Made in PAPokémon: El Mundo con Otros Ojos

Pokémon el Mundo Con Otros Ojos – Capítulo 1: The Untested Hero

Disclaimer lavamanos tipo Disney

Esta historia fue escrita desde el 2002 al 2004, por una piba y un pibe que, al comienzo de la historia, tenían 15 años, al igual que el protagonista.
Es probable que cada tanto encuentren chistes o comentarios homofóbicos, machistas, racistas y/o de mierda en general. Básicamente, éramos literalmente nenes y bastante boludes, como la gran mayoría de las personas lo es a esa edad. Esos comentarios NO reflejan la postura actual del staff de PA y francamente, son bastante vergonzosos. Pero decidimos dejar la historia exactamente tal cual fue escrita y no lavarnos las manos de nuestros errores.

 

Disclaimer de los combates

“Sabrina, Ñako, las batallas no tienen sentido, para esto miro el anime y sus Pikachus con armadura dorada, media pila”

Como sabrán si tienen clara su timeline Pokémon, cuando esta historia fue publicada, la generación más nueva de videojuegos era la de Gold, Silver, y Crystal. Y sólo más adelante salieron RSE, ya bastante avanzada la publicación.
Por este motivo les recordamos que:

  • NO existía el split físico / especial. O sea, todos los ataques de hielo eran especiales, y todos los ataques voladores, físicos.
  • NO existían más de la mitad de los movimientos, TMs, etc, disponibles en la actualidad.
  • El daño de los ataques era generalmente mucho menor, y las batallas mucho más largas.

Con estos factores en cuenta, nos esforzamos mucho para hacer los combates Pokémon lo más razonablemente realistas posible con respecto a las batallas que teníamos en nuestras Gameboy (y Netbattle). Por supuesto que esto es una obra destinada a entretener y lógicamente hay licencias artísticas, pero no deberían encontrar ningún giro indignante en las batallas.

 

Capítulo 1: The Untested Hero

Nuestra historia comienza exactamente diez años después del día en que Ash Ketchum, quien en la actualidad se había convertido en una leyenda viviente, salió de su casa en Pallet Town.
El protagonista de esta extraña historia, es un adolescente de quince años, Touji Watsuki.
Huérfano de madre bajo circunstancias misteriosas, y con su hermano, un exitosísimo entrenador Pokémon, desaparecido desde hace un año, Touji vive con su padre en su pequeña casa en el pueblo New Bark.

Todo comenzó en un día como todos… y como ninguno.

Era una mañana serena, en la que la gente simple era feliz con su vida cotidiana: Los adultos despertaban a otra jornada de trabajo, y los adolescentes se lavaban las caras somnolientas para ir al colegio.
Touji dormía a pierna suelta, con la boca abierta y un fino hilo de baba colgando de ella. Acunado por el trino de los Pidgey, todo estaba en calma cuando un fuerte grito lo sobresaltó tanto que casi se cae de la cama:
-¡¡Piiibeeeee!! ¡Se te hace tarde para ir al colegio! ¡No me hagas quedar mal como siempre, hoy tenemos que dejar todo listo para el viaje! –gritó una voz grave y firme, desde otra parte de la casa.
-Si papá, ya voy… –dijo el chico con desgano.

Se levantó medio dormido y a tientas trató de llegar hasta la puerta de su cuarto, pero no vio una silla en su camino y se tropezó con ella, dándose de cara contra el suelo.
Su padre entró a la habitación, mirándolo con el entrecejo fruncido:
-¡¿Pero no podés dejar de ser tan torpe?! –se alejó de la puerta y refunfuñó: -si fuera un poco más como su hermano…

Touji se vistió, se lavó la cara y preparó un escaso desayuno como el de todos los días: tostadas con mermelada de durazno y té con limón, poco minutos después partió hacia la escuela.

Mientras caminaba pensaba en todo lo que le esperaba; felicitaciones y recomendaciones de todo tipo, la mejor comida para llevar durante un largo viaje, donde parar a dormir, que Pokémon evitar y muchos otros consejos que le darían sus amigos, los pocos que tenía, y también las infaltables comparaciones con su hermano mayor, Kosuke.
Todos pensaban que Touji estaba muy emocionado porque al día siguiente iniciaría su “gran” viaje Pokémon. No sabían lo errados que estaban.

La familia de Touji siempre estuvo rodeada de entrenadores de gran nivel, como su madre y su hermano, el cual era apreciado por todos y especialmente admirado, ya que era el mejor entrenador y representante del pueblo New Bark en los torneos y competiciones.
Por ese motivo el padre de Touji lo presionaba mucho para que continuara con el legado familiar, y para su gran alegría, mañana era el día en el que su inútil hijo seguiría los pasos de su hermano.

Pero había un pequeño inconveniente, que la mayoría ignoraba, y ese era que a Touji no le interesaban en lo más mínimo los Pokémon, a los que consideraba «bichos raros». Poco y nada era lo que sabía de ellos, y tampoco tenía deseos de aprender.
Pero el muchacho no quería decepcionar aún más a su padre, y la verdad un cambio en su monótona vida no podía ser tan malo.

En el colegio, para él fue un día como cualquier otro, salvo por el hecho de los infaltables consejos ya nombrados, y los comentarios del tipo: “no sabes la suerte que tenés” y “cómo me gustaría estar en tu lugar”. Aburrido, a Touji los Pokémon le parecían tan aburridos como ir al colegio. O tal vez más.

Pasaba el tiempo, y el momento de irse no parecía querer llegar, después de horas que se le antojaron eternas, finalmente el timbre sonó.
Juntó sus cosas tan rápido como pudo, y para evitar otra avalancha de felicitaciones, saltó un muro del patio de su escuela, y tomó el camino más largo, pero menos conocido para llegar a su casa, solo tenía que seguir por una callejuela vacía y silenciosa, y estaría ahí en poco más de diez minutos.

Caminó un rato pensando en todas las cosas que iban a ocurrir mañana, cuando escuchó voces, parecían de niños, por algún motivo Touji quiso saber de qué se trataba y dobló una esquina siguiendo el sonido, ahí vio a dos chicos de unos once años, uno frente al otro, parecían muy concentrados en algo:
-¡Rattata, embestida!
-¡Pidgey, esquivalo!
Touji tardó un rato en comprender que lo que estaba viendo era un combate Pokémon, sintió curiosidad y se quedó a ver el duelo entre el pajarito y el roedor.
-¡Rattata, cola látigo!
-¡Cuidado Pidgey! ¡Bien! Ahora ¡Ráfaga! –gritó uno de los chicos señalando al Rattata con el dedo.
-Rattata mordis… ¡oh, rayos! –el otro entrenador no acabó la orden cuando vio a su Pokémon caer derrotado frente al Pidgey.
Al ver a los pequeños animalejos, Touji pensó de inmediato:
-“Así que estos son los famosos Pokémon… no veo por qué tanto escándalo por una rata y un pájaro. Bueno, si estos son los Pokémon, deben ser fáciles de entrenar…”
Por supuesto, pronto descubriría lo equivocado que estaba.
-Bien hecho Pidgey –dijo su entrenador, guardándolo dentro de su pokébola.
-No importa Rattata, estuvimos cerca, será la próxima vez.
Ambos entrenadores se saludaron y se marcharon tranquilamente.

Al llegar a su casa, Touji comió lo más rápido posible, no tenía deseos de oír otro repertorio de recomendaciones de su padre, y se fue a dormir temprano, después de todo, mañana le esperaba un día ajetreado.
Esa noche tuvo un sueño muy extraño: Una enorme bestia alada similar a un dragón, volaba junto a él mientras corría por un frondoso bosque de robles, el lugar le recordaba a un bosque cercano a su pueblo.

Touji despertó sobresaltado al oír el grito de todos los días:
-¡Piiibeeee!
Miró el reloj con pereza, era más tarde de lo que debería, pero por algún extraño motivo se sentía muy bien ese día, como si ese sueño le hubiera traído algún recuerdo lejano. Era extraño, pero agradable.
Se vistió, intentó arreglarse el desprolijo cabello negro, y bajó las escaleras antes de que su padre gritara más.
-¡Voy a caminar! –le avisó antes de cerrar la puerta de su casa tras él, dejando a su padre con quejas y cuestiones en el aire.

Caminó bastante, sin ningún rumbo en particular, pero había olvidado un pequeño detalle, hoy era el día que partiría a su viaje Pokémon, cuando lo recordó, el ánimo lógicamente se le fue al suelo; dio media vuelta y emprendió lentamente el camino de regreso a su casa. Sin darse cuenta, se había alejado bastante.
-Idiota -se dijo a si mismo con pesadumbre.

Repentinamente el cielo adquirió un extraño color, un amarillo pálido que no era normal, Touji se quedó mirando el fenómeno, no solían ocurrir cosas anormales en el pueblo, esto era todo un acontecimiento para él. Definitivamente no estaba preparado para lo que ocurrió a continuación: un arco iris de tibias tonalidades apareció sin razón aparente, como un puente de luz multicolor que cruzaba de lado a lado el firmamento.
Tras contemplar aquello un par de minutos, Touji estaba por reanudar su camino, cuando vio algo que lo dejó sin habla:

Surgiendo del centro mismo del arcoiris, una gigantesca ave dorada, más grande que un Pidgeot, más grande que el Pokémon volador más grande que Touji hubiera visto, de plumaje resplandeciente, y destellos rojos y anaranjados que se hacían más notorios a cada batir de sus majestuosas alas de fénix. La criatura voló hacia los confines del firmamento, mostrando una belleza que escapaba de los parámetros establecidos de un simple muchacho de pueblo.
Jamás olvidaría esa visión, y se quedó observando a esa mística criatura como en un mundo aparte, ya que ningún sueño, por realista que fuere, podría alguna vez reproducir semejante espectáculo.
Finalmente terminó, y todo volvió a la normalidad, el cielo recuperó su azul, y el arcoíris se desvaneció como si nunca hubiera existido.

Touji no comprendía muy bien lo que acababa de ver, pero no le importaba, se sentía muy bien.
Después de unos minutos, vio una figura que se acercaba casi corriendo; su padre, seguido de una pequeña multitud:
-¡¿Pero se puede saber dónde te habías metido?! –le gritó, pero Touji seguía pensando en la visión del cielo y el pájaro, y miraba a su padre con los ojos desenfocados.
-¡Eeeh! ¡Despertate pibe! –gritó mientras lo sacudía, exasperado –tenemos que ir al laboratorio del Profesor Elm, ¡hace horas que te está esperando para entregarte tu primer Pokémon!
-¿Ah? ehh, si, bueno –dijo Touji mecánicamente, finalmente recordando cómo hablar.
-Dale vamos –dijo el hombre, dando media vuelta y emprendiendo la caminata.
-¡Es-esperá! –gritó el chico repentinamente, todos se voltearon.
-¿Y ahora qué pasa? –dijo impaciente el padre.
Entonces Touji les contó todo lo que había visto, de principio a fin; el color del cielo, el arcoíris, el ave, todo.
La reacción no fue la que el chico esperaba: No solo no le creyeron, sino que también le reprochaban su falta de seriedad:
-¡Dejate de inventar semejantes excusas!
-Tu hermano nunca nos mentía así, ¿crees que estaría feliz si te viera ahora?
-Muchacho irresponsable…
Touji se sintió estúpido, más que de costumbre, ¿Es que realmente esperaba que le creyeran cuando a él mismo le costaba creérselo?

Cuando finalmente llegaron al laboratorio del profesor Elm, Touji entró, pero los demás esperaron afuera.
Mientras miraba las impecables instalaciones, recordaba sus aburridas lecciones con el Profesor, donde éste en vano trataba de inculcarle conocimientos básicos del entrenamiento Pokémon.

-¡Profesor Elm! Soy yo, Tou…
-¡Shhh! ¡Esperá un poco, ya casi termina! –respondió una voz desde otra parte del laboratorio. Touji pudo oír voces, sin duda provenientes de una TV.
Soltó un suspiro y esperó unos minutos hasta que el Profesor apareció, sonriente.
-Ahh, sos vos Touji, perdoname por el grito, es que no quería perderme el final de mi telenovela… estaba muy emocionante, ¿sabes? -exclamó jovialmente.
-Ah, si, claro… –el Profesor Elm tenía gustos un tanto extraños, la compañía de Oak sin duda lo había perjudicado.
-Ehem, bueno Touji, imagino que estarás acá para recibir tu primer Pokémon, ¿no?
-Si… –respondió con algo de timidez.
-Lamento decirte que hubo un pequeño problema…
-¿Problema? -rápidamente creció en él la esperanza de que no tuvieran más Pokémon, y entonces no tendría que hacer ese estúpido viaje.

-Si, no pude conseguir a los Pokémon principiantes que suelo entregar, pero tengo algo muy especial para vos, muy especial… aunque te lo advierto, este Pokémon no es fácil de entrenar, sin embargo, los resultados que ofrece pueden ser… hum… sorpresivos.
-Pero profe…
-¡No digas nada! Estoy totalmente seguro que vas a poder manejarlo, además, me lo dio para vos alguien muy especial también… -Touji notó un guiño en el profesor -no podés rechazarlo.
-Ok… –Touji recibió la pokébola, era como cualquier pokébola que hubiera visto, escarlata en la parte superior y blanco metálico en la inferior.

-¿Y qué esperas? ¡Abrila! –lo animó el profesor.
Touji presionó el botón de la esfera, que se abrió, y de ella salió una extraña y pequeña criatura envuelta en un resplandor blanquecino, que no tardó en apagarse. Su piel estaba hecha de roca sólida, y sus ojos enseñaban una mirada peligrosa, muy peligrosa. Enseguida el monstruito la elevó hacia quien lo había liberado, sin saber que en ese mismo instante, se habían sellado los destinos de ambos.

Hubo un instante de digno silencio.
-¡¿Y esto qué mierda es?! –exclamó Touji finalmente, apuntando el dedo índice al morro de la criatura. El Profesor Elm tropezó.
-Esto es un Larvitar, ya sé que no parece la gran cosa, pero estoy seguro de que te sorprenderá –dijo sonriente, acostumbrado al vocabulario de su alumno.
-Si usted lo dice… –dijo Touji, mirando desconfiado a su nuevo Pokémon, ciertamente se veía más competente que un Pidgey o un Rattata, pero sus ojos rojos y fríos le causaban una cierta desconfianza.
-Bueno, ahora toma tu pokédex y tus pokébolas –dijo el profesor entregándoselos –adelante, probalo, apuntá el pokédex hacia Larvitar.
Touji se colocó las cinco pokébolas vacías en el cinturón, y apuntó a Larvitar con el pokédex:

«Larvitar, Pokemon piel de roca: Este Pokémon tipo roca/suelo es muy resistente a la mayoría de los ataques físicos, a pesar de su pequeño tamaño su peso puede alcanzar los 60 kilogramos. Es una criatura solitaria que en estado salvaje rechaza la compañía de humanos y de otros Pokémon, por lo que su hábitat se encuentra restringido a las cuevas más apartadas y peligrosas del mundo.»

-Aha, muy interesante, si –dijo Touji, sarcástico -¿Qué mejor compañero para un largo viaje que una piedra antisocial?
El profesor Elm se aclaró la garganta. Touji guardó sus cosas y se preparó para salir.

-Bueno, ya tengo que irme, muchas gracias por todo, en verdad aprecio que haya tratado de enseñarme, aunque… sin resultados.
-Cuidate muchacho, y contá conmigo para cualquier cosa, sabes que si tenés problemas siempre podés regresar.
-¡Nos vemos profe! –Touji estaba saliendo con su Pokémon a su lado, cuando la voz del profesor lo detuvo.
-Esperá, ¿no le vas a poner un nombre? –preguntó señalando al Larvitar.
-No, Larvitar está bien.
Touji saludó con la mano y salió del laboratorio.
Afuera, todos estaban esperándolo, pero cuando salió, se quedaron mirando con perplejidad y hasta decepción al Pokémon que lo acompañaba:
-¿Ese es tu Pokémon? –le preguntó alguien –¿y donde está Totodile?
-Bueno, no tenían… –contestó Touji rascándose la cabeza.
-¿Y qué pasó con Chikorita y Cyndaquil? –preguntó otro.
-No tenían…
-¿Y por qué no elegiste otro Pokémon?
-Porque no tenían. –respondió el muchacho empezando a cansarse, pronto notó que alguien faltaba:
–¿Alguien vio a mi padre? –preguntó buscándolo con la mirada entre la gente.
-Yo no lo vi……
-¡Ey! ¿Alguien vio al padre de Touji?
-No… ¿dónde se habrá metido?
El chico guardó silencio unos segundos.
-Bah, no importa –dijo, tratando de sonar indiferente –Ya es hora de irme, ¡Adiós a todos!
-Adiós Touji, ¡Cuidate!
-¡Buena suerte!
-¡Espero que te conviertas en un gran entrenador!
-¡Seguí los pasos de tu hermano! –así lo saludaba la gente, y a Touji casi le dio pena irse.

Llegó a la salida del pueblo y respiró profundamente, Larvitar seguía parado a su lado.

-Bien, ahí vamos.

Comenzó su marcha por la Ruta 39, que lo conduciría a Cherrygrove, pero antes de que pudiera avanzar mucho, un grito familiar lo detuvo:

-¡¡Pibeee!! –su padre llegaba corriendo con él –¡Pero que boludo que sos! ¿No te estás olvidando de algo importante?
Ante la expresión confusa de Touji, le arrojó su mochila con todo lo que necesitaba para el viaje.
-¿Viniste solo para darme la mochila? –preguntó Touji, colgándosela del hombro.
-No, vine a ver a tu nuevo Pokémon, ¿que no es obvio?
-Si, claro –dijo algo desanimado –acá lo tenés, es un Larvi… mmm… bueno, algo así –Touji le señaló a su Pokémon.
-Es un Larvitar –dijo el hombre, mirándolo sorprendido –¿y qué pasó con Chiko……
-¡¡No tenían!! –gritó Touji, ya harto.
-Ya veo, y ¿como se llama?
-No le puse nombre, es un Pokémon, no una mascota -respondió el entrenador con cierto desprecio en la voz.
-Entiendo… realmente no tenés deseos de comenzar este viaje, ¿no?
-Bueno……
-Sabes, una persona me dijo una vez: “Si no te doblas te vas a partir, aunque a menudo pienses que sos vos, lo que tenés que pensar es nosotros”
Touji lo miró confuso:
-¿Qué quiere decir?
-Si te lo dijera, no aprenderías nada -replicó el padre.
-¿Y cuál fue la persona que te lo dijo?
-Tu madre, y ella se lo dijo a Kosuke cuando salió de viaje, hace ya muchos años, también te lo hubiera dicho a vos, pero hoy esa parte me toca a mi.
-¿Y entonces…?
-¡No jodas más pibe! ¡Se acabaron las preguntas! –El hombre dio un largo suspiro –es hora de que empieces tu viaje Pokémon.
Touji no pareció conformarse, pero accedió.
-Entonces… me voy…
-Bien.
-Bien.
-Adiós –dijeron los dos al unísono.
-No te mandes ninguna cagada –le dijo el padre.
-No lo haré, vamos Larvitar –Touji se adentró en la maleza, mientras el Pokémon de roca lo seguía, como un autómata.

En un momento el chico se detuvo, se volteó repentinamente y le gritó a su padre:
-¡Papá! Su nombre será… ¡¡Kosuke!!
El hombre sonrió:
-¡Ja! Buena elección… adiós… ¡hijo!

Y así, Touji comienza su extraño viaje Pokémon. En busca de una respuesta más que en busca de medallas. En busca del famoso “nosotros”.

Sabrina

La gente anda diciendo...