación, enseguida les traeré té –dijo mientras señalaba unos cómodos sillones y se apresuraba a lo que debía ser la cocina.

Harry miraba a su alrededor emocionado:

-¡Guau! ¡Estoy en el laboratorio del Profesor Elm!

-No hay por qué emocionarse tanto… aunque para alguien como vos esto debe ser demasiado –dijo Hikari con altivez.

-Claro, supongo que vos conociste a todos los investigadores y profesores Pokémon del mundo…

-¡Dejen de discutir! –dijo Reiko –Touji, ¿acá fue donde aprendiste las artes del entrenador?

-Este… bueno, en realidad… -Touji recordó las aburridísimas clases del profesor, y de cómo había salido del pueblo prácticamente sin ninguna preparación previa.

En ese momento el profesor regresó y les entregó una taza a cada uno.

-Bueno Touji, la verdad estoy sorprendido -comentó mientras servía el té.

-¿Por?

-Tus estadísticas resultaron mejores de lo que esperaba.

-¿Estadísticas?

-Así es, de todos los entrenadores oficiales se van tomando sus estadísticas, gracias principalmente a los combates contra los Gym leaders, y las tuyas no están para nada mal.

-¿En serio? –dijo Touji emocionado.

-Si, pero no quiero que te confíes solo por esto, en el torneo encontraras oponentes con niveles muy superiores al tuyo, por lo que necesitas entrenar.

-Entiendo…

-Pero no te preocupes, aún falta un mes para el comienzo de la competencia, debo decir que estás bastante bien de tiempo, tenés quince días para entrenar todo lo que puedas y salir para allá.

-¿Y como es la ruta? –preguntó intrigado Harry.

-Les advierto que no es nada fácil… deben salir del este del pueblo por la ruta acuática y cruzar las cascadas Tohjo, es un lugar muy hermoso, a partir de ahí deberán continuar hacia el norte hasta la ruta que los conducirá al Mt. Silver, y por supuesto a la Convención Plateada. Esa ruta es increíblemente peligrosa incluso para los más experimentados entrenadores, ya que los Pokémon salvajes que la habitan son extremadamente fuertes y agresivos, tienen que tener mucho cuidado y no separarse, ¿entendido?

-¿Es… es realmente tan peligroso? –preguntó Touji, a quien por supuesto la idea no lo convencía para nada.

-Touji, tenés que entender que ese trayecto es una prueba que deben pasar los entrenadores que quieran competir en el campeonato, solo los más capacitados serán capaces de llegar, ¡y vos tenés que estar entre ellos! ¿Entendido?

-S-sí.

-Bueno –dijo el profesor mientras se ponía de pie –imagino que deben querer ver las instalaciones, y vos Touji, de seguro querés ver a tus Pokémon, acompáñenme.

El grupo lo siguió hasta una enorme sala con estantes repletos de Pokebolas.

-¿En este cuarto están mis Pokémon? –preguntó Touji mientras revisaba las Pokebolas.

-Así es, pero nada más son sus Pokebolas, los Pokémon están afuera, ¿quieren seguirme hacia los jardines?

No tuvo que decirlo dos veces, en pocos minutos estaban afuera, rodeados de hectáreas y hectáreas de campo y bosque, cuevas y lagos, todos intentando representar el hábitat natural de las muchísimas especies de Pokémon que allí se albergaban.

-Es increíble… -murmuró Reiko al ver una manada de Rapidash galopando a toda velocidad en la lejanía, mientras que el cielo era surcado por Pokémon voladores de todo tipo.

Dos grandes Pidgeottos llegaron con el grupo, uno se posó en el brazo extendido de Touji, y el otro en su espalda.

-¿Quiénes son estos? –preguntó el entrenador mientras se dedicaba a observar al pájaro sobre su brazo.

-¿No los recordás?

Touji pensó unos segundos y después reaccionó:

-¡Ehh! ¡¡Son Monte y Video!! ¡Qué grandes que están guachos! –exclamó mientras le desarreglaba las plumas de la cabeza a uno de ellos.

-Tus Pidgey evolucionaron hace un tiempo –dijo el profesor.

-¡Se ven muy bien! ¿Y dónde está Hi… -Touji no pudo terminar de hablar, algo lo había arrojado al suelo bruscamente.

Al mirar hacia arriba solo pudo ver un enorme escarabajo azul sobre él, que lo miraba sonriente.

-¡Hiro! Hijo de re mil puta, ¿cómo andas?

-¡Rrracross! –saludó alegremente el Pokémon.

Touji se levantó y se sacudió el polvo de la ropa.

-Estás más grande vos también, ¿eh?

-¿Por qué no liberan a sus Pokémon? En este lugar podrán descansar y distraerse sin preocupaciones –ofreció el profesor, a lo que los demás aceptaron, y todos los monstruos se fueron por ahí, exceptuando a Denkeshi y a Charly, que prefirieron quedarse con sus entrenadores.

-En este lugar debe haber al menos un Pokémon de cada especie… -dijo Reiko asombrada mientras caminaban y miraban a su alrededor.

Una manada de Stantler pastaba tranquilamente al borde de un lago, donde un cardumen de Remoraid pasó nadando a toda velocidad.

-¿Esos son…?

-Sí, son tus Stantler.

-¡Ja! Me acuerdo de cuando los atrapamos, esa cacería fue un quilombo –recordó Touji.

-Difícil para vos porque sos un inútil, no nos metas a todos en la misma bolsa –dijo Shin despectivamente.

-¡Ey, mira Touji! ¡Ahí está el Onix que capturaste en la Cueva Unión! ¿Te acordás? –se apresuró a preguntar Rika señalando, antes de que Touji comenzara a discutir con Shin.

-Sí, es más grande de lo que recordaba… ahí fue donde Dandy y Bronto evolucionaron…

-Parece que hubiera sido ayer… quien diría que pasaron tantos meses…

-Ese es el Tauros que cuando te descuidaste te dio una cornada en el culo -comenzó a decir Harry mientras señalaba al robusto Pokémon toro que pastoreaba junto con unos Mareep de esponjosa lana amarilla.

-Cómo olvidar a ese hijo de puta…

Rika y Reiko esbozaron una sonrisa al recordar la escena.

Los entrenadores se pasaron toda la tarde recorriendo el lugar, vieron casi todos los Pokémon capturados por Touji, cada uno les traía muy buenos recuerdos de muchas de sus aventuras. Al encontrarse con sus veinticinco Gastlys en una cueva recordó los hechos de la torre quemada, así como los Golbats capturados en el Mt. Mortar, y los Beedrills en el pueblo Azalea, “ahí fue donde me dieron a Volco”.

Hoho hizo su aparición después de un buen rato de buscarlo, y se veía muy bien.

Tras recorrer todo el lugar y recibir felicitaciones del profesor, Touji y los demás regresaron al laboratorio junto a sus Pokémon.

-Bien Touji, ¿te importa si le doy una revisada a tus Pokémon?

-Claro que no, ¡ey, vengan todos para acá!

El profesor Elm se inclinó un poco junto a Kosuke (solo un poco, dado que el Pokémon era bastante alto) y le adhirió un par de maquinitas conectadas a una computadora.

-Muy interesante… -dijo mientras miraba unas cifras en el monitor –nivel 57… es muy extraño… y aún nada…

-¿De qué habla?

-No me hagas caso, deberías estar muy feliz, tiene las mejores estadísticas que he visto en un Pokémon de su especie, sabía que harías un excelente trabajo con él, no pude elegirle un mejor amo.

Touji se sintió muy satisfecho consigo mismo.

-Ey, ¿viste Kosuke? Sos muy fuerte.

-¡Pupitar!

Shin-Tao se asomó para ver el monitor, y no pudo disimular su expresión de asombro ante las cifras que aparecieron frente a sus ojos.

Los demás Pokémon pasaron por el mismo tratamiento que Kosuke, el Profesor Elm parecía extremadamente conforme e incluso sorprendido con los datos obtenidos: “Raichu, nivel 55, excelente velocidad y ataque especial sobresaliente, Skarmory nivel 58, gran resistencia y muy buen equilibrio general, Feraligatr nivel 55, formidable poder de ataque físico, defensa y resistencia,  Magmar nivel 56, equilibrio perfecto, con ataques tanto físico como especial realmente elevados, Grovyle nivel 54, velocidad sencillamente espectacular, ataque especial más que decente”

Ese fue el informe sobre los Pokémon de Touji, aunque Geroh-kun fue muy difícil de examinar, dado que se escapó un par de veces y no se estaba quieto.

-Hmm… extraño, aún no evoluciona… ese Pokémon tiene un fuerte carácter, Touji, intenta sacarle ventaja en los combates –aconsejó sabiamente el profesor.

-Lo haré.

Después de charlar un rato largo sobre estrategias de batallas y contarle más detalles sobre la liga, los entrenadores se retiraron.

Touji estaba de muy buen humor, la gente en la calle que ni siquiera lo conocía lo saludaba, y sus amigos estaban más amigables que de costumbre.

Ya era tarde, y estaban cenando, cuando el teléfono comenzó a sonar.

-Mierda, siempre hay algún pelotudo que jode a la hora de la comida –refunfuñó el padre de Touji mientras se levantaba. Su vocabulario era tan refinado como el de su hijo.

-Che, Touji, ¿cómo pensás entrenar de ahora en adelante? –preguntó Harry.

-Todavía hay tiempo, ya veré después –respondió mientras se desperezaba.

La gruesa voz del padre de Touji se escuchó desde la sala:

-Si, ¿quién es? … –pausa – ¿quién? No, idiota, acá no vive ningún Harrison, te equivocaste de número… –pausa larga – ¡te digo que no, pelotudo!  -el hombre fue a colgar el tubo bruscamente, pero se detuvo:

-Espera… Harrison… ¡Harry! ¡Vení que tenés teléfono! –llamó.

-¿Ehh? ¿Teléfono para mí? –preguntó el chico anonadado –pero si yo no tengo a nadie para que me llam…

-¡Dale que está esperando el tipo este!

Sin borrar su cara de sorpresa, Harry se levantó y fue a hablar.

-¿Q-quién es…?

-¡¿Señor Harrison?! –se escuchó la voz de un anciano desesperado del otro lado –¡finalmente lo encontré! ¡Tiene que ayudarnos, por favor!

-¿Ehhhhh?

Sabrina

La gente anda diciendo...