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Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 28: ¡No te vayas! La despedida de Harry y la trampa del Equipo Rocket

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 28: ¡No te vayas! La despedida de Harry y la trampa del Equipo Rocket

El pie de Touji golpeaba rápida y repetidamente el suelo:

-Hablá de una vez, que me aburro.

-Bueno… yo…

La mano de Rika se posó en el hombro de Harry –Podés confiar en nosotros, hablá con tranquilidad –le dijo con una sonrisa.

-Yo…

-¡Vamos Harry! ¡Escupílo! –exclamó Reiko.

-Yo… he estado pensando… y… y decidí –Harry respiró hondo –decidí continuar mi viaje solo.

El asombro se dibujó en las caras de sus compañeros.

-¿P-pero qué estás diciendo? –dijo Reiko haciendo un ademán de impaciencia con la mano.

Harry bajó la mirada.

-¿Pero por qué? –preguntó Rika.

-Bueno… no olviden que mi objetivo es encontrar a mi familia, o alguna pista de mi pasado, yo no estoy acá para ir a la Convención Plateada como Touji o Rika, o para buscar aventuras y peligro como Reiko… la pasé muy bien con todos ustedes, pero no estoy avanzando en mi búsqueda. Al principio dejé Goldenrod con ustedes porque era muy débil para viajar solo. Pero ahora, ahora cambié, y creo que soy lo suficientemente fuerte como para cuidarme solo, así que…

-¿Estás seguro? –volvió a preguntar Rika.

Harry asintió levemente con la cabeza.

Touji no había pronunciado palabra, los mechones negros que le caían sobre la cara le ensombrecían la mirada.

-Entonces te vas… -dijo Reiko en voz baja.

El chico se acercó a ella.

-Sabes Reiko, aunque no te conocí por mucho tiempo, realmente llegué a apreciar ese carácter vivo y espontáneo que tenés, no cambies por favor –Harry se le acercó un poco más y le dijo en voz baja –Y cuidado con el chino –le guiñó un ojo.

Reiko no supo cuáles eran las palabras correctas para decir en una situación así, por lo que optó por quedarse callada.

-Rika –comenzó Harry, dirigiéndose a ella –realmente sos especial, hay algo en vos que ilumina a las personas, especialmente a un pibe muy distraído que yo conozco…

Touji seguía sin emitir sonido.

-La verdad creo que de no ser por vos, yo ni siquiera estaría acá…

-No digas eso –repuso ella –todo lo que tenés lo conseguiste por tus propios méritos.

-Muchas gracias… por todo.

Harry se dirigió a Touji, quien seguía con la mirada baja.

-Si te vas a ir hacelo de una puta vez -dijo secamente.

-Ja, ¿ni siquiera me pensás mirar mientras te hablo? –dijo con amargura –Touji, sos un pelotudo… pero… me divertí mucho viajando con vos. La verdad… la verdad es que sos el mejor amigo que tuve… eso es todo.

Harry se alejó un poco de ellos y sacó una Pokebola.

-Harry, espera, ¿qué pensás hacer? –dijo Reiko.

El chico abrió la Pokebola, de la que emergió Kenji, Harry montó sobre él.

-¡Pero Kenji no sabe volar todavía!

-Es una de las cosas que aprendió hoy –respondió su dueño.

El Aerodactyl levantó vuelo, agitando sus alas torpemente. Cuando estaba a suficiente altura, Harry se despidió:

-¡Adiós a todos! ¡Cuídense por favor!

Y se alejó rápida e irregularmente, volando sobre el océano.

Rika y Reiko se volvieron casi inmediatamente hacia Touji, pero antes de que pudieran decir o reprochar algo, la voz tosca del chico se hizo oír.

-Salgamos de esta ciudad, ya perdimos mucho tiempo.

Las chicas intercambiaron miradas de preocupación.
Repentinamente una sombra se cernió sobre sus cabezas, y el sonido de un aleteo llegó a sus oídos. Touji se volteó, sonriente; “Sabía que volvería”.
Pero la sonrisa desapareció al ver que no se trataba del Aerodactyl de Harry, sino del Pidgeot de Shin-Tao, que descendió con elegancia al lado del grupo.

-Sakurai, ¿cómo es que estás todavía en esta ciudad? –preguntó con un leve tono de exasperación.

-Estábamos a punto de irnos, justamente –respondió ella.

-Yo también, podemos irnos juntos.

La expresión crispada de Touji decía con claridad lo que opinaba de esa idea. Lo mismo que Reiko, que fulminaba al recién llegado con la mirada.
Touji soltó a su Skarmory y montó sobre ella. Shin le tendió la mano a Rika

–Vamos, subí.

-Ella viene conmigo –se apresuró a decir Touji –¿no?
Pero se detuvo al ver que Reiko le tiraba de la manga, con expresión de niña castigada:

-Por favor, no me hagas subir en el mismo Pokémon que ese tipo…

-P-pero… -Touji soltó un suspiro de resignación –está bien…

En un minuto el grupo despegó de la playa de Cianwood, y sobrevolaba el mar a toda velocidad. Shin y Rika sobre Pidgeot, y Touji y Reiko sobre Skarmory.

-¿Es que esa Skarmory no puede volar más rápido? ¡Nos está retrasando! –gritó Shin hacia atrás.
Touji apretó las mandíbulas.

-No le hagas caso a ese idiota –lo tranquilizó Reiko, dándole unas palmaditas a Moro.

Siguieron volando a una velocidad tremenda en relativa paz, a escasa altura del mar.

Touji casi no había hablado, y Reiko ya no sabía qué decirle para animarlo.

-¡Ey, miren allá! –dijo Rika señalando hacia el mar.

-¿Qué es eso?

-Es un Wailmer, ¿no es adorable?

En la superficie una criatura redondeada y de expresión amigable jugaba expulsando agua del orificio de su cabeza. La ballenita arrancó una sonrisa incluso a Touji.

La expresión de Rika se congeló cuando vio algo que se acercaba al Wailmer a toda velocidad: una gran aleta cortaba el mar a su paso.

-¿Y eso qué es? –preguntó Touji, quien también lo notó.

-¡Es un Sharpedo! ¡Se lo va a comer!

-¡¿Qué?!

Sin pensarlo dos veces Rika arrojó hacia abajo una Pokebola, Lunita salió batiendo sus alas con fuerza. No necesitó ninguna explicación, en cuanto vio la escena, se lanzó hacia el Pokémon tiburón como un jet, pegado las alas al cuerpo.

Pero ya era demasiado tarde, el Sharpedo estaba prácticamente sobre el Wailmer, que parecía no haberlo notado, y seguía jugando despreocupadamente.

-¡Mierda!

Una sombra comenzó a hacerse visible en la superficie, era una sombra gigantesca. No podía ser la sombra de un Pokémon, sino más bien la de un barco o un submarino.

Shin se quedó observando detenidamente la sombra que iba aumentando de tamaño, entonces cayó en la cuenta:

-¡¡RÁPIDO!! ¡¡SUBAN TODOS!!

Los pájaros cambiaron la dirección bruscamente hacia arriba, en ángulo recto al océano, y lo hicieron justo a tiempo, porque en el lugar en donde estaban emergió una monstruosa masa azul, provocando enormes olas.
Cuando los chicos volvieron a acomodarse sobre sus Pokémon (porque Touji estaba colgando del cuello de Moro, y Reiko de una de sus patas) vieron al Sharpedo, que salió volando a más de diez metros del lugar, como si se tratara de una insignificante manchita, a pesar de que era un ejemplar de gran tamaño.

-¡¿Qué demonios es eso?! –gritó Touji, al ver al inmenso islote de piel gomosa –no es un Pokémon, ¿o si?

El entrenador aguzó la vista, y llegó a vislumbrar un par ojos pequeños y oscuros en lo que parecía ser su cabeza. La descomunal criatura acercó la cara al Wailmer, y la frotó cariñosamente contra la de él.

-Ya entiendo –dijo Rika –es la madre del Wailmer, nunca pensé que vería uno…

-¿Pero qué es?

-Touji, te presento al Pokémon más grande que existe, Wailord.

-Pensé que solo habitaban en Hoenn… -murmuró Reiko.

Touji se quedó atónito, jamás se le cruzó por la cabeza que un Pokémon pudiera alcanzar semejantes dimensiones, era tan grande que sobre su espalda podían caber cómodamente cuatro casas como la suya.
Después de observar y comentar un rato la escena, reanudaron la marcha.

Siguieron volando por alrededor de diez minutos, y el viaje transcurría con bastante normalidad, salvo por las ocasionales discusiones entre Reiko y Shin.
Ya estaban sobrevolando las Whirl Islands, lugar que no le traía a Touji recuerdos muy gratos.

De pronto escuchó algo, los demás también debieron oírlo, porque Tenshi se detuvo en seco.
Eran gritos, gritos desesperados de alguien que pedía ayuda.

-¿De dónde viene? –preguntó Reiko al acercarse Moro a Tenshi.

Todos miraron a su alrededor.

-¡Ahí! ¡Miren abajo! –dijo Rika.

El grupo bajó la vista hasta una de las islas; una diminuta figura agitaba sus brazos desesperadamente, era una niña. Parecía que había otra cosa con ella, pero estaban a mucha altura y no se veía bien.

-¡Parece que necesita ayuda! –Dijo Rika –¡Vamos!

Por supuesto que ni Touji ni Shin pudieron negarse.
Los Pokémon voladores descendieron velozmente, y en unos segundos ya estaban aterrizando en la playa. Una espesa arboleda terminaba donde comenzaba la playa.

Touji se bajó de un salto de su Skarmory, y corrió hacia la niña, con los demás tras él.

-¡¡Ey!! ¿Estás bien? –le gritó mientras corría. Al acercarse pudo ver bien a la niña, había un Tangela con ella, que parecía estar atacándola, los pequeños brazos que sobresalían de entre la maraña de lianas del Tangela se agitaban en señal de auxilio.

-¡Yo me encargo de esto! –dijo Touji mientras inflaba la Pokebola de Volco. Pero antes de que pudiera arrojarla, escuchó un terrible estruendo, justo detrás de él. Todos se voltearon hacia donde estaban las aves, y se quedaron helados:

Una terrible descarga eléctrica impactó sobre ambos Pokémon; el golpe fue tan repentino y poderoso, que quedaron fuera de combate al instante.

-¡¡Moro!!

-¡¡Tenshi!!

-¡¿Qué mierda está pasando acá?! –gritaron Touji y Shin al unísono.

Instantáneamente de entre los árboles, no menos de cincuenta lianas salieron velozmente, como un nido de serpientes, y enseguida se enredaron alrededor de los cuerpos de los entrenadores, que fueron levantados en el aire por las cepas y puestos bruscamente unos junto a otros.

-¡¿Pero qué…?!

Como mínimo dos docenas de Tangela se dejaron ver, eran como un pequeño bosque de cepas andante.

-Bien hecho Tangela –dijo la niña mientras era liberada del Pokémon hierba.

-¡Ey! ¡¿Vos no estabas atrapada?! –gritó Touji, mientras forcejeaba para liberarse de las lianas, sin éxito.
La niña soltó una carcajada burlona y desagradable. 

–¡Ustedes sí que son idiotas! ¡Es increíble que hayan caído en una trampa como esta!

-¡¿Qué?! –gritó Reiko enfurecida.

-Ya podés salir, buen trabajo Manny –le dijo la niña a una roca que estaba detrás de los noqueados Moro y Tenshi.
Una criatura saltó desde atrás de la piedra y aterrizó al lado de la pequeña. Era una especie de can eléctrico, algo similar a Jolteon, pero de un tamaño considerablemente mayor, una corriente de estática recorría su cuerpo. 

-¡¿Y ese de donde salió?! –preguntó Touji.

-Este es mi Manectric, como pueden ver hizo un buen trabajo con sus Pokémon. Touji y Shin apretaron las mandíbulas.

-¡¿Quién carajo sos?! –gritó el primero.

-Mi nombre es Mariah, mejor conocida como la espía número uno del Equipo Rocket, y la más joven, además –anunció.

-Equipo Rocket… –murmuró Shin con odio reflejado en su voz. Tenía una mirada aterradora en ese momento, no era su mirada fría de siempre, esa mirada era de verdadero odio.
Touji notó una pequeña “R” en el cuello de su vestido – “Igual que mi hermano” -pensó.

Un particular sonido de motor llegó hasta ellos, para Touji era un sonido inconfundible, era probablemente lo único que podía hacer las cosas peores de lo que eran:

-Oh, Mierda…

El pequeño helicóptero negro que tan bien conocían llegó hasta ellos, deteniéndose sobre la escena, a unos pocos metros de la playa. La puerta corrediza se abrió, mostrando a las personas que Touji hubiera deseado no tener que volver a ver en su vida.

-Pero miren lo que nos trajo el viento –dijo Nabiki burlonamente.

-¿Cómo es posible que hayan caído en una trampa tan tonta? –preguntó Tatewaki -me hicieron perder una apuesta, ¿saben?

-Nunca subestimes la estupidez de estos pendejos –repuso su compañera encogiéndose de hombros.

-¡¡USTEDES!! –gritaron Touji y Shin a la vez. Los dos se miraron, sorprendidos:

-¡¿Vos de donde los conoces?! –preguntaron uno al otro a coro.

-¡Ahora no es momento para eso! –interrumpió Reiko.

Rika acercó disimuladamente una mano al cinturón, pero antes de poder agarrar una Pokebola…

-¡No! ¡No lo harás! ¡¡Tangela!!

Una liana salió disparada velozmente hacia ellos, y regresó con los cuatro cinturones en su poder, fue tan rápido que solo la chica lo notó.

-¡Ja! ¡Si creen que estas bolas de fideos nos van a detener, están muy equivocados! –Touji estiró con esfuerzo el brazo apresado por las lianas para alcanzar una Pokebola. Lo que sintió al descubrir que su cinturón no estaba ahí fue similar a recibir un baldazo de agua helada en la espalda.

-¿Buscan esto? –preguntó Tatewaki mostrando los cuatro cinturones a sus dueños.

Todos sus Pokémon, todas sus esperanzas de salvarse estaban en manos de sus enemigos. La desesperación se reflejó en las cuatro caras.
Nabiki y Tatewaki rieron sonoramente –Ahora si están acabados, pendejos de mierda –dijo la primera apuntando el pulgar hacia el suelo.

-¿Realmente creían que unos mocosos como ustedes podrían escapar de nosotros? ¡Recuerden esto! El Equipo Rocket nunca deja cabos sueltos.

Touji tragó saliva con dificultad.

-Veamos, ¿cómo vamos a eliminarlos? –preguntó Nabiki como quien está eligiendo una marca de jabón en polvo en el supermercado.

-¿Por qué no los atamos y los tiramos al mar? –sugirió Tatewaki.

-Muy quemado, ¡Mejor hagamos que los Tangela los asfixien y luego se los coman!

-¡¡N-no puede ser, no puedo morir de esta manera!! –gritó Reiko, sintiendo la desesperación llenar todos los rincones de su alma.

-Rika, seguramente tenés un plan para sacarnos de esta, ¿no? –preguntó Touji esperanzado.

Ella bajó la mirada.

Touji sintió que el mundo se desmoronaba; hasta ahora siempre había pensado que Rika tenía una solución mágica para todos los problemas.
Shin-Tao no emitía palabra, pero tenía la cara contraída por la ira.

-Se acabó el tiempo, ¡Tangela! –ordenó Nabiki.

Pero justo en ese momento, una densa nube de humo negro envolvió al helicóptero de los Rockets.

-¡¿Pero qué?! –gritó Mariah.

Después de unos segundos, la cortina de humo se deshizo entre la hélice del helicóptero.

-¿De dónde salió eso?

-Ni idea, pero ya se fue.

Nabiki miró su mano, y se quedó atónita:

-¡¿Dónde están…?!

-¿Están buscando esto? –dijo una voz conocida.

-¡¡Harry!! –gritaron Touji, Rika, y Reiko.

El chico estaba sobre su Aerodactyl, con Cindy encendida sobre la cabeza del monstruo de roca. Balanceaba burlonamente los cinturones de sus compañeros, cargados de Pokebolas.

-¡¡Mierda!! ¡¡Tangelas!! ¡¡DETÉNGANLO!!

Demasiado tarde, Harry rápidamente abrió todas las Pokebolas y las arrojó hacia el suelo. La luz que produjeron las más de veinte esferas abriéndose a la vez cegó a todos.
Un completo ejército de Pokémon emergió ante ellos:
Pupitar, Magmar, Grovyle, Pikachu, Feraligatr, Eevee, Ninetales, Ampharos, Lapras, Meganium, Clefable, Rapidash, Scizor, Sandslash, Golduck, Zangoose, Seviper, Sneasel, Houndoom, Blastoise, Jolteon, y Gengar.

Lo primero que vieron los monstruos fue a sus amos, atados y más pálidos de lo normal.

Pronto la ira se apoderó de todos ellos. Organizándose a pesar de que nadie les daba órdenes, en un segundo Magmar, Ninetales, Houndoom, y Rapidash carbonizaron a la horda de Tangelas uniendo sus lanzallamas.
Y cuando Pupitar y Sandslash terminaron con el Manectric, solo quedó de él algo remotamente parecido a un Pokémon.

-¡¡No-no puede ser, estos pendejos de mierda!! –gritó Nabiki aterrada.

-¡¡Nos las van a pagar!!

Los Rocket recogieron a Mariah, que acababa de guardar a sus Pokémon, y se alejaron a toda velocidad.

Sin poder creerse su suerte, los entrenadores se reunieron felizmente con sus Pokémon.

Mientras Rika abrazaba a Charly, Reiko acariciaba a Mirage, Touji saludaba a Kosuke, y Shin controlaba que su Sneasel no se hubiera hecho daño, Harry descendió junto a sus compañeros, quienes se acercaron a saludarlo.

-¡Guau! ¡Harry, nos salvaste! –exclamó Reiko.

-Muchas gracias, no sé que habría pasado si no llegabas en ese momento –dijo Rika.
Touji se limitó a sonreír.

Shin seguía mirando el cielo fijamente, lo mismo que sus Pokémon. El haber escapado con su vida no era suficiente.

-Bueno, ya es tarde, almorcemos acá y después nos vamos -sugirió Rika.

Después de un rato de que ya habían comido, estaban descansando en la isla. Reiko y Shin se sentaron los dos en la misma roca con aire cansado, mirando el océano.

-Casi no nos salvamos de esta –dijo Reiko con aire ausente.

-Si, pero era imposible que muriéramos en las manos de esas ratas –respondió Shin con la vista fija en el horizonte.
Luego de unos segundos ambos cayeron en la cuenta de lo que estaban haciendo, se levantaron de golpe, y tras cruzar miradas de odio, se alejaron rápidamente una del otro.

-Che, Harry… -dijo Touji en vos baja.

-¿Mmm?

-Perdoname por lo de antes, la verdad es que nunca me gustaron las despedidas, y… bueno, me porté como un idiota.

-No, yo también tuve la culpa por no haber avisado antes, fue demasiado repentino, creo.

El sol ya estaba empezando a descender cuando los cinco se reunieron en la orilla, listos para irse.

-Todo muy lindo –dijo Touji –¿pero como vamos a llegar hasta Olivine?

-Es verdad, no podemos ir en Moro o en Tenshi –dijo Reiko.

-Aunque ya les di una súper poción a cada uno, siguen estando muy débiles para poder llevarnos –dijo Rika.

-¿Entonces?

-Usaremos el Plan B –dijo Shin.

-¿Y ese es…?

-Simple, vamos hasta Olivine sobre nuestros Pokémon de agua, una vez ahí curamos a los Pokémon voladores en el centro Pokémon, y ellos nos van a llevar a Ecruteak.

-¡Qué buena idea! –dijo Rika.

-“¡Mierda! ¡Yo debí pensar en eso primero!” –se reprochó Touji.

-Bien, Harry, no hace falta que nos esperes, te podés ir –dijo Reiko.

-Eh, si, bueno… yo, en realidad….

-¡Ja! ¡Lo sabía! –Exclamó Touji triunfante –¡No podés seguir sin nosotros!

Harry enrojeció:

-¡¡P-por supuesto que no es eso!! Es solo que… ¡Miren lo que pasa cuando los dejo solos! ¡Esos Rocket ridículos casi los matan! ¿No les da vergüenza que un chico de trece años tenga que estar cuidando de ustedes?

Todos se echaron a reír… todos menos Shin.

Sabrina

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