Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 17: Competencia por el Premio Dorado. Las llamas despiertan

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Capítulo 17: Competencia por el Premio Dorado. Las llamas despiertan

Esa mañana, Touji había estado pensando mucho en el incidente de Cherrygrove, especialmente en el enorme Charizard y su jinete, del cual por algún motivo que él desconocía, deseaba saber su identidad.

Después de muchas jornadas de viaje, finalmente el grupo llegó a un lugar, no era Ecruteak, pero era una señal de que iban por el camino correcto: El Parque Nacional.

-¡Uff! ¡Me estoy cagando de calor! ¿Y ahora donde mierda estamos? –gruñó Touji, abanicándose con la guía de Rika.

-Si no me equivoco, este debe ser el Parque Nacional.

-¿Y ahí que hay?

-Es una reserva de Pokémon, en su mayoría insectos, es un lugar muy lindo, hay muchos árboles, aire puro y por supuesto toneladas de Pokémon insectos listos para ser capturados.

-Qué emoción… –Lo último que Touji quería era entrar en un mini bosque lleno de asquerosos bichos.

-Lamento decepcionarte, pero la única manera de llegar a Ecruteak es pasando por ahí, así que dejá de lloriquear y mové tu quejumbroso trasero –le dijo Shin.

Touji gruñó como si fuera a morderlo. 

-Bueno, entremos porque me estoy asando, además, me fui de la ciudad buscando cosas más tranquilas, ¿qué más puedo pedir? –dijo Harry desperezándose.

Pasaron junto a los guardias a través de las enormes puertas de madera hasta llegar a un recinto atestado de gente, todos parecían entrenadores.

-¿Tranquilas decías? –Le espetó Touji a Harry –¿Y todo esto qué mierda es?

-Miren, acá hay un anuncio –dijo Rika, y los cuatro se amontonaron frente al cartel, Rika lo leyó en voz alta:

-¡Aviso para los mejores entrenadores Pokémon! El día de hoy se celebra el vigésimo octavo concurso de “Atrapa un insecto”. Concurse y gane el fabuloso y preciado “Premio Dorado” y quédese con el Pokémon que logre capturar.

-¡Momento, momento, momento! ¿Premio Dorado? –Touji se relamía gustoso pensando en el fabuloso premio.

-¿Dorado? ¿Será…? 

-¡¡ORO!! –gritaron Touji y Harry al mismo tiempo, con los ojos brillantes de codicia.

-¡Rika, lee más! –exclamó Touji emocionado.

-Si, acá están las bases: Los entrenadores pueden entrar con un solo Pokémon, que es el que deben usar para atrapar al Pokémon insecto más valioso que puedan encontrar. El Pokémon solo será válido si es atrapado por una de las Parkball oficiales del concurso, que se les dará cuando se inscriban.

Hubo un segundo de silencio general, hasta que Touji dijo finalmente:

-Bueno, si voy a ser entrenador al menos que me traiga algún beneficio, ¿no? ¡Voy a entrar!

-¡Yo también! ¡Estoy harto de ser un mantenido! ¡Voy a ganarme ese oro! –Dijo Harry con decisión.

-Qué escandalosos –soltó Shin despectivamente.

-Me parece una buena idea, les va a servir de entrenamiento, y parecen entusiasmados por el premio, vayan a anotarse, Shin y yo vamos a estar viendo.

-¿No quieren entrar? –preguntó Harry.

-Mejor, menos competencia para conseguir el oro –dijo Touji.

-Nosotros vamos hasta las gradas, elijan bien a sus Pokémon, los vamos a ver desde la pantalla, ¡buena suerte! –saludó Rika sonriendo.

Touji y Harry se pusieron en la larga fila. Parecía que habían pasado horas desde que estaban ahí, cuando por fin escucharon el milagroso:

-¡El siguiente!

-¡Si! ¡Soy yo!

-¿Cómo te llamas? –le preguntó uno de los encargados con cara de aburrimiento.

-Soy Touji Watsuki, del Pueblo New Bark.

-¿Qué Pokémon vas a usar?

-Mmm… no lo había pensado, déjenme ver…

-Apuráte boludo, ¡estoy esperando! –le gritó Harry desde atrás.

-¡Callate pendejo mantenido! –Touji recordó la feroz batalla en el gimnasio de Azalea, y le vino a la cabeza el Pokémon perfecto para esta tarea.

-¡Voy a usar a mi Magby!

-Bien, entonces dejame tus otros Pokémon, cuando acabe la competencia te los regresamos.

-Eh… si, acá los tiene –dijo entregándoles sus otras Pokebolas.

-Bueno, toma tu Parkball y buena suerte. ¡El siguiente!

Touji salió al parque, y fue cegado por la luz del sol. Lo sorprendió la cantidad de entrenadores que daban vueltas alrededor del lugar, buscando insectos. Harry salió detrás de él.

-¿Y qué Pokémon elegiste?

-¿A vos que te parece?

-¿Cindy, cierto?

-Sip. Así que esto es el Parque Nacional, es lindo, ¿no?

-Eh… sí, supongo, pero me parece más lindo el premio, prefiero el dorado que el verde.

-Amarrete… –dijo Harry entornando los ojos.

-Pendejo mantenido, vos casi te tragas la lengua cuando escuchaste lo del oro.

-Bueno, no perdamos más tiempo, no voy a asaltar al ganador si se lleva el premio.

-Es verdad, ahora el tiempo es oro.

Touji y Harry se separaron y se adentraron en la espesura.

-A ver, qué bicho puede ser valioso… –pensaba Harry mientras se abría paso a través de las altas hierbas, tratando de ignorar a los molestos mosquitos. En un momento, vio una sombra que saltó rápidamente desde uno de los árboles, Harry se acercó sigilosamente con las dos Pokebolas listas para usarlas.

-Cindy, vamos –le susurró a la Pokebola que se abrió liberando a Cyndaquil.

Escuchó un sonido detrás de un arbusto, tomó a Cindy velozmente, la arrojó al aire y ordenó:

-¡Ascuas!

-¡Quiiil! –chilló la criatura mientras encendía el fuego de su espalda, para luego lanzar su ataque contra el arbusto, que se carbonizó, dejando descubierto al Pokémon escondido.

Harry se acercó con cuidado, listo para arrojarle la Parkball, pero se decepcionó al ver un pequeño Weedle debilitado.

-Es solo un Weedle… esto no parece ser un Pokémon valioso –suspiró Harry decepcionado –bueno, vamos a buscar otra cosa, Cindy.

Después de varios minutos de infructuosa búsqueda, Harry decidió sentarse a la sombra de un árbol, sacó una manzana de su mochila y empezó a comer, cuando de repente escuchó un sonido suave, como de pequeñas pisadas que se acercaban. Sin perder tiempo, le ordenó a Cindy esconderse detrás de un arbusto y se quedó esperando que llegara lo que sea que se acercaba.

Una pequeña criatura oscura, cubierta de pelo, con grandes ojos compuestos y un par de antenas que no dejaban de moverse. Se asomó desde atrás de un árbol y caminó hasta donde estaba Harry, sin duda, atraído por la manzana. No parecía para nada preocupado.

Harry esperó pacientemente hasta que el Pokémon se acercó lo suficiente:

-¡¡Cindy, ahora!!

La Cyndaquil saltó de entre los arbustos arrojándose encima del desprevenido insecto, ambos rodaron por el césped, hasta detenerse al golpearse contra uno de los árboles. El pequeño Venonat sacudió su cuerpo enérgicamente liberando una gran cantidad de polvo amarillento.

-¡No lo aspires! ¡Rápido, salí de ahí!

Cindy se alejó cuanto pudo, salvándose de las esporas, pero Venonat aprovechó el descuido y la embistió con fuerza. La Cyndaquil retrocedió, dolorida, pero contraatacó con otro tacleo.

-¡Ahora, ascuas!

El Pokémon de fuego escupió una lluvia de brazas ardientes sobre el insecto, cuyo oscuro pelaje no tardó en convertirse en un incendio.

La humeante criatura se desplomó.

Harry le arrojó la Parkball con presteza, que se sacudió un par de veces y finalmente, el Venonat fue capturado.

El chico recogió la Parkball felizmente del suelo.

-¡Bien hecho, Cindy! Con esto tenemos una buena oportunidad –Harry iba a guardar a su Pokémon, pero en ese instante la flama de su espalda volvió a encenderse, y creció descomunalmente.

-Cindy… ¿Qué pas-

La respuesta fue inmediata, el cuerpo de su Pokémon comenzó a brillar. Harry miraba emocionado lo que era su primer Pokémon evolucionado.

Ante sus ojos se encontraba una criatura alargada, con flamas brotando de su cabeza y lomo. Su mirada era más intensa que la de la pequeña Cyndaquil, así como su voz.

-Un… una Quilava, Cindy finalmente evolucionó, ¡excelente!

Mientras tanto, en otra parte del parque, Touji caminaba cabizbajo. El hecho de no haber encontrado un solo Pokémon en toda la mañana no ayudaba a subirle el ánimo.

-¡Estoy harto! ¡Este parque es una mierda! ¡Los bichos son una cagada! –estalló por fin, agarró una piedra grande del suelo y la arrojó detrás de un grupo de rocas con todas sus fuerzas.  

Un escalofriante sonido metálico se oyó donde la piedra había caído.

-Ay, ¿qué mierda es eso… ? Espero que no sea un Scy…

Una horripilante criatura marrón con un gran chichón en su cabeza saltó desde las rocas, mirando a Touji furioso.

-¡Wahhh! ¡¿Qué carajo es eso?! ¡¿Por qué estas cosas siempre me pasan a mí?! -Touji corrió espantado y se escondió detrás de un árbol, con el corazón en un puño. Con la esperanza de que el monstruo no lo haya visto, sacó su Pokédex.

«Pinsir, temido y peligroso Pokémon insecto. De gran fuerza física, usa la enorme fuerza de sus pinzas para aplastar a sus enemigos».

No tuvo tiempo de pensar en eso; el árbol comenzó a vibrar y cuando se quiso dar cuenta, este ya no estaba, el Pinsir lo había arrancado de raíz. Touji vio con pavor como el árbol se partía al medio entre sus terribles tenazas.

El entrenador dio unos pasos hacia atrás, aterrorizado, y como por reflejo soltó a Volco.

Los pequeños ojos del Magby se clavaron como dos carbones encendidos en el horrible insecto. Definitivamente iba a disfrutar esto.

El Pinsir se lanzó encolerizado sobre su pequeño oponente, que saltó a un lado con celeridad.

Touji no perdió el tiempo e hizo lo que todo entrenador decidido habría hecho: correr a esconderse tras el árbol más próximo.

-¡Mierda! ¡Si me quedo atrás de este me va a encontrar! Mejor me subo –el chico trepó tan rápido como pudo, preguntándose por qué diablos nadie llegaba a socorrerlo. Desde la parte más alta trataba de seguir la batalla entre Volco y el Pinsir.

El insecto atacaba salvajemente, tan rápido que Volco no podía hacer más que esquivarlo.

Touji gritaba órdenes desde lo alto del árbol, sin mucha utilidad:

-¡Vamos! ¡Atácalo! ¡No te quedes ahí parado sin hacer nada!

Volco aprovechó un segundo libre y usó su puño fuego, hundiéndolo en el estómago del Pinsir, quien falto de aire saltó hacia atrás, sujetándose el vientre. El Magby no perdió el tiempo y continuó asestándole golpe tras golpe al dolorido insecto, hasta que finalmente no pudo soportarlo y cayó de bruces sobre la hierba.

Touji suspiró aliviado, y comenzó a bajar del árbol, pensando felizmente que pronto tendría a un ganador seguro.

Volco se acercó despreocupadamente al Pinsir, felicitándose a sí mismo por tan excelente trabajo. Estaba contemplando su obra cuando, rápidas como un rayo, dos enormes pinzas se cerraron alrededor de su cuerpo como una trampa mortal.

El Pinsir se incorporó, y casi parecía que sonreía burlonamente mientras apretaba brutalmente a su presa, que se debatía con desesperación. Pero las pinzas no lo soltaban, por el contrario, cada vez lo oprimían más, quitándole el aire y las fuerzas.

Touji estaba en un estado aletargado, no reaccionaba, solo observaba la escena desde el pie del árbol, paralizado por el pánico. Finalmente los gritos desesperados de su Pokémon lo hicieron reaccionar:

-¡¡V-Volco!! –corrió tan rápido como le dieron las piernas hasta el lugar de la batalla, por instinto llevó la mano hacia su cinturón, y su desesperación creció aún más al no encontrar una Pokebola para arrojar y acabar con esa despreciable bestia.

Volco sentía que las fuerzas lo abandonaban, ya casi no podía oír, mucho menos ver. Con un último esfuerzo trató de subir la temperatura de su cuerpo para quemar al Pinsir, pero estaba demasiado débil, y no tuvo éxito. Finalmente, perdió el conocimiento.

El Pinsir pareció satisfecho con eso, y lo arrojó contra un árbol.

El primer impulso de Touji fue el de correr a ayudar a su Pokémon, cuando los maliciosos ojos del insecto se clavaron en él.

El chico vio aterrorizado como el desagradable Pokémon se le acercaba, paso por paso, dispuesto a cobrar venganza.

El entrenador pensó en correr, pero no podía hacerlo, no podía abandonar a Volco. Además, dudaba que un humano pudiera correr más rápido que esa cosa. Entonces, hizo algo extremadamente valiente y extremadamente estúpido; tomó aire, y gritó algo de lo que luego se arrepentiría:

-¡¡Vamos bicho asqueroso!! ¡¡Vení si te atrevés!!

Los ojos del insecto relampaguearon, y con una velocidad asombrosa se lanzó sobre Touji, pero antes de que pudiera atacar, o Touji correr, el maltrecho cuerpo de Magby empezó a brillar. 

El chico y el Pokémon se quedaron atónitos viendo como la brillante silueta de Volco cambiaba de forma, hasta alcanzar un tamaño superior al del Pinsir. Cuando la luz blanca se extinguió, reveló la figura de un nuevo Pokémon: un verdadero enviado del infierno, con llamas que ardían y se agitaban furiosamente en todo su cuerpo como una marea de fuego.

Clavó sus intensos ojos sobre el insecto, que empezó a titubear y parecía indeciso. El Pokémon de Touji empezó a avanzar lenta y solemnemente, sin sacarle los ojos de encima al Pinsir.

Touji vio como la hierba se carbonizaba tras sus pasos, dejando un rastro de humo y cenizas tras él.

El insecto finalmente reaccionó y se lanzó de un gran salto sobre Touji, quien se cubrió la cara con los brazos, esperando el golpe. Pero nada ocurrió, Touji abrió los ojos y vio al Pinsir suspendido en el aire, Volco lo tenía sujeto con una mano sobre su cabeza por una de sus pinzas, y el insecto agitaba sus patas inútilmente, pateando el aire. Touji sentía en el rostro el calor que emanaba su Pokémon, golpeándolo como olas. No envidiaba al Pinsir para nada.

Ambos, entrenador y Magmar se miraron unos segundos.

-Adelante -dijo Touji asintiendo con la cabeza.

Volco arrojó al Pinsir hacia arriba, aparentemente sin mucho esfuerzo, después arqueó su cuello hacia atrás y lanzó el lanzallamas más monstruoso que Touji había visto hasta ahora, como un torrente de fuego en el cielo, dándole al Pinsir en pleno vuelo.

El ataque fue tan impresionante que todos los entrenadores que estaban en el parque lo vieron, y algunos se acercaron al lugar.

El Pinsir cayó al suelo, todavía ardiendo. Después de salir de su asombro, Touji le arrojó la Parkball, y por supuesto capturó al Pokémon.

El entrenador corrió a abrazar a su fogoso compañero, pero se detuvo antes de hacerlo.

-No… creo que mejor no, no quiero terminar en el hospital con quemaduras de tercer grado -dijo, rascándose la cabeza. De cualquier manera Volco no parecía del tipo que disfrutara siendo abrazado.

Touji estaba tan emocionado admirando a su nuevo Pokémon que pasó por alto un detalle; en el lugar donde el Pinsir había caído estaba creciendo una pequeña, casi invisible llama.

-Bueno, creo que con este bicho puedo ganar -dijo, arrojando y atrapando la Pokebola repetidas veces mientras caminaba.

Una voz estridente que provenía de los parlantes del parque se oyó:

-¡Atención a todos los concursantes! Les informamos que el tiempo limite para capturar un Pokémon ha terminado, por favor diríjanse a la entrada principal del parque donde juzgaremos al Pokémon que hayan capturado y entregaremos los premios correspondientes.

Touji siguió a los demás entrenadores, que se amontonaban frente a la puerta como hormigas. Cuando todos estuvieron en el recinto, la voz se volvió a oír:

-Fórmense y cuando sea su turno tendrán que liberar a su Pokémon para que sea calificado por nuestros jueces.

Touji buscó a Harry con la mirada, y cuando lo encontró, se abrió paso a los empujones y codazos para llegar a él.

-¡Touji! No te encontraba, ¿cómo te fue?

-Mejor de lo que esperaba, se podría decir que ese premio es mío -respondió con altanería.

-¡Ja! No estés tan seguro, Cindy y yo atrapamos un Pokémon excelente.

-¿Touji? ¿Sos vos? –dijo una voz tímida atrás de él.

Touji se volteó y se alegró de ver una cara conocida:

-¡Tim! ¿Cómo estás? ¿Qué haces acá?

-Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos, allá en Cherrygrove –respondió este.

-Cherrygrove… ¿Cómo está todo allá? –preguntó Touji recordando el trágico incidente.

-Te alegrará saber que las cosas mejoraron mucho. Cuando vos te fuiste con Falkner, yo me quedé unos días más para ayudar en todo lo posible, el proceso de reconstrucción ya se encuentra bastante avanzado, pero todavía falta mucho para que todo vuelva a ser como antes…

Touji y Tim se quedaron en silencio. Harry sentía que se estaba perdiendo de algo.

-¿Y como está mi viejo Totodile? –dijo Tim, tratando de cambiar de tema.

-¡Ja! Te lo mostraría, pero no puedo, Tu querido Totodile ahora es un poderoso Croconaw –dijo Touji orgulloso.

-Me alegra saber que no has perdido el tiempo con él, y supongo que también te interesará saber que hice un buen trabajo con tu Spinarak, que ahora es un adorable Ariados.

-Ah, qué bien… hum… supongo que vos también estás en busca del premio dorado, ¿no?

-Sí, creo que con el Pokémon que atrapé tengo posibilidades.

-Ah, no te presenté. Harry, él es Tim, nos conocimos cuando yo llevaba poco tiempo de ser entrenador. Tim, él es Harry, es un pendejo mantenido que viaja con nosotros.

Tim soltó una risita.

-¡¿Qué dijiste?! –gritó Harry –¡Ya vas a ver! ¡Cuando tenga ese oro ya no vas a poder burlarte de mí!

-¿Oro? –dijo Tim extrañado. Cuando iba a agregar algo, llegó el turno de Harry, que subió a la plataforma donde estaban los encargados del concurso y los jueces.

-Bien y aquí tenemos al participante Harry… -el hombre con el micrófono miró con más atención la ficha de Harry, seguramente buscando un apellido -Harry… ¡Harry! -anunció finalmente -por favor enseñanos al Pokémon insecto que capturaste.

Harry liberó a su Venonat, y miró ansioso tratando de descubrir lo que decían los jueces, que murmuraban y miraban al Pokémon alternativamente.

Finalmente, el hombre habló otra vez:

-Muchas gracias, ¡el siguiente!

Touji subió nervioso a la plataforma y liberó a su Pinsir, que ni bien salió de la Parkball despertó exclamaciones de admiración entre los demás concursantes, lo que abrigó cierta esperanza para Touji.

Después de los murmullos de los jueces, fue el turno de Tim, quien subió a la plataforma tímidamente y liberó a su Pokémon. La criatura que apareció dejó sorprendidos a todos: un Scyther musculoso e impresionante, casi tan grande como el de Bugsy.

Después de bajar de la plataforma, los tres se quedaron hablando y comentando los Pokémon de los demás concursantes, hasta que el último (un bello Butterfree) bajó de la plataforma.

Todos los entrenadores estaban inquietos, esperando que los jueces nombren al ganador.

Después de muchos minutos de excitación, uno de los jueces, que parecía el principal, se puso de pie y habló:

-Muchas gracias a todos por haber esperado pacientemente, hemos seleccionado a los ganadores -tomó una hoja de papel, que leyó en voz alta: -En tercer lugar… -todos tenían la vista clavada en el hombre -¡Harry y su Venonat, que posee una constitución física excelente y un pelaje brillante!
Harry saltó de alegría. Aunque no había ganado, eso era mucho para él. Touji y Tim lo felicitaron y le palmearon la espalda. El juez volvió a hablar:

-Su premio será una baya de oro, una fruta preciada que recupera la energía del Pokémon que la coma -Harry subió a buscar su premio, nervioso.

-En segundo lugar… -continuó el juez, nuevamente, las miradas lo perforaron -¡Touji Watsuki y su impresionante Pinsir! ¡Que demostró ser un Pokémon de fuerza asombrosa y excelente equilibrio! ¡Su premio serán dos bayas de oro!

Touji no podía creerse su suerte, eso era más de lo que esperaba. Corrió a la plataforma a recibir sus premios, tropezando en el camino.

-Y el primer lugar es para… –la expectativa se podía oler en el aire -¡¡Tim Jonson y su fabuloso Scyther!! ¡Sin duda uno de los mejores Pokémon capturados en este parque!

Touji y Harry estallaron en gritos de júbilo y felicitaciones para su compañero, que estaba rojo como un tomate, ya que todas las miradas se volvieron hacia él de inmediato.

-¡Que suerte tenés! –exclamó Touji, con cierta envidia.

-¿Qué vas a hacer con todo ese oro? –preguntó Harry, pensando en la posibilidad de pedir un pequeño préstamo. El juez volvió a hablar:

-Y el premio para nuestro ganador es… ¡¡el fabuloso Premio Dorado!! -Touji y Harry sintieron que se les iban a salir los ojos cuando vieran todo ese oro –Nada menos que la rarísima y preciadísima… ¡Roca Sol!

-¡¿Queeeé?! –gritaron Touji y Harry a la vez –¡¿Y qué pasó con el oro?!

Tim subió a la plataforma y regresó con una extraña roca en las manos: dorada y con forma de sol.

-No sé donde sacaron eso del oro –les dijo Tim encogiéndose de hombros –este es el premio dorado.

Las mandíbulas de Touji y Harry cayeron con un ruido seco.

-¿Y para qué sirve esa piedra? –preguntó Touji, una vez recuperado del shock que le supuso enterarse de que arriesgó su vida por una estúpida piedra.

-La Roca Sol es una roca evolutiva, sirve para evolucionar a ciertos tipos de Pokémon, pero son casi imposibles de hallar, y mucho menos comprar, por eso son muy valiosas.

Antes de que Touji pudiera contestar (probablemente con alguna obscenidad) se escuchó el ruido de las grandes puertas exteriores abriéndose de golpe, uno de los guardias del parque entró jadeando, tratando de decir algo. Tenía la cara y la ropa cubierta de tizne.

Todas las personas dentro del recinto se volvieron hacia él, esperando que hablara. Finalmente, recuperó el aire y gritó a todo pulmón:

-¡¡FUEGO!! ¡Hay fuego en el parque!

La reacción que produjeron estas palabras en todos los presentes fue de pánico total, los entrenadores gritaban y discutían entre ellos acaloradamente, se pudieron escuchar claramente varios «yo me largo a la mierda».

Touji entonces recordó la batalla con el Pinsir, y no pudo evitar sentir una ola de culpabilidad.

El juez se paró sobre una silla y gritó:

-¡Ya basta! ¡El pánico no nos va a ayudar ahora! –la gente no pareció escucharlo, y si lo escucharon, lo ignoraron –¡Es suficiente! ¡¿Y se creen entrenadores Pokémon?! ¡Mírense! ¡Parecen unos conejos asustados! ¡¡Deberían avergonzarse!! –Los entrenadores se callaron de golpe.

–Ahora escuchen, ¡no podemos permitir que el parque se destruya! ¡Vayan con los guardias para que les devuelvan a sus Pokémon, los entrenadores que tengan Pokémon de agua entren para tratar de controlar el incendio mientras llega el escuadrón Blastoise!

Los que no tengan Pokémon que puedan ayudar NO entren al parque, ¿está claro? ¡Bien, vayan!

Los entrenadores no tardaron en seguir las instrucciones. Corrieron a buscar a sus Pokémon y una vez que los recuperaban, los dueños de Pokémon de agua entraban al parque a la carrera.

Una vez que Touji recuperó los suyos, se dirigió a Harry y a Tim:

-Ustedes no tienen Pokémon de agua, así que quédense acá, ¿ok?

-¡De ninguna manera me voy a quedar sin hacer nada, los Pokémon no son los únicos que pueden ayudar! –dijo Harry.

-¡Y yo no me voy a quedar acá viendo cómo se destruye el hogar de tantos insectos!

-Bah, no tiene caso tratar de convencerlos, ¡así que vamos!

Los tres entrenadores dieron media vuelta y se adentraron en ese infierno.

Había fuego por todos lados, y el humo negro impedía a los entrenadores ver pocos metros más allá de sus narices. El cielo a su vez estaba oscuro y cubierto de insectos que huían desesperados en grandes enjambres de lo que hasta hace poco era su hogar.

Los árboles y arbustos crujían mientras eran consumidos por las llamas inevitablemente. Touji vio en diferentes puntos del parque los pequeños brillos plateados que solo podían ser ataques de agua disparados por varios Pokémon.

Sacó a Dandy y le ordenó hacer todo lo posible para apagar el fuego.

-Es mejor si estamos todos juntos -Harry liberó a su Stantler -¡Andá a buscar a Rika y a Shin!

El Pokémon asintió y partió al galope, perdiéndose entre las llamas.

Otro entrenador llegó con una manguera y unos cuantos más con tantos baldes de agua y arena como pudieron cargar.

Después de unos minutos Harry vio llegar a su Stantler, con varias quemaduras, pero básicamente bien, seguido de Rika y Shin-Tao.

-¡Rika! –gritó Touji con alegría, la aparición de Rika le infundía nuevas esperanzas.

-¿Están todos bien? Temí que el incendio los hubiera atrapado –dijo Rika con preocupación.

-¡No hay tiempo para eso ahora! –gritó Shin –rápido, saquen a todos sus Pokémon que puedan soportar el calor y arrojar arena.

-¡Bien! –dijeron todos.

Touji soltó a Kosuke y a Hoho:

-¡Kosuke, tormenta de arena!

Shin liberó a Pidgeotto, a Jolteon, y a Wartortle, que se unió a Dandy y a los guardias del parque con mangueras.

Touji pudo ver como en otras zonas del parque, el fuego iba cediendo lentamente.

-¡Vamos Charly! –gritó Rika.

Los entrenadores ordenaron a Hoho, Pidgeotto, Jolteon y Charly que echaran toda la arena posible sobre el fuego, mientras Harry y Tim pasaban baldes de agua de mano en mano a otros entrenadores.

Las llamas en la zona en que estaban empezaron a disminuir, Rika les daba ánimos, con el rostro bañado en sudor:

-¡Vamos! ¡Ya no falta mucho, no se rindan!

Tanto los humanos como los Pokémon trabajaban a mil brazos, y varios de los monstruos de agua tuvieron que ser reemplazados debido al exceso de inhalación de monóxido de carbono.

-¡Mierda! Las llamas están volviendo a crecer, ¡¿qué hacemos?! –gritó Touji desesperado.

Después de tal vez media hora, ninguno de los Pokémon presentes podía continuar luchando contra el fuego. Agotados y asfixiados por el humo, la mayoría tuvieron que ser regresados a sus Pokebolas, incluyendo a todos los Pokémon de Touji y sus compañeros.

-La situación se está complicando demasiado –dijo Rika preocupada –si sigue así todos vamos a ser devorados por las llamas.

-¡¿Dónde está el escuadrón Blastoise?! –gritó Shin.

Como si lo hubieran oído, un enorme camión irrumpió violentamente en el parque, deteniéndose de golpe cerca de Touji y los demás. La parte trasera del camión se abrió,  dejando bajar a diez Blastoise, encabezados por uno que tenía un pañuelo amarillo en el cuello.

-¡Toooise! –gritaron todas las criaturas a la vez, asumiendo una impecable formación.

Desde la parte delantera del camión se oyó una voz que ordenaba a las bestias:

-¡Tomen posiciones!

-¡Era hora de que llegaran! –exclamó Touji, secándose el sudor de debajo de la barbilla.

-Pero esos no son suficientes para apagar un incendio de este tamaño –observó Shin.

-¡Calma! –gritó el hombre del camión, se bajó de él y señaló hacia arriba con una sonrisa.

A través de las nubes de humo, se pudo distinguir la silueta de un gran Pokémon volador que llevaba algo entre sus garras; soltó una bolsa cargada de Pokebolas, que en cuanto tocaron el suelo se abrieron liberando a no menos de cincuenta Blastoise, que inmediatamente se formaron junto a los demás.

-¡Escuadrón Blastoise! ¡Apaguen el incendio! –les gritó su comandante.

Las enormes tortugas se separaron y se adentraron entre las llamas, haciendo vibrar el suelo. No habían pasado diez minutos cuando el incendio se extinguió completamente, dejando el suelo negro y marchito, humeando como si todo el lugar fuera una chimenea colosal.

Todos los presentes querían festejar el triunfo sobre el incendio, pero la vista de aquel lugar desolado se los impedía. Todo se veía tan… muerto.

Una vez que las cosas volvieron a estar en orden, los entrenadores, guardias, y Pokémon fueron llevados nuevamente al recinto, donde se les dio atención medica a los heridos, tanto humanos como Pokémon, que no eran pocos.

Los Pokémon de Touji, Rika, y Shin quedaron bajo el cuidado de las enfermeras del parque, ya que habían inhalado mucho humo. También los Pokémon insecto que no habían escapado y estaban heridos eran atendidos sin perdida de tiempo.

Después de que todos estaban reunidos nuevamente, uno de los encargados principales del parque llamó la atención de la gente:

-Escuchen todos –dijo en voz alta –antes que nada quiero agradecerles a todos los entrenadores que lucharon contra el incendio valientemente y sin pedir nada a cambio, también quiero decirles que sus Pokémon están siendo atendidos por nuestras expertas enfermeras, así que no se preocupen por ellos –a pesar de los agradecimientos y las buenas noticias no se veía alegría en las caras jóvenes que lo escuchaban atentamente, y el encargado sin duda lo notó –ehem, finalmente quiero comunicarles que… -puso cara de exasperación -¡bueno, bueno! ¡Cambien esas caras! –dijo repentinamente –sé que esto parece muy grave, pero a pesar de las apariencias el daño no fue tan terrible, la mayoría de los Pokémon insecto escaparon y seguramente regresarán cuando todo se normalice. No se perdieron vidas humanas, y ningún entrenador perdió a ninguno de sus Pokémon, y eso es algo por lo que alegrarse –dijo sonriente, pero el discurso no pareció lograr el efecto deseado, así que continuó:

-No se preocupen, el parque pasó por incendios peores que este y se recuperó, ya verán que en menos de seis meses todo volverá a estar como antes.

Los entrenadores parecieron quedarse más tranquilos, pero Touji seguía sintiéndose culpable;

-“Parece que por donde paso siempre pasa algo malo” –pensó desdichado.

Sabrina

La gente anda diciendo...