Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 31: ¡Peligro en el Lago Rage! Preludio de la batalla entre hermanos

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 31: ¡Peligro en el Lago Rage! Preludio de la batalla entre hermanos

Después de arreglar el desastre que había en el gimnasio de Morty, despedirse del abuelo de Reiko, recibir su medalla Fog y bla bla bla, Touji y los demás se encaminaron al pueblo Mahogany.

Ya llevaban unos cuantos días de camino, pero un gran obstáculo trataría de detenerlos:

-¿Así que este es el famoso Mt. Mortar? –preguntó Harry alzando la vista a una inmensa montaña.

-Así es –dijo Rika apartando la mirada del mapa para contemplar bien el lugar.

La enorme montaña era muy alta, con infinidad de picos dentados sobre los que no crecía ni una mísera brizna de hierba. Estaba rodeada por un lago de aguas heladas y cristalinas. Pero lo que más destacaba era su superficie:

-Tiene varios kilómetros de ancho… -comentó Reiko –cuando tenía ocho años me perdí en las cavernas de esta montaña, me encontraron al día siguiente, muerta de frío y miedo. El lugar es como un inmenso laberinto, hay que ir con mucho cuidado y no separarnos por nada.

-Y… ¿tenemos que cruzar esto? –preguntó Touji con un inconfundible tono de terror.

-No hay otro camino –dijo Harry, aparentemente disfrutando de la expresión de Touji.

Los cuatro se adentraron en la cueva, que estaba oscura como boca de lobo. El único sonido audible era el de sus pasos, y el continuo “plic, plic” de las gotitas que caían del techo.
Rika se frotó las manos, tratando de calentarlas, hacía mucho frío ahí adentro.

Touji enseguida le ofreció su abrigo, que ella aceptó de buen grado.

-No se ve nada –dijo Harry intranquilo –¿seguro que vamos por el camino correcto?

-Yo soluciono eso –dijo Rika, y soltó a su Ampharos:

-Zappy, ya sabes qué hacer.

El Pokémon eléctrico levantó su cola y su esfera se encendió, iluminando todo a su alrededor.

La cueva era mucho más amplia de lo que parecía, y el techo estaba cubierto de estalactitas y estalagmitas, que goteaban constantemente.

-¡Excelente! ¡Esa cosa es muy útil! –exclamó Touji.

-La cola de Ampharos puede iluminar aún más que la luz más poderosa creada por el hombre –dijo Harry con aires de profesor.

-No entiendo como podés saber todas esas cosas raras sobre los Pokémon, cuando ni siquiera sabes tu verdadero nombre –dijo Touji, perplejo, e inmediatamente se arrepintió de haberlo dicho; había metido el dedo en la llaga.
Hubo un incómodo y largo silencio, hasta que Reiko lo rompió:

-Este túnel es interminable, el pelo se me va a arruinar con tanta humedad –dijo mientras se pasaba las manos frenéticamente por el largo cabello rojizo.

Así siguieron caminando por espacio de una, dos, tres horas, sin notar ningún cambio en el ambiente, más que los constantes y retorcidos giros que tomaba el camino, y los enormes charcos que tenían que estar esquivando para no empaparse los pies.
Zappy iba al frente, sujetando su cola como una linterna, seguido de Rika, Touji, Reiko, y finalmente Harry.

-No quisiera detenerme a almorzar en este lugar, ¡pero me estoy muriendo de hambre! –exclamó Touji con el estómago por el piso.

-Bueno, no hay remedio, habrá que parar a comer –dijo Rika.

Con la ayuda de Cindy, encendieron un fuego y se sentaron en círculo alrededor de él.
Touji revolvía sin mucho entusiasmo su vaso de sopa instantánea:

-¡¿Hasta cuando vamos a tener que seguir alimentándonos de esto?! –estalló.

-Durante los viajes no podemos ser exigentes –dijo Rika con calma, mientras sorbía un último trago de sopa.

-Yo también extraño la comida casera, pero ahora no hay nada que podamos hacer –dijo Reiko.

Harry comía rápidamente sin prestar atención a los comentarios de sus compañeros.
Después de un rato se pusieron en camino de nuevo. La monotonía volvía a apoderarse de ellos cuando oyeron un perturbador sonido: una especie de coro de chillidos que se acercaban rápidamente.

-¿Qu-qué es ese ruido…? –preguntó Touji nervioso.

-No sé… -dijo Harry.

-Parecen Golb… –comenzó a decir Reiko.

El sonido se escuchó con mucha más fuerza.

-¡Ya están acá! –gritó Rika –¡rápido, todos al suelo!

Los cuatro se agazaparon inmediatamente, sentían el viento sobre sus cabezas que producían decenas de alas al pasar rápidamente.

-¡Zappy!

No hizo falta decir más, en ese instante, toda la cueva se iluminó con una gran descarga eléctrica. Cuando terminó, todo el suelo del lugar estaba cubierto de Golbat noqueados.

-Así que eran esos murciélagos…

Todos se quedaron mirando a los Golbat unos segundos.

-Bueno, sería un desperdicio dejarlos ahí, ¿no? –dijo Reiko.

-Completamente.

Así continuaron la marcha, cada uno con unos cuantos Golbat extras en su colección.
Después de varias aburridas horas de caminata más, los chicos finalmente vieron la luz al final del túnel.

Se alegraron al sentir la fresca brisa nocturna en sus caras y respirar el aire puro de montaña.

-No me había dado cuenta de que había transcurrido tanto tiempo desde que entramos a la cueva –dijo Harry, mirando a su alrededor.

-Bueno, a partir de acá son unos pocos kilómetros hasta el pueblo Mahogany –dijo Rika siguiendo el mapa con el dedo.

Recorrieron el camino bordeando un pequeño río. El cielo estaba plagado de estrellas, así que Harry entretuvo a los demás mostrándoles todas las constelaciones que conocía,  que no eran pocas. El suave chapoteo de la corriente del río sobre las piedras y el canto de los grillos los acompañaban.

Finalmente llegaron a las afueras del pueblo, no quedaban muchas luces encendidas, pero las suficientes como para poder apreciar el lugar.

-Ya es tarde –dijo Reiko –busquemos el centro Pokémon para pasar la noche.

En eso estaban, cuando Touji divisó algo a lo lejos, y se lo señaló a los demás:

-¡Ey! ¿Qué es eso que se está acercando?

Todos vieron una pequeña silueta oscura que se dirigía hacia ellos, tras unos segundos pudieron ver mejor su figura. Su andar era muy irregular, iba dando tumbos y se detenía cada pocos pasos.
Rika lo observó detenidamente:

-Ese es… -No terminó la frase, y corrió hacia la criatura.

Touji y los demás la siguieron.

-¡Es un Sneasel! –exclamó Harry.

-Ese Sneasel es… -murmuró Touji.

-¡Oni! –gritó Rika, cuando lo pudo ver mejor.

-¡¿Qué?! ¡¿Es el Sneasel del chino?! ¡¿Qué le pasó?!

El Pokémon tenía la garra derecha rota y el cuerpo cubierto de severas heridas y quemaduras. No parecía poder sostenerse por mucho tiempo más. Su mirada era vidriosa y desenfocada.

-Oni, ¿qué pasó? –le preguntó Rika, sujetando sus pequeños hombros con preocupación –¡¿dónde está Shin?!

-Sne… -murmuró débilmente Oni, al tiempo que alzaba el brazo en dirección al norte, y se desplomó entre las manos de Rika.

-¡¿Qué está pasando?! –preguntó Reiko con agitación.

-Llevalo al centro Pokémon de inmediato –le dijo Rika, mientras le entregaba el pequeño monstruo a Reiko.

Touji no podía entenderlo; imágenes de la batalla que Kosuke sostuvo contra Oni cruzaron su cabeza, aún recordaba su espléndida manera de moverse y su tremenda agilidad –“no muchos Pokémon serían capaces de dejarlo en ese estado” –pensó.

-Oni apuntó al norte, donde está el lago Rage, ahí es donde Shin debe de estar –dijo Rika levantando la vista hacia el lugar –Reiko, cuando dejes a Oni en el centro buscanos en el lago Rage lo más rápido que puedas… tengo un mal presentimiento… -murmuró.

-¡¡En marcha!!

Touji, Rika, y Harry corrieron en dirección al lago, mientras Reiko montó sobre su Rapidash y se perdió en la noche, rodeada del fulgor rojo de las llamas de su Pokémon.

Los tres entrenadores corrieron a más no poder por alrededor de diez minutos. Pensaron que si seguían a ese ritmo les estallarían los pulmones, pero siguieron corriendo, impulsados por la urgencia. Finalmente llegaron al centro del lago Rage.
Se detuvieron en seco sobre una loma y se quedaron helados ante el panorama que los recibió:
Touji sintió que estaba en un sueño, en una horrible pesadilla de la que quería despertar YA.

-No-no puede ser posible… -murmuró con las manos temblorosas y los ojos tan abiertos que parecía que iban a salírseles de las órbitas –esto no puede estar pasando…

El lugar parecía la zona de una masacre; el cielo nocturno estaba enrojecido y cubierto de humo.
Rika y Harry vieron con horror a todos los Pokémon de Shin diseminados por el área, tenían un aspecto muy poco esperanzador: Blastoise con el caparazón quebrado, Gengar con medio cuerpo en el agua, Pidgeot con el plumaje sucio y maltratado, Jolteon temblaba lastimosamente, y Houndoom estaba parcialmente enterrado en el suelo.
Pero lo realmente perturbador era lo que había en el centro del lugar: Un Charizard gigantesco, con una terrible mirada asesina teñida de escarlata, y una larga cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo. Todo a su alrededor ardía en llamas. 

Tenía algo colgando de un brazo, alzado en alto. El grupo aguzó la vista para distinguir qué era, y al descubrirlo dejaron escapar un grito ahogado:

Era Shin, que estaba sujeto del cuello de la ropa. No podían ver su rostro, pero su cuerpo no daba ningún signo de estar resistiéndose. Su trenza negra se movía suavemente al ritmo de las llamas.

Touji corrió hasta pararse enfrente de la aterradora bestia, sin pensar bien en lo que hacía. Su cerebro estaba desconectado, solo sus impulsos lo guiaban, probablemente al desastre.
Una figura salió desde las sombras:

-Touji… ¿a qué viniste? -dijo la voz de un joven.

El chico apartó la mirada del dragón para centrarla en quien le estaba hablando, y se quedó tieso:

-¡¡HERMANO!! Qué… ¡¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?! –gritó Touji, sin poder contenerse más.

Kosuke clavó sus intensos ojos verdes en los de su hermano menor.

-No sé de qué estás hablando –dijo con calma.

-¡¿Qué no sabes de qué estoy hablando?! ¡¡Decile que lo suelte ahora mismo!! –gritó señalando a Shin.

Kosuke posó sus ojos en Shin, quien no daba señales de vida.

-Smaug, soltalo.

El Charizard arrojó el cuerpo inerte de Shin al lado de Touji.

Tenía toda la ropa manchada con lo que parecía ser una mezcla pegajosa de sangre y barro, especialmente en el hombro izquierdo y en el abdomen. Su rostro estaba literalmente tinto en el líquido escarlata.

Touji lo agarró de los hombros y lo sacudió con violencia, varias gotitas de sangre salpicaron su cara. 

-¡¡Vamos Chino, despertate!! ¡¡No te podés morir hasta que yo te gane!! ¡¡¡Reaccioná!!! –Gritó el muchacho inútilmente. Su expresión de terror contrastaba con la de Shin, que se veía casi pacífica, lo que asustó a Touji aún más.

Volvió a dejarlo en el suelo y se miró las manos; estaban cubiertas de sangre oscura y espesa.

Touji le lanzó a su hermano una mirada cargada de odio e incredulidad en partes iguales.

-¡¿QUÉ FUE LO QUE LE HICISTE?!

-Él tuvo la culpa por desafiarme, pero cuando se dio cuenta de que no podía derrotarme, trató de proteger a sus Pokémon –dijo con la voz helada –y eso no puedo permitirlo, una vez que se acepta una batalla, hay que continuarla hasta el final, ¿no crees? –sus ojos no expresaban sentimiento alguno.

Touji negó lentamente con la cabeza. No podía creer lo que escuchaba, no quería creerlo. Innumerables imágenes de años anteriores, de todos los buenos momentos que había pasado junto a su hermano, de las historias y los juegos, cruzaron como un relámpago por su cabeza. Tras largos segundos de silencio, habló, su voz era apenas un susurro sobre las llamas.

-¿Qué… qué fue lo que te hicieron…?

Kosuke no respondió.

-Esto… –dijo Touji con los puños tan apretados que le sangraban –Esto no…. esto no te lo voy a perdonar ¡¡¡¡NUNCAAAAAAAAA!!!!
Con un brusco movimiento, Touji liberó a sus seis Pokémon, que adoptaron postura de combate. La furia emanaba de él, más violenta incluso que el fuego que los rodeaba.
Los ojos de Smaug se encendieron, como dos brazas ardientes.

-Por favor… –Dijo Kosuke recuperando su calidez –no quiero lastimar a tus Pokémon.

-No creo que tengas opción –replicó Touji, con un tono de voz digno de un glaciar.

Kosuke soltó un suspiro.

-Espero que la próxima vez que nos veamos podamos hablar con tranquilidad… Smaug, ya sabes qué hacer.

Antes de que los Pokémon de Touji pudieran hacer cualquier movimiento, el Charizard levantó vuelo, batiendo sus interminables alas, con su amo sobre él, y disparó un enorme torrente de fuego que encendió la hierba. La barrera ardiente se interpuso entre los hermanos. Después, el dragón y su domador se alejaron velozmente, perdiéndose en el cielo, que parecía rojo de furia.

Cuando Touji estaba a punto de montar sobre su Skarmory y volar tras él, la mano de Rika en su hombro lo detuvo. Su voz sonaba muy triste, y… ¿asustada?

-No lo hagas, por favor… no…

La mirada de Touji estaba oculta por el pelo que le caía sobre los ojos, pero Rika vio unas gruesas lágrimas que cayeron sobre la hierba chamuscada.
En ese momento, Reiko llegó a todo galope, y como era de esperar, se detuvo en seco ante semejante visión:

-¡¿Qué pasó ac…?  -no llegó a completar la frase, vio el cuerpo de Shin, que, bajo su cortina de sangre, tenía el rostro de un blanco fantasmal. Desmontó del fogoso corcel, y se acercó corriendo:

-¡¿Qué le pasó?! Está, está… –se le hizo un nudo en la garganta.

-No te preocupes, está vivo –se apresuró a decir Rika, mientras se inclinaba para tomarle el pulso –pero está muy débil, no sé cuanto más va a resistir.

-Hay que llevarlo a un hospital ya mismo –dijo Harry.

Así lo hicieron, mientras Harry recogía a todos los maltrechos Pokémon de Shin en sus Pokebolas, Reiko lo subió con cuidado sobre su Rapidash y partió a todo galope de regreso al pueblo.

Tres días más tarde, las caras cansadas y ojerosas de todos reflejaban las horas de sueño que habían tenido, especialmente la de Touji.
Estaban en la sala de espera de la clínica del pueblo, moviendo el peso de sus cuerpos de una pierna a la otra, tamborileando con los dedos en la pared, o con los pies el suelo.
Rika salió del cuarto de Shin, seguida por un médico de semblante sombrío.

-¿Cómo está? –preguntaron Reiko y Harry.

Rika alzó el pulgar.

Los demás soltaron un suspiro de alivio.

-Ya está fuera de peligro –dijo con una sonrisa -pero tiene que… -La chica se detuvo cuando el médico la interrumpió con brusquedad.

-No sé quiénes sean ustedes ni en que andan metidos -dijo el hombre sin rodeos -pero ese muchacho estuvo más cerca de volver con sus ancestros de lo que ustedes imaginan, y si no tienen cuidado no me haré responsable de lo que pueda ocurrirle.

Touji estaba algo apartado de los demás, apoyado contra la pared, sumido en sus oscuros pensamientos.

-“¿Cómo? ¿Cómo pudo mi hermano convertirse en… en ese… en ese… monstruo…?”

Las palabras del doctor resbalaban por su mente sin hacer efecto, hasta que terminó su discurso y se fue.
Harry le expresó su preocupación a Rika:

-Desde que trajimos a Shin acá, no pronunció palabra y casi no probó bocado…

-Pensá lo difícil que debe ser para él ver a su propio hermano cometiendo semejantes atrocidades… es normal que se sienta así –contestó ella.

Pasaron varios días más y Shin todavía no volvía en sí, cosa que empezaba a tornarse desesperante. Cuando no se quedaban en la clínica, los chicos hacían pequeños recorridos turísticos por el pueblo, que aunque era pequeño, tenía bastantes cosas para ver.
Touji continuaba taciturno, generalmente estaba solo y sus amigos lo encontraban sentado en una roca en las afueras del pueblo, o recostado sobre la hierba alrededor del lago Rage, siempre con una mirada cargada de incertidumbre y pensamientos que no lo llevaban a ningún lado.
Ese día Harry se sentó con él, tratando de animarlo:

-Che, ¿no te aburrís acá solo?… ¡holaaaaaa! ¡Ey! ¡Te estoy hablando!

-¿Eh? Ah, sí…

Harry soltó un suspiro:

-Con que pienses en eso día y noche no vas a ganar nada.

-Ya sé, pero… simplemente no puedo quitarme esas imágenes de la cabeza… y por más que lo intento, no encuentro una explicación lógica para lo que está pasando…

-Sé que es difícil, ¡pero tenés que superarlo! Vamos a encontrar a tu hermano y averiguar que fue lo que le pasó, el chino también está mejor, ¡así que arriba el ánimo!

Touji miró a Harry, y repentinamente se sintió avergonzado. Él que no conocía a sus padres, ni sabía de donde venía, ni siquiera sabía cuál era su nombre real, siempre se mostraba de buen humor y nunca se quejaba o lamentaba su suerte.
En cambio él… se había estado comportando como si el mundo se hubiera acabado, se sentía sumamente infantil.
Se levantó de golpe:

-¡Bueno, no hay tiempo que perder! Vamos a buscar al chino, y si no se levanta, lo voy a despertar a golpes –dijo sonriente, alzando el puño.

-¡Así se habla!

Y en la clínica…

Shin abrió los ojos lentamente, sintiendo los parpados de plomo, pero deseó no haberlo hecho; un agudo dolor lo recorría de la cabeza a los pies. Dirigió una mirada confusa a las cuatro caras conocidas inclinadas sobre él.
Tenía vendado el hombro izquierdo, el abdomen, y alrededor de la cabeza.

-¿Cómo te sentís? –preguntó Rika.

Tardó unos momentos en responder, como si estuviera pensando en dar una respuesta sarcástica, pero no fue así.

-He estado mejor… -su voz sonaba débil, muy diferente a la voz dura y firme que solía tener.
Reiko lo observaba desde atrás de Harry, sin poder ocultar la preocupación que se reflejaba en su rostro.

-¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

-Hoy hacen cinco días, espero que hayas disfrutado de tu pequeña siesta, porque definitivamente nosotros no disfrutamos de estar acá cuidándote –bromeó Touji.

-Nadie te pidió que te quedaras -replicó, recuperando un poco de su voz normal.

Touji obvió ese comentario, la verdad no esperaba nada diferente.

-Este tipo no va a cambiar nunca… -dijo Harry tras un suspiro.

-¡Qué descuidado sos! –le reprochó Reiko –¡nos tenías muy preocupados!

Shin la miró sorprendido, con los fríos ojos amarillos muy abiertos, en una expresión casi infantil:

-¿Ah si? ¿Y desde cuándo te preocupas por mí?

-¡Yo no era la que estaba preocupada! –Se apresuró a contestar –eran Rika y los demás, debería darte vergüenza –se cruzó de brazos, dándole la espalda.

Él hizo una mueca que pudo haber pasado por una sonrisa.

-Ey –dijo Touji –¿qué fue lo que pasó en el lago?

A Shin obviamente no le hacía gracia hablar de eso, para él era como mostrar su vulnerabilidad, así que habló rápido:

-Fui a entrenar al lago Rage, y entonces reconocí a ese tipo, ese miembro del maldito equipo Rocket… -su voz sonó llena de odio al pronunciar esas palabras –así que lo desafié.

-¿Por qué?

-Eso no es de tu incumbencia -dijo, ahora su tono era cien por ciento Shin.

-Seguí –dijo Rika lanzándole una mirada a Touji para que no replicara.

Shin hizo una mueca de dolor y continuó hablando:

-Ese tipo, además de ese Charizard extraño sacó muchos Pokémon poderosos, había un Aggron, un Swampert, un Venusaur y… no, no recuerdo los demás… -se sujetó la cabeza con una mano, e intentó sin éxito apartar los mechones oscuros que le caían sobre la venda de su frente. Desvió la mirada, como si le diera vergüenza lo que iba a decir a continuación:

-Eran… demasiado fuertes… no pude hacer nada, Oni pudo escapar sin ser visto, y ahí debió ser cuando se encontró con ustedes.

-Entonces… ¿Querés decir que mi hermano usó sus Pokémon para atacarte cuando estabas indefenso? –Touji no pudo ocultar la amargura de su voz.

Shin abrió los ojos de par en par, y se sentó en la cama:

-¡¿Qué dijiste?! ¡¿Tu hermano?! ¡¿Ese tipo es tu hermano?!

-Muchacho, no podés levantarte todavía, perdiste mucha sangre y estás muy deb… –El doctor iba a seguir hablando, pero fue interrumpido por la gélida mirada de Shin.

-No te levantes –le dijo Rika en tono severo, y él se volvió a acostar obedientemente.
Touji bajó la mirada:

-Si, él es mi hermano, pero… ¡Él no era así! Algo debió ocurrir que hizo que cambie su forma de ser… voy a descubrir la verdad.

Esa noche, Reiko estaba comprando una lata de cerveza en la sala de la clínica.

-No es sake, pero es mejor que nada -dijo mientras se la tomaba de un trago.

-“Ya es muy tarde” –pensó, echándole una ojeada a su reloj de pulsera -“mejor me voy».

Cuando se estaba dirigiendo al hall, oyó un fuerte golpe. Corrió hacia el pasillo para ver que era y…

-¡¿Qué haces fuera de la cama?! –le dijo a Shin en tono de reproche.

El entrenador estaba en el suelo, desvió la mirada, claramente avergonzado por haber sido descubierto en esa deshonrosa posición, y respondió con un gruñido:

-No me gusta estar tanto tiempo postrado en una cama, eso es para los ancianos y enfermos.

Reiko lo ayudó a levantarse, caminaron unos pasos, pero él tuvo que apoyarse en el hombro de la chica para no volver a caer. Enseguida retiró la mano.

-¿Tanta vergüenza te da ser ayudado por los demás? Vení, vamos –Reiko lo agarró del brazo y lo condujo a su habitación. Una vez ahí los dos se sentaron en la cama.

-Si querés me lo podés contar –dijo Reiko con calma, tras unos instantes de silencio.

Shin parpadeó.

-No sé de qué estás hablando.

-Vamos, no finjas, tal vez te funcione con los demás, pero a mí no me podés ocultar que hay un motivo que hace que odies más que nadie al equipo Rocket…

Shin la miró, sorprendido por su gran percepción, pero no dijo nada.

Después de unos segundos, Reiko se levantó:

-Bueno, podés contármelo cuando quieras.

Antes de que se fuera, Shin la agarró de la mano:

-Esperá.

-¿Qué pasa? –preguntó, sorprendida.

-¿Realmente puedo confiar en vos?

En ese momento Reiko sintió mucha pena por él, parecía haberla pasado realmente mal durante toda su vida, sin nadie en quien confiar, sin nadie que le dé una mano… y su mirada parecía triste en lugar de fría.

–“Una máscara” –pensó Reiko –“Esa actitud y esa mirada fría y sin sentimientos, son solo una máscara…”

-Por supuesto que si –afirmó la chica con una sonrisa.

Sabrina

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